sábado, 7 de julio de 2018

Tu Sancta Sanctorum - Capítulo 13 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 13 
TU SANCTA SANCTORUM 

Es extraño pensar en una oficina de telégrafos dentro del Templo y también en los cables de telégrafo que lo recorren en cualquier lugar, tan cerca uno del otro, por lo que es imposible ver qué cosa hay entre ellos y qué alcanza cada ventana, cada entrada, cada punto de las paredes, el techo y el piso. Esto es inusual si pensamos en un Templo de mármol que está siempre vacío y silencioso. 
Pero el Templo viviente del cuerpo humano, este Templo que crece, se desgasta y está continuamente reparándose a sí mismo, en el que cada fragmento del material está vivo y en movimiento, este Templo lleno de mensajeros y artesanos que están en movimiento continuo, que es en el que vives y no lo construyes y que se logra sin ti, necesita medios rápidos y eficientes para mantener todas sus partes en contacto entre sí. 
Por esta razón, en el Templo del cuerpo hay un sistema de telecomunicación cuya sede está en el cerebro. Es muy probable que pienses que en un edificio es mejor tener un sistema telefónico en lugar de un telégrafo; pero un teléfono no puede enviar mensajes en forma suficientemente rápida acorde con las necesidades del Templo vivo. 
Ya he hablado sobre cada una de las principales conexiones que existen con el cerebro, que son las cinco mencionadas: las que van desde la piel hasta el cerebro, las que llegan a partir de las papilas gustativas, las que comienzan en la nariz, así como las que se originan en los oídos y en los ojos. Estos hilos principales integran el sistema troncal nervioso compuesto por los nervios craneales. 
En total hay doce pares de nervios craneales funcionando que van hacia el cerebro y que parten de él. Hasta aquí se han mencionado cinco de ellos. La mayoría de los cuáles están conectados con los diversos músculos del cuerpo, para indicar cuándo esas partes deben moverse. Además de estas doce principales conexiones nerviosas, está la médula espinal, que es una continuación del cerebro y se encuentra dentro de la columna vertebral. 
También hay otros treinta y un pares de nervios raquídeos que se ramifican a partir de la médula espinal y alcanzan todas las partes del cuerpo. Por lo tanto, son en total cuarenta y tres pares de nervios que a su vez dan lugar a muchos cientos de ramas. En total hay más de quinientos nervios principales que transportan mensajes tanto de ida como de vuelta, que están conectados con el cerebro y con todas las partes del Templo viviente. 
Sería imposible vivir sin el cerebro. Fue el propio Arquitecto quien dirigió el trabajo para su realización y también con tu comportamiento lo ayudas u obstaculizas. Si colaboras con él y todos los trabajadores, artesanos y mensajeros hacen lo mismo, tu cuerpo crecerá cada día más y más bello y perfecto. Si lo obstaculizas y los trabajadores son lentos, perezosos o estúpidos, ni el Divino Arquitecto pude prevenir que el Templo sea dañado, profanado e incluso destruido. 
Es el cerebro el que posiciona al hombre muy por encima de todos los demás animales. El hígado del perro o del caballo es tan importante como perfecto en su estructura, tanto como la del hombre. Lo mismo se puede decir del estómago, de los pulmones y del corazón. Más el cerebro de todos los animales, es por lejos menos complicado y, desde nuestro punto de vista, menos perfecto que el del hombre. 
Hay tantas cosas en el cerebro que nadie puede explicar. Comprende esto al pensar que nadie ha visto al cerebro trabajando, nadie puede hacerlo. Es posible diseccionar el cerebro de un cadáver descubriendo su estructura, pero será maravilloso cuando la ciencia pueda estudiar un cerebro de un cuerpo vivientei. 
Debes saber que hay una mente que trabaja en tu cerebro, de la misma manera como sabes que tu madre está trabajando en casa y te das cuenta de eso porque ves el resultado de su tarea. Puedes no haber visto a tu madre ocupada, pero sabes que ella ha trabajado, ya que la sala de estar está limpia y arreglada y la mesa en el comedor está preparada para la cena. De la misma manera, tu mente está ocupada con tu cerebro, para que el trabajo de tu cuerpo pueda continuar. 
