viernes, 13 de marzo de 2015

“Precesión de los Equinoccios”



“Precesión de los Equinoccios” 
por Arnaldo Víctor Pozzi

En Astronomía, al estudiarse los diversos movimientos terrestres, se identifican entre otros: a) el movimiento de Nutación, que es generado por la incidencia gravitacional de la Luna en la órbita terrestre (provocando leves alteraciones en la misma y que está vinculado íntimamente con el giro de los Nodos Lunares), y b) el denominado Precesión de los Equinoccios, movimiento que provoca sobre el globo terrestre un efecto similar al de un trompo respecto de su eje de rotación. Respecto de este último, a efectos ilustrativos de la inclinación del eje de la Tierra (de poco más de 23º respecto del plano de traslación alrededor del Sol), puede observarse el sencillo gráfico siguiente:
 
Se puede ver que el eje de la Tierra está inclinado arriba hacia la izquierda. Pero resulta que –al igual que un trompo o una perinola que al girar va "tambaleándose" sobre su eje, manteniendo casi el mismo grado de inclinación- así también el eje terrestre irá rotando como un trompo, en forma tal que al cabo de alrededor de 12900 años (luego de un continuo y regular desplazamiento) quedará inclinado arriba pero hacia la derecha, y así sucesivamente luego de otros 12900 años aproximadamente (culminando un año sideral) volverá a estar inclinado hacia la izquierda, continuando nuevamente ese ciclo hasta que otros fenómenos futuros cambien tal esquema.
 
Es decir, que un "giro" completo del trompo cósmico terrestre dura alrededor de 25765 años (1) que es el resultado de multiplicar 12 por 2150 años aproximadamente. Dichos 2150 años coinciden con la duración de cada Era astrológica. Por tal motivo, "en forma aparente" el 21 de marzo de cada año (que coincide astronómicamente con el punto vernal donde la Eclíptica cruza el Ecuador) el Sol cruza asimismo tal punto –en su camino hacia el Norte- con un leve
desplazamiento hacia atrás respecto del año anterior (de allí lo de PRECESIÓN). Este suceso es lo que identifica el comienzo de cada nueva era astrológica y genera también la diferencia entre el Zodíaco Astronómico o Natural y el Zodíaco intelectual –utilizado por la Astrología Occidental de todas las corrientes-, pero no siempre bien comprendido entre los astrólogos no espirituales.  
 
Es que lo más importante de este proceso cósmico ha sido tenido en cuenta por enseñanzas ocultas de todos los tiempos y de todas las religiones, para identificar momentos evolutivos de la humanidad terrestre. En especial en los textos bíblicos, es notable encontrar, por ejemplo: a) la idolatría del becerro de Oro en la Era de Tauro precristiana; b) el Sacrificio del cordero y luego el Cordero de Dios que quitó los pecados del Mundo, ya en la última parte de Aries y en oportunidad del advenimiento del Cristo; c) la elección de los Pescadores de hombres como así se identificaron los primeros cristianos para iniciar la Era de Piscis -además de la forma de cola de pescado del atuendo que llevan en la cabeza los obispos católicos actuales- y d) la mención del Hombre con el cántaro de agua en su hombro, que mencionó y profetizó Jesucristo antes de su última Cena, refiriéndose a la nueva Era de Acuario por venir.


Cabe recordar que las Eras evolutivas del Planeta Tierra están identificadas dentro de las Épocas que menciona Max Heindel en el Concepto Rosacruz del Cosmos cuando clasifica los momentos evolutivos de la Tierra durante el transcurso del cuarto globo de la cuarta revolución del cuarto Gran Período o Día de manifestación (2), período éste denominado en la enseñanza rosacruz como Período Terrestre.  
 
Este cuarto globo se subdivide evolutivamente en siete lapsos conocidos esotéricamente como Épocas Evolutivas, a saber: Época Polar, Época Hiperbórea, Época Lemúrica, Época Atlante, Época Aria (nuestra Época actual o quinta época), Época de la Nueva Galilea (que se iniciará al finalizar la Era de Acuario) y finalmente la Séptima Época que sellará el destino de la humanidad en su derrotero hacia su posterior Manifestación ya en el plano correlativo superior o Plano Etérico.
 
