jueves, 5 de julio de 2018

Cómo cuidar a los trabajadores del sistema nervioso - Capítulo 18


CAPÍTULO 18 
CÓMO CUIDAR A LOS TRABAJADORES DEL SISTEMA NERVIOSO 

En La construcción del Templo del cuerpo humano, lo más importante consiste en mantener saludables a todos los pequeños trabajadores, muy especialmente a las células cerebrales. Seguramente sabrás que si faltan los gerentes en una empresa, se crea una gran confusión y el trabajo se retrasa e inclusive se interrumpe. Las células del sistema nervioso son las responsables de la fuerza de trabajo del Templo, ellas controlan cada músculo y cada órgano. Si se corta un nervio o un músculo, separados de su propio centro neurálgico de control, estos dejan de funcionar y se atrofian. Si las células nerviosas no se nutren y entrenan en el camino o si no descansan adecuadamente, se cansan e irritan. 
Por lo tanto, para la realización y operación del Templo, es muy importante cuidar a todos los trabajadores del sistema nervioso, que deben tener alimentos saludables y nutritivos, porque consumen energía más que cualquier otra célula. Esta energía es provista por las comidas y bebidas, además del aire y el sol. Si no les brindas a las células nerviosas comidas sanas, no puedes tener energía suficiente. Si por el contrario, les falta el alimento adecuado, pueden sufrir graves daños, se vuelven perezosas y se niegan a trabajar. 
Entonces nos podemos dar cuenta de que existen vínculos muy estrechos entre lo que comes y tu estado físico y mental. Incluso tus pensamientos dependen de las comidas y bebidas que ingieres. Los mejores alimentos que pueden proporcionar energía para los pequeños trabajadores del cerebro, son los cereales y las frutas frescas y secas. La mejor bebida es el agua. Para los pequeños trabajadores del cerebro, también es necesario que respires aire puro. Cada vez que dilatas los pulmones y respiras profundamente, proporcionas nueva vida a los millones y millones de trabajadores fieles del cuerpo. 
Si no comes alimentos saludables, si comes demasiado o en forma muy apresurada, si inhalas aire poco saludable o bebes agua contaminada, de esa manera maltratas a los trabajadores del sistema nervioso, así que debes consumir sólo buenos alimentos, si deseas continuar exigiendo de ellos un buen trabajo; igualmente no pueden trabajar en una atmósfera pesada mejor de lo que puedes hacerlo tú mismo.
Un maestro no pensaría ni remotamente en envenenar a los trabajadores de su jardín, pero la mayoría de la gente continuamente suministra venenos a los pequeños trabajadores del cerebro. El tabaco es el veneno más común administrado a las células cerebrales. Es muy bien reconocido el vicio, pero se continúa fumando por hábito. Desafortunadamente, en muchos países, jóvenes y adultos, fuerzan cada vez más sus propias células del cerebro para asimilar los humos venenosos del tabaco que destruye y mata las células nerviosas. Si fumas no puedes escribir con la misma mano firme tal como lo hace quien no fuma. 
A veces también debilita el nervio óptico y oscurece la vista. Daña las células que almacenan imágenes e impresiones, de modo que la memoria sufre serios daños. Mantengamos a los pequeños trabajadores del cerebro sin dormir y de esa manera obstaculizaremos seriamente su tan necesario descanso. 
Otro veneno para los nervios es el alcohol que está contenido en la cerveza, en los vinos y licores. El alcohol reduce las células nerviosas, acorta sus brazos y entumece las piernas. Con el tiempo destruye el poder de acción y te convierte en un inútil. De esta forma el alcohol debilita el poder del sano juicio reduciendo el poder del autocontrol, engañando a la mente y arruinando la belleza del Templo viviente. 
El alcohol es un veneno sutil que debilita los nervios y mientras más se depende de él, se hace cada vez más demandante hasta que se convierte en un hábito. Un camino se ha abierto en el bosque y luego ya no se puede decir “no”. 
Muchos hombres han perdido una gran fortuna, porque sus pequeños trabajadores del sistema nervioso estaban tan envenenados por el alcohol, que ya no pudieron ayudar con su gran trabajo. 
El alcohol también ha causado la muerte de cientos de personas porque sus células nerviosas estaban tan envenenadas por esta sustancia, que no eran capaces de administrar el complejo trabajo requerido por el Templo viviente. Otras personas han sufrido terriblemente por enfermedades contraídas e incluso muertas, porque sus células nerviosas estaban locas debido al alcohol. 
El tabaco y el alcohol son los dos ladrones y asesinos que deben mantenerse absolutamente siempre lo más lejos posible del Templo viviente. Sólo de esta manera no pueden ejercer ninguna influencia ni dañar a los trabajadores del cerebro y del cuerpo físico. Al igual que cualquier otro trabajador, los trabajadores del cerebro requieren el tan necesario descanso. Cada pensamiento, cada movimiento, cada orden que reciben, causa fatiga en algunas células nerviosas, lo que crea alguna incomodidad en su estructura. Si no remedias estos desequilibrios, las células se debilitan y realizan mal sus tareas. 