Todos aquéllos que han estudiado el cerebro del cuerpo humano, han descubierto qué partes de él realizan ciertas tareas. Descubrieron que se piensa a través de la parte superior y frontal del cerebro, qué mueve los músculos con una parte cuneiforme que está colocada a los lados de este órgano y que sientes alegría, dolor, rabia o placer por medio de su parte posterior e inferior. Los científicos han descubierto que mueves el lado derecho de tu cuerpo, con el lado izquierdo del cerebro y que la parte izquierda de tu cuerpo se mueve gracias al lado derecho del cerebro. La medicina ha descubierto muchas cosas maravillosas, pero hay tantas otras que aún son un misterio, tal como lo era cuando comenzaron a estudiar el órgano más importante de la especie humana. 
Qué es en verdad la mente y cómo funciona, representa el gran secreto del Supremo Arquitecto y tal vez nunca nos será totalmente revelado. Hasta que El mantenga este misterio, será imposible para cualquier ser humano hacer en el laboratorio una imitación absolutamente perfecta del hombre. Hasta un niño se divertiría si se le preguntara si él podría pensar con los pies, pues sabes por instinto que piensas con la cabeza o mejor dicho, con algo que está en tu cabeza. Este algo que allí se encuentra es precisamente el cerebro que te permite pensar. 
La materia de la cual está hecho el cerebro es muy suave y se rompe fácilmente, por eso está rodeado y protegido por una estructura ósea llamada cráneo. Todos conocemos la forma que tiene un cráneo que alberga un cerebro, el que se encuentra suspendido y rodeado de un espacio lleno de agua. El cerebro es tan importante que tiene seis capas. La primera está representada por el cabello que realiza una acción protectora. Los jugadores de fútbol, que a menudo reciben golpes violentos, se dejan crecer el cabello para proteger mejor la cabeza. El cabello grueso protege del frío evitando que el cerebro se enfríe, mas también representa una protección contra el calor. 
El segundo revestimiento del cerebro es el cuero cabelludo. Es la piel más dura y robusta de toda la epidermis del cuerpo. También posee la habilidad de aumentar la densidad del cabello y de las glándulas sebáceas. El tercer revestimiento es el cráneo, esa protección ósea que se encuentra alrededor del cerebro. Estos huesos son muy resistentes, lisos y planos. La parte del cráneo que forma una cavidad para soportar el cerebro se llama calavera. Todos los huesos de la cabeza y la cara forman el cráneo, el que está formado por dos placas intercaladas con una capa ósea porosa, tal como las paredes dobles de una casa alternadas con un relleno: esto garantiza una mayor protección. 
Dentro de estas paredes de hueso doble hay otros tres recubrimientos. La capa más externa ayuda a mantener el cerebro en buena forma. El segundo revestimiento le proporciona el espacio para poder moverse. El tercero le da la sangre. Entre estos recubrimientos hay capas delgadas de agua que rodean completamente al cerebro como un todo, así como cada célula que lo forma está rodeada de agua, que representa una protección contra la fricción constante que es producida durante sus movimientos naturales o contra un posible choque debido a una caída o un golpe violento. 
Trata de retirar la cáscara de una nuez con todo cuidado para no romper la pulpa: la forma del núcleo te dará una vaga idea acerca de la apariencia de la superficie del cerebro, que está lleno de curvaturas y cavidades. Con el paso de los años, las cavidades se vuelven cada vez más profundas y las curvaturas más tortuosas, la capa más externa del cerebro se vuelve más gruesa y las capacidades mentales se desarrollan. La parte más grande del cerebro se llama cerebro grande o simplemente cerebro. Luego hay otra parte más pequeña que se llama cerebelo. 
