domingo, 22 de mayo de 2016

Leo


LEO

Hay en perspectiva un gran factor para este hijo de la Virgen Celestial.
Escuchemos la bellísima profecía de Isaías: “Pues ha nacido entre nosotros un Niño, a nosotros se nos ha dado un hijo, y el gobierno se asentará en sus hombros y su nombre será el de Maravilloso, Consejero, el Dios Todopoderoso, el Padre Eterno, el Príncipe de la Paz. Y del desarrollo de su gobierno y de la paz no habrá fin”.
La Humanidad sé elevará a una superior altura espiritual y todo está simbolizado por el paso precesional del Sol a través del signo de Leo, pictóricamente representado por el rey de las bestias: el león. Ésta es una alusión muy digna hacia el rey de la Creación, que entonces incorporará eternamente las grandes virtudes del hombre dueño de sí: Fortaleza, Sabiduría y Belleza.
Es maravilloso seguir las diferentes fases de las religiones dadas a la gran raza ariosemítica desde el tiempo en que fue llamada a la acción, en la última tercera parte de la Época Atlántica, hasta el final de la Edad Acuaria, cuando una nueva raza habrá nacido definitivamente. Este aspecto del Zodíaco formará el asunto de las siguientes páginas. Ello arrojará nueva luz sobre muchos de los pasajes más obscuros de la Biblia, como únicamente un estudio de esta Ciencia Cósmica puede darnos.
Cuando consideramos al Zodíaco en su aspecto religioso así como en su evolución, por medio de los seis pares de signos opuestos, en los cuales pueden ser divididos los doce signos, también empezamos con Cáncer y Capricornio, por la razón dada en el artículo anterior; es decir, que éstos son los puntos solsticiales en los que el Sol alcanza su declinación máxima y mínima.
Considerado de este modo veremos que hay dos juegos de tres pares de signos. El primero empezando en Cáncer y Capricornio, Géminis y Sagitario, Tauro y Escorpio. En estos pares de signos nosotros podemos leer la historia de la evolución y religión humanas, en la primera, la media, y la tercera parte de la Época Atlántica.
En los otros tres pares de signos. Aries y Libra, Piscis y Virgo, y Acuario y Leo, encontramos la clave del desarrollo del hombre durante la Época Aria. Esto es también divisible en tres períodos distintos: la Edad Aria, de Moisés a Cristo que corre de Aries a Libra; la Edad de Piscis que toma lugar en los 2.000 años últimos bajo el Catolicismo representado por Piscis y Virgo; y los 2.000 que están delante de nosotros llamada la Edad Acuaria en la que los signos Acuario y Leo serán eliminados por la precesión solar, por la elevación del hijo del hombre (Acuario), por el Cristo interno, el León de Judá (Leo) al estado de superhombre.
No debe suponerse, sin embargo, que la Época Atlántica solamente duró mientras el Sol por precesión recorrió Cáncer, Géminis y Tauro (un período de 6.000 y pico de años aproximadamente); lejos de eso; sino que como hay espirales dentro de espirales y la recapitulación se produce también con las especies y las razas, así nosotros podemos conocer cuál es el contorno general observando el pasaje del Sol por medio de estos signos y, por lo lanío, tomando su importancia y simbolismo en consideración. También puede decirse que a medida que avanzamos las espirales se hacen más pequeñas y el tiempo en el cual se hace un desarrollo dado se torna más corto debido a la eficacia alcanzada en épocas anteriores, y, por lo tanto, es probable en extremo que nuestro estado actual sea la última vuelta; que la Edad Acuaria sea la escuela preparatoria para el día final, en la que nos prepararemos para la nueva edad, la Época Sexta, la cual empezará cuando el Sol por precesión entre en Capricornio.
Esto, por consiguiente, significa que el Segundo Advenimiento debe producirse antes de tal época, y aunque nos parece que son muchos signos los que nos indican tal camino, es todavía una mera suposición y no tenemos ninguna seguridad de todo ello. Millones y millones de personas han sido descarriadas durante todas las edades de que nosotros tenemos noticias, por pensar que Cristo estaría con nosotros muy pronto; pero es mucho mejor que nosotros estemos deseando que venga, en vez de decir con algunos que esto nunca ocurrirá. En este caso el gran día nos encontraría faltos de preparación y nos veríamos a nosotros mismos entre los atrasados que estarán inadaptados para asistir a la función nupcial del Yo superior con el inferior, debido a nuestra falta de “cuerpo del alma”, el “manto nupcial”, necesario para envolvernos en él.

del libro "El Mensaje de las Estrellas" de Augusta Foss de Heindel y Max Heindel


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