martes, 24 de octubre de 2017

Max Heindel abandona su cuerpo físico - en you tube -

Max Heindel, 1913

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Durante 1917, debido a la Guerra, se hizo imposible que los astrólogos tuviesen unas efemérides en Ingles y llegaban muchas quejas a la Sede Central. Una noche, el Sr. Heindel y su esposa, revisando como hacían normalmente el trabajo del día, le dijo Heindel a su esposa “! Querida, que nos pasa! Con lo que sabemos de matemáticas y de astrología y con nuestra imprenta, porque no entre los dos hacemos unas efemérides Americanas?”

Consiguieron los almanaques náuticos americanos y franceses y por las noches calculaban las efemérides; Heindel se encargaba de las longitudes y su esposa de las declinaciones. En febrero de 1918 apareció un anuncio en la revista ofreciendo efemérides y para febrero 10, las tablas de casas para las latitudes 37-48 grados estarían listas. Luego de eso, fueron calculadas otras dos tablas de casas para las latitudes de los grados 25-36 y 49-60 , y las efemérides abarcaban desde 1860.

La publicación de las efemérides y de las tablas, estimulo la venta de la edición ampliada de Astrología Científica Simplificada y en consecuencia, muchos astrólogos se interesaron en la literatura Rosacruz.

En 1918 Max Heindel comenzó a hacer planes para instalar una encuadernadora y a comprar la maquinaria necesaria. Decidió conducir hasta San Francisco con el fin de visitar distribuidores de maquinas de segunda. Con ocasión del viaje fue comprado un Paige de segunda, un carro de siete pasajeros, mucho más espacioso que Bedelia.

Los Heindels invitaron a dos damas a ir con ellos, la Dra. Ruth Woods y la Sra. Mary L. Lyon. Max Heindel condujo pues temía que el trayecto de quinientas millas resultara muy pesado para la Sra. Heindel. Después de una semana regresaron a Mount Ecclesia con la encuadernadora que consiguieron por una módica suma.

Posteriormente, Max Heindel armo el equipo con la ayuda de Philip Grell y luego de que hubiese terminado, el Sr. y la Sra. Grell partieron de la sede central.

Un poco mas tarde los Heindel trajeron a Mount Ecclesia, por medio de una agencia de empleo, dos trabajadores muy diligentes, un hombre y su esposa, quienes colaboraron grandemente con el trabajo del linotipo y la encuadernadora; pero resulto que el hombre era un bebedor y luego de unos meses abandonaron Mount Ecclesia.

Volvieron a poner un aviso solicitando operador de imprenta-linotipo.

Usaron en el aviso la dirección de la hermana de la Sra. Heindel quien vivía en Los Ángeles. Esta vez Max Heindel consiguió un impresor de confianza, el Sr... N. W. Caswell. La Srta. Ethel Lanning, una muchacha aprendiz que trabajaba en la imprenta, siguió su aprendizaje con la ayuda del Sr. Caswell. Unos años mas tarde, los dos se casaron y siguieron trabajando en la Imprenta.

Las dificultades con el suministro de agua que surgieron en julio de 1913 surgieron de nuevo con el cierre de la puerta que conducía a la reserva. Cuando la puerta se quedo abierta, el ganado penetro en Mount Ecclesia y destruyo las plantas y arboles pequeños. Max Heindel no quería llevar esto a la corte pero en 1918, al final de una tarde de un sábado, los Síndicos de la ciudad votaron un mandato judicial restringiendo a la sede central de cerrar y asegurar la puerta.

El mandato citaba al Sr. Heindel a la corte al siguiente lunes por la mañana. Heindel telefoneo a su abogado en San Diego para que lo representara. El lunes a las 10 AM el Sr. y la Sra. Heindel fueron a la corte y el abogado no apareció. Cuando entro había escuchado la voz del abogado en la oficina de al lado. La acompañante, no obstante, le dijo que el Sr. Adam Thompson había salido del pueblo. Heindel retorno a la sala de la corte y la Sra. Heindel le urgió que se representara por si mismo en el juicio. El juez, sabiendo que Thompson estaba de hecho en el pueblo, fallo a favor de Heindel, quien le gano la demanda a la ciudad de Oceanside. Además, el juez reprendió a los síndicos por haber interferido con el abogado del acusado.

Asuntos no resueltos relacionados con el cierre de calles abandonadas que habían sido trazadas en los terrenos durante el auge ahora extinto de la propiedad raíz, y el cierre de la puerta y caminos que llevaban a la reserva estaban a la espera de la llegada del Sr. Hiram Graves, quien vino a ayudar a la sede central. Hiram Graves, anteriormente detective con amigos en Oceanside, descubrió muchas irregularidades de los síndicos de la ciudad. Recogió las pruebas y las expuso públicamente, obligándolos a resignar. Los nuevos síndicos querían zanjar el asunto y el caso fue cerrado al final en noviembre de 1918.

La imprenta operaba día y noche con el fin de imprimir muchos años de efemérides. También se hallaba en producción el Mensaje de las Estrellas, el cual fue anunciado que estaba listo en los Rayos de noviembre de 1918.