Las otras dos partes que forman el cerebro, tienen dos nombres latinos largos que no son difíciles cuando se recuerda el significado conocido. Uno es el bulbo raquídeo, que significa médula oblonga. Seguramente habrás visto la médula en un hueso de pollo o en uno para caldo. La médula oblonga es muy similar, pero con solo cuatro centímetros más de larga. Es el extremo más grande de la médula espinal que entra a la cabeza y que viene de la parte superior de la columna vertebral. Si la médula oblonga es golpeada, la persona puede morir en forma instantánea. 
El otro nombre latino largo es el Pons Varoli. Pons significa puente. Varoli es el nombre del hombre que descubrió el puente. El puente del cerebro o Pons Varoli conecta las dos mitades del cerebelo. 
Seguramente no habrás olvidado hasta ahora el hecho de que he descrito tu cerebro comparándolo con una oficina de telecomunicaciones, con sede en tu Templo viviente. Pero el cerebro es muy diferente de cualquier tipo de oficina. Es hermoso y está lleno de pasajes tortuosos, tiene muchas salas extrañas que están cubiertas de flecos y revestido de una rara tapicería. Es el cuarto más secreto y misterioso de todos los lugares del Templo con sus habitaciones escondidas, que en verdad, nadie sabe con certeza dónde están ubicadas por no haber podido entrar en él, salvo el Arquitecto y tú mismo, pues es tú Sancta Sanctorum, el lugar sagrado que es la habitación secreta e íntima. 
Este Sancta Sanctorum es lo que nos distingue de todos los otros animales, ya que representa tu vida íntima, el lugar donde reside tu alma. Los pájaros pequeños pueden cantar más suave que cualquier hombre, también el perro puede correr más rápido que un ser humano y sentir los olores más allá de lo que tú puedes. Muchos animales tienen cuatro patas, un cuerpo, ojos, orejas, cerebro o sea una serie de órganos tan completos como los tuyos, pero ninguno de ellos posee una vida íntima, un alma. El hombre es el único ser que tiene el Sancta Sanctorum, que es el santuario sagrado del cerebro, lo que lo convierte en un cuerpo del Templo viviente. Sin este lugar sagrado, no serías superior ni más responsable que cualquier otra criatura, simplemente serías un animal tal como tu perro.
No culpes a tu perro si rompe un vaso o mata un canario, ya que él no puede entender qué efectos pueden tener sus acciones. Pero tú si puedes entender estas cosas, tu conciencia, que es parte esencial de ti mismo y te dice lo que es bueno hacer y también lo que no lo es. 
El poder que tienes en tu Sancta Sanctorum es el que te hace responsable. El empleado de control del movimiento de una oficina ferroviaria, que posea exceso de trabajo, tiene una gran responsabilidad. Debe tener sumo cuidado para que no haya demoras ni daños con los trenes. Para un controlador de comunicaciones es un error terrible poner en peligro la vida de cientos de personas, debido a la confusión o negligencia en su trabajo. Para ti, es un delito aún más grave profanar, maltratar o destruir el trabajo más noble realizado por Dios, que es el Templo sagrado de tu cuerpo viviente, por medio de cualquier acto de violencia física o moral.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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Trabajadores del cerebro - Capítulo 14 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 14 
TRABAJADORES DEL CEREBRO 

Espero que en este momento tengas una idea de lo que es un Templo viviente y no pienses que es un lugar frío, oscuro, vacío y silencioso, sino un lugar acogedor, luminoso y bullicioso para los trabajadores ocupados que realizan sus deberes con extraordinaria habilidad y armonía. Todo el trabajo del cuerpo es hecho por células. Las células que llevan a cabo el trabajo del cerebro se llaman células nerviosas o neuronas. Hay más de tres mil millones de células nerviosas en el cerebro y la médula espinal. ¡Miles de millones de diferentes organismos que operan en un espacio no mayor que un melón! Mil millones es una cifra apenas comprensible para la mente humana! 
