jueves, 16 de mayo de 2013

SERVICIO DEL TEMPLO, DE LA FRATERNIDAD ROSACRUZ, TAL COMO SE CELEBRA, CADA DOMINGO, EN EL CENTRO MAX HEINDEL DE MADRID






SERVICIO DEL TEMPLO, DE LA FRATERNIDAD
ROSACRUZ, TAL COMO SE CELEBRA, CADA DOMINGO, EN
EL CENTRO MAX HEINDEL DE MADRID

1.­ Se empieza cantando el Himno Rosacruz de Apertura.

2.­ A continuación, con el fin de purificar y armonizar los todos los vehículos de todos los presentes, el oficiante lee lo siguiente:

El Padrenuestro
El Padrenuestro, según nos dice Max Heindel en “El Concepto
Rosacruz del Cosmos”, es como una fórmula algebraica, abstracta, para el mejoramiento y purificación de todos los vehículos del hombre. Su discípula, Corinne Heline, dice también en su obra “El Misterio de los Cristos”, que el Padrenuestro es un mantra de tremendo poder cuando se emplea correctamente, y que con él puso fin Cristo a la divina ceremonia de la Última Cena.

Empezaremos con una breve explicación extraída también de Max
Heindel:
“El aspirante a la vida superior realiza la unión entre las
naturalezas superior e inferior por medio de la Meditación sobre asuntos elevados. Esa unión queda más cimentada después, mediante la Contemplación. Y ambos estados son trascendidos mediante la Adoración, que guía al espíritu hasta el mismo trono de Dios”.
“El Padrenuestro pone la Adoración en primer lugar, a fin de
alcanzar la exaltación necesaria para elevar una petición que represente las necesidades de los vehículos inferiores. Cada aspecto del Triple Espíritu, comenzando por el inferior, se pone en adoración del aspecto correspondiente de la Deidad. Y, cuando los tres aspectos del Triple Espíritu se han colocado ante el Trono de la Gracia, cada uno expresa la oración apropiada por las necesidades de su contraparte material, uniéndose luego los tres para formular la oración por la mente”.

Comienza el Padrenuestro con la Introducción, que lleva consigo
la indicación del destinatario, la Deidad:


(Decimos todos): PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL

CIELO.


Ahora, el Espíritu Humano adora a su contraparte el Espíritu

Santo, Jehová, y dice:
(Decimos todos): SANTIFICADO SEA TU NOMBRE.


A continuación, el Espíritu de Vida se postra ante su contraparte,

el Hijo, Cristo, diciendo:
(Decimos todos): VENGA A NOSOTROS TU REINO.


Y el Espíritu Divino se arrodilla ante su contraparte, el Padre, y

dice:
(Decimos todos): HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA
COMO EN EL CIELO.


Es ahora el mismo Espíritu Divino, el más elevado de los tres

aspectos del Triple Espíritu, quien pide al más elevado aspecto de la
Divinidad, el Padre, por su contraparte, el Cuerpo Denso, diciendo:
(Decimos todos): DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA
DÍA.


El segundo aspecto del Triple Espíritu, el Espíritu de Vida, ruega a

su contraparte superior, el Hijo, por su contraparte inferior, el Cuerpo Vital, asiento de la memoria, y dice:
(Decimos todos): PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO
TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS
OFENDEN.


Y el aspecto inferior del Triple Espíritu, el Espíritu Humano,

presenta su petición al aspecto inferior de la Deidad, el Espíritu Santo, por el más elevado de los tres cuerpos, el Cuerpo de Deseos, el gran tentador, pidiendo:
(Decimos todos): NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN.


Por último, los tres aspectos del Triple Espíritu se unen para

formular, al unísono, la más importante de las oraciones, el ruego por la Mente, sede del discernimiento, para que no se una al Cuerpo de Deseos, sino que se le imponga, y piden:

(Decimos todos): LÍBRANOS DEL MAL.


Y, como colofón, pensando en la amalgama de los cuatro

elementos, Fuego, Aire, Agua y Tierra, que se habrá producido en el hombre al final del Período Terrestre, terminaremos con la palabra que la simboliza:
(Decimos todos): AMÉN.


El oficiante dice:

Recemos, seguidamente, todos juntos el Padrenuestro:
Los asistentes rezan a coro el Padrenuestro, tratando de hacerlo
consciente y científicamente.


3.­ El oficiante descubre el Emblema y se apagan las luces, excepto la que ilumina a aquél y la que sirve para la lectura del Servicio.