En noviembre Max Heindel fue a ver su abogado en San Diego. Una vez allí y sin comentarle a su esposa, transfirió todos sus derechos de autor, y los lugares donde se mencionaba su nombre como Acto de Donación a Augusta Foss Heindel.

Estando trabajando en las efemérides de 1920 una tarde a principios de diciembre de 1918, Heindel le insistió a su esposa que terminara ella todas las efemérides. Cosa que le sorprendió pues estaban a acostumbrados a que ella trabajaba las declinaciones y el las longitudes, de modo que le preguntó, “Querido, porque deseas que haga yo sola este trabajo?" Crees que me vas a dejar?” El contestó, “No querida, solamente quiero decirle a la gente que estas efemérides las hiciste tu sola. Quiero estar orgulloso de ti.”

Después de que la familia Grell se fuera de Mount Ecclesia, se presento un problema técnico y no le quedo a Max Heindel otra opción que operar la maquina por si mismo. Estudio el mecanismo de la encuadernadora y la opero hasta que se volvió experto en su funcionamiento.

También el impresor se fue y hubo otra vez necesidad de poner avisos en la prensa. Parecía que todos los hombres que tenían habilidades habían sido muertos en la guerra. Los Heindel por lo tanto fueron de Nuevo a Los Ángeles el miércoles 1 de enero de 1919, en su carro Paige de siete pasajeros que llamaban “Carita” a contratar un impresor.

Tuvieron éxito hallando a un hombre con su esposa. El hombre sabía de linotipo e impresión y la mujer conocía algo de encuadernación.

Partieron de Los Ángeles el viernes 3 de enero a las 5:00 a.m. con el fin de parar en el mercado y comprar vegetales. Llegaron a Mount Ecclesia hacia el mediodía cansados y hambrientos con el carro lleno de vegetales y otras cosas necesarias.

El sábado por la noche, 4, de enero, la biblioteca en Mount Ecclesia estaba llena de caras felices. Habían venido amigos de la vecindad y se hallaban reunidos celebrando la víspera de año nuevo. Max Heindel canto varias canciones con su fuerte y profunda voz de bajo. Una de las melodías que tanto le gustaba era Ben Bolt. También canto una versión de A donde vas mi bella dama? canción antigua favorita entre los marinos.  Contó cortas historias y coincidencias cómicas y sorprendió a los visitantes con helado y torta que había comprado en Oceanside.

El domingo 5 de enero, Heindel estuvo pensativo y calmado, aunque aparentemente gozaba de Buena salud. Diligentemente preparo la lección de los estudiantes y en la noche dio una charla en la Pro- Ecclesia.

Luego, el lunes 6 de enero, Max Heindel se veía de nuevo tranquilo, sereno y en paz, arreglando sus papeles en el escritorio y dejando notas en varias partes sobre como poner ordenes para abastecer la imprenta.

Se hallaba muy deseoso de que Augusta permaneciera con el en su oficina. Varias veces le pidió que se sentara y hablara con el. Cuando ella le dijo que temía interferir su trabajo, Heindel replico, “Lo que pasa es que me gusta que estés conmigo y que me visites.”

Unos minutos después de las 4 pm, el fue a su oficina con una carta, que había escrito para la oficina de correo pidiéndole entrega del correo en Mount Ecclesia una vez al día. Hacia las cuatro treinta, mientras Augusta leía la carta, el se paro cerca de ella con su mano sobre el borde del escritorio y de repente, se deslizo cayendo al piso, al lado de ella.

Era una caída extraña, como si unas manos invisibles le sostuvieran permitiéndole caer suavemente. Al inclinarse la Sra. Heindel sobre el,  sus últimas palabras fueron, “Estoy bien querida” Quedo inconsciente por el infarto y fue llevado a su cuarto que lindaba con la oficina de la Sra. Heindel. Mientras ella estaba junto a el, los trabajadores de la Sede realizaban un servicio de curación en la Pro-Ecclesia. A las 8:25 p.m. el abrió los ojos, una vez mas, le sonrió a su esposa, y expiro. El cuerpo fue dejado en su estudio sin hielo y sin embalsamamiento durante tres días y medio. Curiosamente, el cuerpo no mostraba cambios ostensibles; sus labios y mejillas continuaban con su color habitual.

Algunos amigos dudaban de que Max Heindel estuviese clínicamente muerto, y la Sra.. Heindel decidió que a menos que hubiera un cambio antes de ir al crematorio en San Diego, le conservaría en una bóveda durante varios días. Pero esto no fue necesario. A medida que el servicio funeral era leído, en la Pro-Ecclesia, Max Heindel se le apareció a su esposa y le aseguro que todo estaba bien. El cuerpo fue quemado y las cenizas fueron depositadas alrededor del arbusto a los pies de la Cruz.
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MAX HEINDEL
y la Fraternidad Rosacruz

Por
Ger Westenberg

Traducción de Jorge Rey
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