Hay tres mil millones de células en el cerebro y en el cordón espinal. Tres mil millones de cuerpos activos y separados en un espacio no mayor que el de un melón! solo hay 75 millones de personas en Estados Unidos y la población del mundo es de mil quinientos millonesii y hay tres mil millones de células sólo en el cerebro y los centros nerviosos, sin tener en cuenta las del resto del cuerpo. Cada una de estas células tiene espacio suficiente para vivir y trabajar sin molestar a las demás. Algunas células nerviosas son tan pequeñas que se necesitarían tres mil de ellas, todas alineadas, para alcanzar una longitud de dos centímetros y medio. Otras son mucho más grandes y unas pocas serían suficientes para llegar a una pulgada. 
Mira la cabeza de tu hermana pequeña. Sabemos que el cerebro de esa niña o de cualquier otro niño pequeño, contiene muchas células nerviosas tanto como tiene el mío, el tuyo o el de cualquier otra persona adulta. Cada célula nerviosa con la que tendrás relaciones en el futuro, está en tu cabeza generada desde el nacimiento. Nadie puede producir nuevas células nerviosasiii. Sin embargo, hay muchas cosas que pueden dañarlas, por ejemplo, fumar. 
Si quieres debilitar a miles de pequeñas células ocupadas trabajando en tu cerebro, es suficiente, fumar, masticar tabaco o beber whisky o alcohol. No hay una manera más segura de dañar la mente y el cerebro, o para hacer que una persona sea débil e inútil, que la de dañar a esos fieles y pequeños trabajadores que trabajan sin parar, tanto de día como de noche, para cultivar el Templo viviente. 
Te puedes preguntar: ¿cómo es posible que un niño recién nacido pueda tener tantas células cerebrales como las que hay dentro de tu propia cabeza que posee dimensiones mucho más grandes? La razón radica en que las células del cerebro, al igual que los niños, crecen a medida que uno crece. Como los niños, ellas también se vuelven más grandes y fuertes con el ejercicio. Algunas células del cerebro pueden crecer hasta diez mil veces lo que eran al principio. 
Si pudieras ver el cerebro y ver las células pequeñas en su trabajo, tendrías una visión muy extraña ya que estos pequeños cuerpos nerviosos tienen una forma muy particular y se comportan de manera sorprendente. Algunos de los trabajadores en el cerebro se ven como arañas con muchas patas y se llaman células de araña. Otras neuronas se parecen a una cometa de cola larga o a raíces con un cuerpo grande, conuna parte superior gruesa y una raíz central larga. Varias tienen la forma de una estrella, otras son triangulares y otras tienen una forma irregular. 
Algunas células nerviosas tienen tantas ramas que hacen pensar en un árbol frondoso. ¡Imagina arañas, milanos, nabos, estrellas, triángulos y ramas de un árbol, todos juntos en tu cabeza trabajando duro, llevando mensajes, de ida y vuelta, entre tu Sancta Sanctorum y cualquier otra parte del Templo! 
Cada célula se separa de las otras por una fina capa de líquido en la que permanece constantemente inmersa. Por lo tanto, se podría decir que uno piensa bajo el agua. ¿Te das cuenta, entonces, que los pequeños trabajadores del cerebro están constantemente sumergidos en agua, mientras trabajan y hasta cuándo descansan? El líquido que los baña constantemente, también les proporciona comida que viene de la sangre. Las células cerebrales pequeñas, como otros trabajadores, tienen brazos y piernas. Algunas tienen dos o tres e incluso más. Estas partes se extienden en todas direcciones. Son como ramas similares a las de los árboles y se llaman dendritas. Cuando la célula tiene un mensaje que entregar, la rama se ramifica y toca la rama de otra célula. 