En consecuencia, nuestro actual y familiar Planeta Tierra es justamente la expresión concreta en el plano físicoquímico del precitado cuarto globo, y si revisamos el Diagrama aludido anteriormente observaremos que corresponde al más denso o “bajo” globo o la más densa o material manifestación de la humanidad terrestre dentro de su esquema evolutivo completo.  
 
En esto radica justamente el mayor peligro de la humanidad en general y de los humanos terrestres en particular, individual o grupalmente, y que consiste en quedar demasiado apegado a tal plano material y que pueda representarle una pesada carga que impida su normal evolución ulterior. Todas las escuelas iniciáticas de todos los tiempos están destinadas a dar los lineamientos básicos imprescindibles para permitir que la oleada de vida respectiva pueda atravesar esos “puntos peligrosos” de retrogradación –que en el específico caso del Planeta Tierra se identifica como “Los dieciséis Senderos de Destrucción” (3)- en la forma más idónea y en consonancia con la sabiduría cósmica divina,
valiéndose a tales fines de leyes inmutables, entre las cuáles, las leyes de la ciencia de la Astronomía son parte íntimamente involucrada.
 
Así, en nuestro actual esquema de desarrollo del planeta Tierra, el denominado movimiento de precesión de los equinoccios, obedeciendo a tales leyes inmutables, es semejante a un instrumento útil para trazar lo que podríamos denominar “un Gran Calendario Evolutivo de las oleadas de Vida Terrestre”, y que identifica los estados de conciencia en cada caso.  
Como ejemplo, podemos mencionar que la Cuarta Época o Atlante, finalizó con la Era de Tauro (es decir, el Sol terminaba de atravesar en forma aparente el Ecuador un 21 de marzo por última vez en el Signo de Tauro y desde entonces pasaría ya en el futuro a hacerlo a través del signo de Aries). Pero no se trata de reconocer simplemente un nombre alegórico, sino también, el identificar a través de las características propias de tales fuerzas zodiacales particulares las condiciones evolutivas imperantes: Tauro, signo de Tierra, implicó la necesidad del desarrollo de lo material en su máxima expresión, para lo cual los Atlantes fueron iniciados en las Artes y Ciencias del plano material y las religiones de entonces no podían ser sino religiones individualistas y sectaristas del Poder y del Miedo.  
 
Y todo ello justamente para lograr el más grande logro de todos los logros posibles para un espíritu evolucionante, que era el logro de la Individualidad, luego de extensísimos eones de lenta evolución, dependiente de las Jerarquías superiores guiadoras. Llegó así a la Época Aria y la Era de Aries (primera de las tres Eras integrantes de la Época Aria:
Aries, Piscis y Acuario), La de Aries fue la Era de inauguración de la Individualidad, de la simiente de la Religión Universal y del inicio de la Independencia de los Espíritus regentes o de Raza, Era de la primera llegada del Divino Cristo como espíritu morador interno del planeta y a partir de lo cual, todo ser humano puede INICIARSE en el RETORNO ASCENDENTE CONSCIENTE hacia la unidad con su Creador en planos de existencia más elevados. El Cristo vino a impulsar e impartir ese proceso de Iniciación a través de la Ley del Amor desinteresado e inegoísta. Por tal razón, el servicio amoroso al prójimo es clave para la evolución actual, individual y colectivamente para toda la humanidad.

(1) Dicc. Enciclopéd  Sopena – Tomo III- Barcelona 1974
(2) Ver Diagrama nº 8- Concepto Rosacruz del Cosmos – Capítulo VII: El Camino de la Evolución

Conferencia dentro del marco de 3er Encuentro Rosacruz Americano
Santa Fe de la Vera Cruz  (R. A)  16 y 17 de Agosto de 2008

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