4.­ El oficiante lee, en voz alta, el siguiente Servicio del Templo de la Fraternidad Rosacruz:



Mis queridos hermanas y hermanos:

Una vez más, nos hemos retirado del mundo material para
reunirnos, en cónclave espiritual, en el templo viviente de nuestra propia naturaleza interior. Como símbolo de este retiro del mundo visible, hemos oscurecido nuestra sala de reunión.
Buscamos la luz espiritual siguiendo la línea de las Enseñanzas
Rosacruces y, por ello, fijamos reverentemente nuestra mirada en la
Cruz de Rosas, mientras escuchamos el Saludo Rosacruz:


“Mis queridos hermanas y hermanos: Que las rosas florezcan en

vuestras cruces”.


Todos los asistentes responden: “Y en la tuya.”



El oficiante continúa leyendo:

Un solo trozo de carbón no arde pero, cuando se juntan varios, el
fuego, latente en cada uno de ellos, puede convertirse en llama y emitir luz y calor. Obedeciendo a esta ley de la naturaleza, nos hemos reunido aquí con el fin de sumar nuestras aspiraciones espirituales y encender y mantener viva la antorcha del verdadero compañerismo espiritual, que es el bálsamo de Galaad, la única panacea para el dolor del mundo.

La Biblia la dieron al mundo occidental los Ángeles del Destino,
que están por encima de todo error y proporcionan a todos y a cada uno lo que necesita para su desarrollo. Si buscamos la luz en ella, pues, la encontraremos.
Leamos algunos párrafos de la Primera Epístola de San Juan y de
las cartas de San Pablo a los Corintios y a los Filipenses, cuyo tema es la fraternidad:


“Dios es luz; si caminamos en la luz, como Él, que está en la luz,

tendremos comunión unos con otros. El que ama a su hermano está en la luz pero, el que odia a su hermano está en tinieblas y no sabe adónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”.
“No amemos sólo de palabra, ni de boca para fuera, sino de hecho
y en verdad… porque, aunque yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tuviese amor, sería como metal que, simplemente, resuena, o címbalo que, simplemente, retiñe; y, aunque poseyera el don de la profecía y comprendiese todos los misterios y toda la ciencia; y, aunque tuviera toda la fe, hasta el punto de poder trasladar los montes, si no tuviera amor, nada sería. Y, aunque diera todos mis bienes a los pobres y, aunque me dejase quemar vivo, si no tuviese amor, de nada me serviría”.
“El amor es paciente y amable; no es envidioso; no se jacta ni se
engríe; no es indecente ni egoísta; no es susceptible ni mal pensado; no simpatiza con la injusticia, sino con la verdad; siempre disculpa;
siempre confía; siempre espera; todo lo soporta”.
“El amor es inagotable. Pero los dichos inspirados y el saber,
pasarán. Porque nuestro saber es limitado y limitada es nuestra
inspiración y, cuando llegue lo perfecto, lo limitado desaparecerá.
Porque, ahora vemos confusamente, como a través de un cristal oscuro pero, entonces, veremos directamente. Ahora sólo conocemos en parte pero, entonces, conoceremos tal como somos conocidos. De modo que sólo quedarán la Fe, la Esperanza y el Amor. Y, de los tres, al más grande es el Amor”.

“Si nos amamos mutuamente, Dios está en nosotros y Su amor es
perfecto en nosotros. Dios es Amor y, quien permanece en el Amor,
permanece en Dios y Dios en él. Pero el que diga: “Yo amo a Dios”, mientras odia a su hermano, está mintiendo porque, quien no ama a su hermano a quien está viendo, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y éste es, precisamente, el mandamiento que de Él recibimos:


Que quien ama a Dios debe también amar a su hermano”.



“Si buscamos algún consuelo en Cristo, si algún alivio en el amor

mutuo, si existe solidaridad espiritual, nadie se preocupa
exclusivamente por lo suyo, sino que todos miran también por los
demás. Adoptad la misma actitud que adoptó Cristo que, a pesar de Su condición divina, no exigió ser considerado como Dios, sino que asumió la condición de servidor, haciéndose uno de tantos. Y, presentándose como simple hombre, se rebajó y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios lo encumbró sobre todo y le concedió un nombre que sobrepasa todo título de modo que, ante el nombre de Cristo Jesús, toda rodilla se doble y toda boca proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
Mis queridos hermanas y hermanos: Esforcémonos por seguir el
ejemplo de Cristo y vivir al máximo su definición de la grandeza, que dice: “El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”.
El servicio amoroso y desinteresado que prestamos a los demás es
el camino más corto, más seguro y más gozoso hacia Dios.
El conocimiento de la unidad fundamental de cada uno con todos,
la fraternidad espiritual, es la realización de Dios. Para alcanzar esta
realización, procuremos olvidar, cada día, el aspecto, frecuentemente poco atrayente, de nuestro prójimo, e intentemos servir a la divina esencia en él escondida. Eso constituye la base de la fraternidad.
Ahora, guardemos silencio todos y concentrémonos, durante unos
instantes, sobre el significado de este Servicio, emitiendo y
concentrando en el Emblema, pensamientos de amor impersonal.