Por otra parte, el cerebro trabajador también tiene una cola. La cola de la célula cerebral o su cilindro axial, es un hilo de plata blanco muy delicado que pasa del cuerpo de la célula en la sustancia del cerebro o, a veces, se extiende en la médula espinal. Algunas extensiones axiales son muy largas, mientras que otras son muy cortas. Tales cables de plata, o colas, de las células cerebrales son fibras nerviosas. Cada célula tiene uno de estos hilos finos que lo conecta con el cordón más grueso de un tronco nervioso. Por lo tanto, dichos cables representan a los cables finos de telégrafo que llevan mensajes de una célula a otra. ¡Imagina que la cola de tu perro es un cable del telégrafo! Si tiras de la cola del perro, seguro te ladra. De la misma manera, si tocas el cable de plata de una célula nerviosa, el mensaje se envía a tu Sancta Sanctorum. 
Cada hebra, o fibra nerviosa, está cubierta con una capa de grasa para evitar que los mensajes pasen de un nervio a otro. Si esto sucediera, el cerebro se hallaría en un constante estado de confusión, mucho peor que el causado en una oficina de comunicaciones cuando las líneas telefónicas se superponen. Los pequeños trabajadores en el cerebro usan un traje gris. Si los miras a través del microscopio, puedes ver que sus extremidades son muy irregulares y casi parecen estar anudados. 
En general, los pequeños trabajadores en el cerebro son muy extraños. La mayoría de ellos vive y trabaja en la superficie más externa del cerebro llamado corteza. Corteza significa cáscara, por lo tanto, los trabajadores del cerebro viven en ella. La corteza o capa de células grises tiene un grosor que varía de cuatro a ocho milímetros. Por ello, a la corteza cerebral también se la denomina ‘materia gris’ del cerebro. 
La sustancia blanca está ubicada dentro de esta capa de materia gris y se compone de millones de ‘colas axiales’ o fibras nerviosas que pertenecen a las células grises. Donde la materia gris se hunde, creando cavidades similares a las encontradas en la corteza del nogal, la corteza es más gruesa que en los bordes. Si la materia gris fuera aplastada como un mantel, tendría una superficie mayor a un metro cuadrado: una masa considerable de “pensamiento” es, por tanto, colocado en tu cabeza.
Cuanto más se desarrolla el cerebro, más gruesa se vuelve la materia gris. Cuánto mejor utilizas las células cerebrales, más grandes, fuertes y rápidas se vuelven. Cuando más cosas se estudian y con más profundidad, muchas más células se ponen a trabajar y luego se ejercitan. Cualquier cosa nueva que piensas, dices o haces requiere el trabajo de nuevos grupos de células.
del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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jueves, 5 de julio de 2018

Qué hacen los trabajadores del cerebro - Capítulo 15 - vídeo en facebook -


QUÉ HACEN LOS TRABAJADORES DEL CEREBRO 

Cuando un arquitecto decide construir una catedral o una gran construcción, si él no aprueba el trabajo de los obreros a cargo de la tarea, él los despide y toma otros nuevos. Esto no se puede hacer con los trabajadores del cuerpo humano. Si los trabajadores del Templo viviente no hacen bien su trabajo, la culpa no es de ellos, pero sí es tuya. Si los dañas o los destruyes, no puedes reemplazarlos por otros trabajadores; no hay otros capaces de realizar este tipo particular de actividad. 
Cada célula en el cuerpo tiene su lugar y su tarea específica. Sólo puede hacer aquello para lo que fue creada y si se daña o muere, su trabajo ya no podrá ser hecho. Sus colegas intentarán todo lo posible para compensarlo, pero ciertamente no lo podrán reemplazar. 
Las células nerviosas controlan todas las otras células del cuerpo. Ellas representan la sede de los trabajadores del Templo. La mayoría están en la gran oficina central: el cerebro. Muchas otras, sin embargo, están ubicadas en la médula espinal y en otros centros nerviosos de todo el cuerpo. Incluso la parte más pequeña e insignificante del Templo tiene su minúscula oficina de telecomunicaciones y su plantel de operadores leales. 
Cada célula nerviosa es un operador y controla su fibra, o su hilo blanco plateado. Algunos hilos son cortos, otros tienen varios centímetros de largo, otros todavía alcanzan o exceden el metro de longitud. Estos cables son diferentes de los cables de telégrafo. El mismo hilo que lleva un mensaje al cerebro no puede seguir el camino inverso. Una pequeña oficina telegráfica recibe el mensaje y otra oficina responde. Los operadores, o sea las células nerviosas individuales, estiran los brazos y se tocan unas con otras, de esta manera, hacen posible el intercambio de mensajes. 
