jueves, 19 de mayo de 2016

Resultado de la muerte repentina

PREGUNTA Nº 15:  RESULTADO DE LA MUERTE REPENTINA
En el numero de Rays from the Rose Cross de Noviembre de 1917, hay una historia titulada “Frente al Pelotón de Fusilamiento” en la que se cuenta cómo un espía fue llevado al paredón y fusilado. Inmediatamente después, él, estando en posesión completa de su conciencia, conversa con un Rosacruz y en su compañía, viaja miles de millas para visitar a su hermana.
¿No es esto contrario a lo que se enseña en la Filosofía Rosacruz? Se dice en ella que después de que el átomo simiente del corazón ha sido removido y roto el cordón plateado, sigue un período de inconsciencia que dura como unos tres días y medio, y que durante dicho tiempo el Espíritu revisa el panorama de su vida pasada.

Respuesta: Sí, así se dice en el Concepto Rosacruz del Cosmos, y eso es cierto en todas las circunstancias ordinarias. Sin embargo, también se dice en la explicación de la ley de la mortalidad infantil, que cuando una persona fallece bajo trágicas circunstancias, tales como un incendio, un accidente ferroviario, o repentinamente, como una caída desde lo alto de un edificio, de una montaña, o en un campo de batalla, o cuando las lamentaciones de los deudos en derredor del lecho del recién fallecido le imposibilitan concentrarse en el panorama de la vida, entonces la grabación en los dos éteres superiores, el luminoso, y el reflector y su amalgamación con el cuerpo de deseos no se realiza.
El hombre entonces no pierde la conciencia, y debido a que no hay grabación en los vehículos sutiles tal como normalmente es el caso, dicha persona no tiene existencia purgatorial; es decir, no cosecha lo que sembró, y en consecuencia no hay sufrimiento por sus malas acciones, ni tampoco sentimientos de alegría y amor, debido al bien que haya hecho. El fruto de la vida se ha perdido.
Para compensar este gran desastre, se hace que el Espíritu al entrar en su siguiente vida terrena, fallezca a temprana edad en cuanto concierne al cuerpo físico, pero el cuerpo vital, el cuerpo de deseos y la mente, vehículos que no nacen sino hasta que el cuerpo denso cumpla la edad de siete, catorce y veintiún años, respectivamente, permanecen con el Espíritu que ha desencarnado, y aquello que no ha nacido, no puede morir. Entonces, en el Primer Cielo, el Espíritu permanece de uno a veinte años, recibiendo lecciones objetivas e instrucciones tales como las que le habría enseñado el panorama de su vida anterior, de no haberse interrumpido por el accidente que le causó la muerte, y de este modo renace, listo para ocupar su lugar apropiado en la senda de la evolución.
Hay, en este aspecto, gran cantidad de temas para pensar. Un gran porcentaje de la mortalidad infantil de ahora, tiene su raíz en las guerras pasadas.
La pérdida de vidas era comparativamente leve, aunque el tributo de las guerras nacionales debe haberse aumentado grandemente por las muertes ocurridas en duelos, riñas, y contiendas corrientes en las que se usaban armas mortales en esos días. No obstante, la suma total de estos accidentes parece insignificante cuando se compara con la terrible mortandad que hoy tiene lugar, y si esto tiene que ser corregido de igual manera, entonces la generación futura con seguridad recogerá una cosecha de lágrimas debido a las epidemias que devastarán los hogares de sus hijos. Pero como hemos indicado en otras ocasiones cada lágrima derramada por la pérdida de algún ser querido, está quitando las escamas de nuestros ojos hasta que un día veamos con claridad suficiente para poder penetrar el velo que ahora nos separa de aquellos a quienes erróneamente llamamos muertos, pero que en verdad se encuentran mucho más vivos que nosotros. Entonces tendrá lugar la victoria sobre la muerte y podremos exclamar:
«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?".

del libro "Filosofía Rosacruz en Preguntas y Respuestas" 
Tomo Segundo de Max Heindel


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