5.­ Después de la concentración, el oficiante cubre el Emblema, se encienden las luces y se da principio al tema o plática, que debe ser pronunciada, a ser posible, por un miembro del sexo opuesto al del oficiante.


6.­ Plática.
7.­ Concluida la plática, el oficiante vuelve al estrado, descubre el Emblema y lee lo siguiente:


Oración Rosacruz

No pedimos más luz, oh Dios, sino ojos para ver la que ya existe;
ni cánticos más dulces, sino oídos para percibir las melodías actuales; no pedimos más fuerza, sino cómo utilizar la que ya poseemos; ni más amor, sino habilidad para convertir el ceño en sonrisa; no pedimos más gozo, sino apreciar a nuestro alrededor su radiante presencia, para compartir con otros lo que ya tenemos de valor y alegría; no pedimos más dádivas, amado Dios, sino juicio para hacer el mejor uso posible de los dones preciosos que ya hemos recibido de Ti. Haz que dominemos todos los temores, que conozcamos todas las alegrías, que seamos los buenos amigos que deseamos ser; que divulguemos la verdad que conocemos; que amemos lo puro, que busquemos lo bueno, que elevemos con nuestro poder a todas las almas para que vivan en armonía
a la luz perfecta de la libertad.


8.­ El oficiante continúa:



Servicio de Curación de la Fraternidad Rosacruz



“Mis queridos hermanas y hermanos: Que las rosas florezcan en

vuestras cruces”.
Todos los asistentes responden: “Y en la tuya”.


El oficiante lee:

Es nuestra costumbre reunirnos aquí, una vez por semana, con el
propósito de poner en práctica el segundo mandamiento de Cristo: Curar al enfermo.

Un solo trozo de carbón no arde pero, cuando se juntan varios, el
fuego, latente en cada uno de ellos, puede convertirse en llama y emitir luz y calor.
Estamos ahora juntando nuestros carbones en un esfuerzo por
generar pensamientos de ayuda y curación y por enfocarlos en una sola dirección, para ponerlos así a disposición de los Hermanos Mayores de la Orden Rosacruz, en su benéfica labor en favor de la Humanidad.
Si deseamos ser verdaderos ayudantes en la obra que los
Hermanos Mayores han iniciado, debemos hacer de nuestros cuerpos instrumentos adecuados: debemos purificarlos por medio de una vida pura pues, así como un vaso sucio no puede contener agua pura y saludable ni una lente manchada puede dar una imagen precisa, tampoco puede ser enviada energía curativa pura y fuerte desde aquí, a menos que conservemos nuestras mentes y cuerpos puros y limpios.
Es un privilegio estar aquí en medio de todos estos pensamientos
de amor y de oración y ofrecernos nosotros mismos como canales para recibir y liberar la fuerza curativa que viene directamente desde el Padre. Pero, antes de que esta fuerza pueda ser transmitida, debe haber sido generada; y, para hacer esto eficazmente, debemos comprender con exactitud en qué consiste este método.
No es suficiente que conozcamos, de un modo vago, la existencia
de la enfermedad y el sufrimiento en el mundo, ni que tengamos un
deseo vago y poco concreto de ayudar a mitigar ese sufrimiento, bien sea corporal, bien mental. Hemos de hacer algo concreto para conseguir nuestro objetivo.
La enfermedad puede decirse que, realmente, es un fuego; el fuego
invisible, que es el Padre, esforzándose por disolver los condiciones
cristalizadoras que hemos acumulado en nuestro cuerpo.
Es fácil reconocer que la fiebre es un fuego. Pero, es que también
los tumores, los cánceres y todas las demás enfermedades, son efecto de ese fuego invisible que trata de purificar el sistema y librarlo de la situación a la que lo hemos conducido al infringir las leyes de la naturaleza.
Esa energía que trata de limpiar lentamente el cuerpo, puede ser
multiplicada mediante la adecuada concentración ­ eso es la oración ­
siempre que cumplamos los requisitos para ello exigidos.
Para explicar en qué consisten esos requisitos, tomaremos la
tromba marina como ejemplo: Generalmente, en el momento en que se produce, el cielo pende muy bajo sobre el agua, hay en el aire una tensa sensación de depresión o concentración y parece como si, gradualmente, un punto del cielo se combase hacia las aguas, al tiempo que las olas se elevan, hasta que, ambos, cielo y agua se unen en vertiginosa vorágine.
Algo similar sucede cuando, una o varias personas, oran
fervorosamente. Cuando alguien suplica intensa y sinceramente a un poder superior, su aura forma como un canal, parecido a la mitad inferior de la tromba, que se eleva en el espacio a una gran distancia y, al estar en sintonía con la vibración crística del mundo interplanetario del Espíritu de Vida, hace descender de allí una fuerza divina que envuelve a la persona o personas en cuestión y anima la forma de pensamiento que han creado. Como consecuencia de ello, se cumplirá el objeto se sus súplicas.
Téngase presente, sin embargo, que la oración y la concentración
no deben constituir un frío proceso intelectual. Se necesita determinada dosis del sentimiento apropiado para lograr el objetivo deseado. Y, si dicha intensidad de sentimiento no está presente, el objeto de la súplica no se realizará. Éste es el secreto de todas las curaciones milagrosas de que se tiene noticia: La persona que oraba estaba poseída de intenso fervor; todo su ser se hallaba absorto en el deseo por cuya realización oraba, de modo que acababa elevándose a sí misma a los reinos de lo divino y trayendo consigo la respuesta del Padre.
Concentrémonos ahora sobre el Emblema Rosacruz, situado en la
pared:
La rosa pura y blanca simboliza el corazón del Auxiliar Invisible;
las rosas rojas, su sangre purificada; la cruz blanca, su cuerpo; y la
estrella de oro, el dorado Vestido de Bodas que se teje mediante una vida pura.
Liberemos, mediante nuestras oraciones al Padre, que es el Gran
Médico, la fuerza de curación que nos permita llegar a quienes han
pedido nuestro auxilio y a quienes, deseándolo, no han podido