La gran oficina central, el cerebro, se divide en diferentes compartimentos o centros. Cada centro lleva a cabo un trabajo específico. Así, un grupo de células nerviosas se encarga de recibir todos los mensajes a través del ojo. Otro grupo los recibe del oído. Y cada uno de los cinco sentidos hace su anuncio a una parte del cerebro. Cada movimiento del cuerpo es la coordinación de un centro llamado centro motor. 
Ninguna otra oficina de telecomunicaciones puede competir con la del cuerpo humano en la puntualidad de la respuesta. La enorme y ocupada oficina del sistema de Western Unión (empresa internacional de servicios financieros y de comunicación) no lleva a cabo en un año, tanto trabajo como el que hace tu cerebro en un día. Millares de mensajes diferentes pueden llegar o salir diariamente del cerebro. 
Todos los mensajes entrantes llegan al instante, clasificados e insertados en el cuadro correspondiente. Una pregunta rápida es contestada de inmediato, de lo contrario la respuesta permanece en su caja de solicitudes para ser utilizada más tarde. Lo que sucede en esta maravillosa oficina, incluso ante los actos más simples, es algo sorprendente.
Por ejemplo, imagina tocar el piano. Piensa ahora en todos los grupos de células nerviosas que están trabajando lo mejor posible para ayudarte. Los nervios ópticos llevan al cerebro (a lo largo de la gran trayectoria óptica) las imágenes exactas de las notas musicales. El grupo de las células en la parte posterior del cerebro reciben estas imágenes y entran en comunicación con otro grupo de células que clasifican las notas. 
Este último grupo de células en el frente del cerebro decide qué teclas en el piano corresponden a las notas escritas en el pentagrama. La oficina a la que pertenece este grupo luego llama a los centros motores y pide recibir los pedidos relacionados con los músculos más apropiados para que ciertos dedos de los pies toquen ciertas llaves. En este punto, la presión de tus dedos sobre las teclas produce un sonido. Este sonido llega a los oídos y es llevado por los nervios hasta el centro auditivo. 
Tanto el centro auditivo, como el centro óptico, devuelven los sonidos al centro intelectual en la parte frontal del cerebro. Allí se decide si el sonido fue correcto o no y se envían nuevas órdenes dependiendo del caso. Todo esto sucede en un segundo mientras estás tocando una sola nota. ¡Imagina la actividad de un gran músico mientras toca una sinfonía de Beethoven! Entonces, puedes ver cómo todos los pequeños trabajadores del cerebro trabajan juntos, tanto como todos los diversos centros nerviosos, en perfecta armonía. Esto no quiere decir que trabajen independientemente de ti; todos trabajan a tu servicio y obedecen tus órdenes. Así como todas las células del cuerpo trabajan al servicio de los mismos centros nerviosos. 
Afortunadamente, hay un proceso de aprendizaje celular que evita tener que seguir repitiendo la misma orden en la misma célula. Tú sabes de hecho perfectamente, que después de haber hecho cierta acción una vez, ésta se hace más fácil de poder repetirse. Lo mismo sucede con los pequeños trabajadores del cuerpo. Ellos trabajan muy rápidamente. Pero si haces sonar una vez a las células nerviosas una nota equivocada, la segunda vez será más fácil tocar esa misma nota en lugar de la correcta. Tantas veces como toques la nota inadecuada, será más fácil para ellas continuar reproduciéndola. Si el error no se corrige de inmediato, de modo que las células nerviosas se acostumbren a tocar la nota correcta, a la larga será casi imposible hacer una corrección y tus dedos tocarán siempre esa nota fuera de lugar. 