Para las células nerviosas el mejor momento para recuperar energías es durante el acto de dormir, ya que su intervención no es necesaria para esta actividad. Los trabajadores del sistema nervioso simpático están bajo control y se supone que las células nerviosas están descansando y al mismo tiempo, recuperando energías para el trabajo del día siguiente. 
Si el sueño es profundo y saludable, ciertamente que están recuperando energías, pero si te acuestas agitado o luego de una cena abundante, el descanso no será reparador y las células nerviosas no podrán relajarse como debieran. Los niños y los adolescentes necesitan más horas de sueño en comparación con las personas mayores. Esto se debe al hecho de que las pequeñas células nerviosas no sólo hacen su trabajo, sino que también crecen en fuerza y tamaño. 
Siempre ten en cuenta que nada es tan especial como dormir bien para beneficiar la salud y la fuerza del sistema nervioso. Sin dormir, las células nerviosas no pueden restaurar las fallas del organismo, no pueden producir nueva energía, se cansan y se hacen incapaces de trabajar. Cuando estás demasiado cansado, no puedes moverte rápidamente, tus pensamientos son lentos, no puedes recordar nada, estás impaciente y de mal humor. Cuando tienes un sueño reparador, puedes manejar mejor un día entero de trabajo intenso, porque tus células nerviosas han trabajado bien, se recargan con nuevas energías, estando ansiosas de poder utilizarlas. Lo que parecía imposible de realizar la noche anterior, por la mañana resulta muy fácil de hacerlo. Eres feliz, estás lleno de vida y espíritu. Las células nerviosas necesitan descansar todo lo necesario para el trabajo siguiente. 
El trabajo las fortalece y al consumir energía la requieren más y más, siendo ésta la causa de tu gran apetito. Cuanto mejor funcionen las células nerviosas, por añadidura, todas las demás células funcionan bien. Cuanto mejor trabajen todas las células pequeñas del cuerpo, más hermoso y completo se vuelve el Templo viviente. 
Cuantas más células nerviosas hacen su trabajo, ellas son más capaces de hacerlo mejor y mientras mejor lo hagan te puedes mover en forma más armoniosa, más correcta y despreocupadamente puedes hablar y pensar, siendo más perfectos los resultados generales. Si cuidas de los pequeños trabajadores del sistema nervioso, si les brindas la comida adecuada y los dejas descansar lo suficiente, si no los envenenas ni los mantienes despiertos cuando en realidad debieran dormir, no hay ningún peligro de que se fatiguen en exceso. 
Trabajar duro es parte de su naturaleza, pero no pueden funcionar por un tiempo demasiado largo en un proyecto. Por esta razón, después de un estudio intenso, es mejor salir al aire libre, correr, jugar, cortar madera, en lugar de sentarte frente a la ventana para leer algo: si haces esto, de hecho, continúas haciendo que las mismas células que antes te ayudaron tanto prosigan con su trabajo. 
Si haces diferentes actividades al aire libre, las células cansadas, pueden descansar, mientras que aquéllas que no han trabajado, tendrán la oportunidad de utilizar tu propia energía para hacerlo. Cambiar de actividades es el mejor método para que se recuperen las células nerviosas. Si los constructores de una obra en ejecución comienzan a discutir entre sí, el trabajo no prospera. De la misma manera, nosotros que somos los constructores del Templo viviente, debemos estar en armonía, con el divino Maestro Arquitecto, ya que de lo contrario, el trabajo no podrá continuar y cuanto más te convenzas a ti mismo de que es absolutamente necesario estar en armonía con ÉL, tanto más hermoso y perfecto será el resultado de tu vida. 
Una mente en armonía con Dios, estará siempre libre de toda angustia, miedo e ira. Nada daña tanto a las células nerviosas como la angustia. Intenta imaginar la angustia de un cordero temeroso de morir frente a un lobo. Es posible que la angustia pueda dañar a las células nerviosas sin remedio. También la angustia retrasa la digestión, interfiere con la actividad del corazón, impide el sueño normal y hace la vida infeliz. El miedo es similar a la ansiedad, por lo que transmite al cerebro y a todos los trabajadores del cuerpo un gran daño. Está escrito en el Evangelio que el amor perfecto ahuyenta el miedo. 
Si estás en armonía con Dios, estos enemigos de la salud no pueden entrar al Templo. La ira, como el alcohol, perjudica mucho a las células del cerebro y a veces las mata. Conocí a una mujer que tenía un gran resentimiento por un hombre. De pronto, un vaso sanguíneo penetró en su cerebro provocándole una caída con el cuerpo inconsciente; luego de cuatro días falleció. Si estás en armonía con Dios y confías en Él, tendrás amor, esperanza y fe, de modo que podrás inspirar bien a los pequeños trabajadores del cerebro. Por el contrario, si alimentas la ira, el miedo y la angustia, sólo lograrás desalentarlos. 
La fe, la esperanza y el amor, siempre te estimulan para trabajar mejor y de la misma manera, esto también beneficia a todos los pequeños trabajadores de tu Templo viviente.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.

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