solicitarlo. Pongamos en esta oración toda la intensidad de sentimiento posible, con el fin de formar, verdaderamente, un canal que haga descender la divina energía procedente del Padre.
Hay, sin embargo, un gran peligro en el mal uso de este
maravilloso poder; por ello, debemos matizar siempre nuestras súplicas por los demás con las palabras de Cristo: “Que no se haga mi voluntad, sino la Tuya”.
Concentrémonos ahora durante unos minutos sobre la Curación,
emitiendo y enfocando en el Emblema pensamientos de amor y
curación”.
Pausa. El oficiante se sienta durante unos minutos. Luego seguirá:
Ahora, dejaremos en manos de Cristo, de los Hermanos Mayores y
de los Auxiliares Invisibles la fuerza de curación que hemos liberado, para que la empleen donde más  se necesite.


9.­ El oficiante continúa:






Meditación sobre la paz mundial



“Mis queridos hermanas y hermanos, que las rosas florezcan en

vuestras cruces”
Todos los asistentes responden: “Y en la tuya”.
El oficiante lee:
Existe una única fuerza en el universo: La fuerza de Dios, que Él
lanzó al espacio en forma de Verbo, que no es una simple palabra o
sonido, sino un Fiat Creador. Ese Fiat Creador transformó los millones y millones de átomos en estado caótico, en figuras y formas que van, desde la estrella de mar hasta la estrella de los cielos, desde el microbio hasta el hombre. De hecho, en todas las cosas y seres que constituyen y pueblan el universo. Las sílabas o tonos de ese Verbo Creador van siendo emitidos, uno tras otro, a lo largo de las eras, dando lugar a nuevas especies y haciendo evolucionar las anteriores. Y todo ello, siguiendo fielmente el pensamiento y el plan concebidos por la Mente Divina, antes de que esa efusión dinámica de energía creadora fuese dirigida a los abismos espaciales.

Dios es la única fuente de poder y en Él, real, verdadera y
literalmente, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. No fue,
pues, un mero sentimiento poético el que hizo exclamar al salmista:


“¿Dónde me esconderé de Tu espíritu?



¿Adónde huiré de Tu presencia?



Si asciendo a lo alto de los cielos, allí estás Tú.

Si preparo mi lecho en la tumba, allí te encuentras.
Si, en alas de la aurora, voy a habitar en lo más alejado del mar,
también allí me conducirá Tu mano y Tu diestra me sostendrá”.
Todos conocemos el poder del pensamiento dirigido a un
propósito determinado. Unamos, pues, nuestros pensamientos a los de todos los amantes de la paz, mientras formulamos la siguiente plegaria:


“Padre celestial, de acuerdo con Tu voluntad, que el principio

Amor Sabiduría del Poder Divino erradique la discordia y establezca
la armonía y la paz universales en los corazones y en los asuntos d
ellos hombres”.


El oficiante lee después la



Admonición de Despedida:



Y ahora, mis queridos hermanas y hermanos, al partir para entrar

en el mundo material, hagámoslo con la firme resolución de exteriorizar en nuestra vida diaria estos elevados ideales espirituales, de modo que, cada día, nos hagamos más dignos de ser empleados como canales conscientes en la obra bienhechora de nuestros Hermanos Mayores al servicio de la Humanidad.



El oficiante cubre el Emblema.


Los presentes cantan el
Himno Rosacruz de Clausura


* * *



*






No hay comentarios:

Publicar un comentario