Conocí a un chico que solía entrecerrar los ojos por diversión. Él había acostumbrado a ciertas células para cerrar los ojos en cualquier momento que quisieran. Después de un tiempo, esas células hicieron que sus ojos se entrecerraran independientemente de la orden, si lo querían o no. Habían tomado un hábito que el chico ya no pudo corregir. 
El cerebro de un niño pequeño es como un gran bosque fronterizo a través del cual es muy difícil llevar mensajes en ambas direcciones. Los trabajadores del cerebro aún son inexpertos. Los centros del lenguaje son capaces de producir sólo gritos. Los centros motores aún no aprendieron nada sobre su trabajo. Decir la primera palabra es como crear un nuevo camino a través del bosque. Pero la segunda palabra sigue el camino de la primera y así se forma un sendero. Lo mismo ocurre con los primeros pasos.
El bebé se cae muchas veces antes de que las células nerviosas del movimiento hayan aprendido bien su trabajo. Cuando el niño intenta caminar, no piensa en nada más; toda su mente se centra en una cosa y así sus células motoras se activan para el trabajo. Cuando han aprendido a realizar su función o se han acostumbrado al movimiento, el niño camina sin pensarlo. Luego se dice que el niño ya camina automáticamente. 
Cuando caminas, ciertamente no piensas en tus pies o los músculos de las piernas o en las células de tu nervio motor. Normalmente no lo haces: puedes caminar durante horas, pensando en todo lo que quieras, sin prestar ninguna atención a tus pequeños trabajadores del cerebro. Imagina, por ejemplo, hacer un viaje al campo e ir a caminar por un prado. Tus células nerviosas de visión están ocupadas admirando la vista. Tus células nerviosas auditivas se destacan almacenando sonidos. Tus células nerviosas olfativas registran olores. Tus células nerviosas del tacto están clasificando mensajes de rocío en tú piel o de la picadura de una ortiga. Las células nerviosas del movimiento te están haciendo caminar. 
Sin embargo, para ti, la acción de caminar es inconsciente. Tus células nerviosas del movimiento te llevan a donde quieras. Toda tu atención está concentrada en las bellas imágenes, en los dulces sonidos, en los olores intensos, en el contacto balsámico con la hierba. Te sientes cada vez más absorbido por los árboles, las nubes, las flores, el ruido de una corriente, el canto de los pájaros, el sonido del cencerro de una vaca que está lejos, olores intensos y la frescura limpia del aire. 
Inmediatamente, tus células nerviosas auditivas te advierten de un extraño ruido. Levantas los ojos y tus células nerviosas de la vista te informan que un toro furioso está cargando directamente hacia ti. No admiras el panorama, ni escuchas más los sonidos o los olores. Tus nervios de la vista, de la audición y del olor dejan de funcionar inmediatamente y toda la atención se transfiere instantáneamente a tu centro motor. Cada célula nerviosa del movimiento, que hasta entonces habías usado para caminar, ahora están escuchando atentamente los mensajes que provienen de tu Sancta Sanctorum. 
En ese momento no te mueves automáticamente, no caminas sin pensarlo: ¡estás corriendo! Y no lo haces inconscientemente. Durante esa situación de peligro, no dejas que tus células nerviosas te lleven a donde quieran. Tu mente está completamente enfocada, desarraigada para llegar a la cerca lo más rápido posible, tan rápido como cuántos millones de células motoras puedan hacerlo. ¿Serás capaz de superar la valla? Esto depende de lo bien que hayas entrenado a tus células nerviosas del movimiento. Una vez que llegues con seguridad, descansas en el césped. Incluso tus células, que también son baterías eléctricas pequeñas y perfectas, se relajan. 
Cada una de las células nerviosas del movimiento es una batería eléctrica que genera fuerza o corriente nerviosa. La corriente nerviosa se almacena en las células mientras duermes o descansas y están listas para ser usada en el momento de más necesidad. Cuando quieres usar un cierto músculo, la célula libera una corriente que pasa por las fibras nerviosas a una velocidad de unos 42 metros por segundo. Cuando la corriente nerviosa alcanza una fibra muscular, produce una pequeña reacción en la sustancia contenida en el músculo y lo hace funcionar, produciendo una contracción. El trabajo de los músculos consiste precisamente en contraerse y en relajarse.
Si la fibra nerviosa que alcanza un cierto músculo es rota o destruida, el músculo ya no puede moverse, no importa cuán fuerte y perfecto haya sido previamente. Los cables que lo conectaban a la oficina central fueron cortados y la orden de moverse, impartida por el cerebro, no puede alcanzarse más. Hay mucha información que podría darte sobre estos increíbles trabajadores, mas espero que la curiosidad producida al leer estas páginas, te incentive para profundizar el tema en forma autónoma.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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Cómo se capacitan los trabajadores del cerebro - Capítulo 16 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 16 
CÓMO SE CAPACITAN LOS TRABAJADORES DEL CEREBRO 

Aunque los pequeños trabajadores del cerebro son simples células nerviosas, la futura belleza del Templo, depende completamente de cómo hayas entrenado a tus respectivos trabajadores. Un bebé recién nacido en una cuna, que patea y emite sólo gemidos, puede estar más ocupado que tú. Todas sus energías están trabajando duro para tratar de enseñar a las células nerviosas jóvenes sobre sus tareas. Cada vez que el bebé hace un nuevo movimiento o hace un sonido nuevo, nuevos grupos de células nerviosas han sido llamados al trabajo. 
Te das cuenta de que día a día el niño hace movimientos más controlados y emite sonidos más comprensibles. Como se expresó anteriormente, las células nerviosas, como cualquier otro trabajador, aprenden sus tareas con la práctica. Sin embargo, dichas células no son capaces de pensar, ellas no pueden saber qué hacer al principio, pero pueden recordar lo que les dices. 
Algunas veces ellas recuerdan aún más y mejor de lo que imaginas. Esto pone toda la responsabilidad en ti, pues las células nerviosas recuerdan exactamente todo lo que les hayas enseñado. Cada célula nerviosa es capaz de aprender sólo una tarea y, desde ese momento, debe funcionar de la manera que quieras. Si quieres que ella detenga sus deberes, debes entrenar a otras células nerviosas para hacer el nuevo trabajo de la manera correcta, aislando e ignorando la anterior célula, que sin embargo continuará haciendo su trabajo incorrecto por un cierto período, sin haber recibido alguna orden, pero pronto se desalentará y detendrá su actividad. 
Será mucho mejor para ti haber perdido algunas células que hicieron mal su tarea, pero será aún más útil entrenar correctamente tus células desde el principio, para que crezcan fuertes y capaces de hacer su trabajo mejor. Los pequeños trabajadores del cerebro que están en el Templo viviente, no sólo hacen el trabajo que han aprendido, sino que también crean caminos en el cerebro, a través de los cuales los mensajes pueden entrar y salir. 
Estos caminos se crean en la sustancia del cerebro, y es fácil seguirlos como un tren sigue los rieles, por lo que es imposible que el mensaje no llegue a su destino. Los caminos más transitados son los que poseen autonomía, es decir, todos esos movimientos realizados sin la necesidad de impartir órdenes directas, como caminar, correr, vestirse y lavarse. En tales casos, tus células nerviosas están haciendo su trabajo sin recibir tus órdenes particulares, simplemente van siguiendo tus hábitos. Si algo los interrumpe, quedan esperando nuevas órdenes. Tú puedes inmediatamente notar algo diferente si tienes que dar órdenes que no son las habituales. 
Por ejemplo, una persona alcohólica ha trazado caminos profundos de hábitos dañinos en su propio cerebro. Sus células nerviosas de olor y sabor han requerido un largo tiempo para enviar mensajes en el camino de dar alertas de riesgo, pero que ahora ya no hace ni aun recibiendo otros mensajes enviados por cualquier otra ruta. Si tu mente, en tu Sancta Sanctorum, pudiera enviar un ‘no’ cuando esas células nerviosas claman que ‘sí’, tal negación debería ganarse su propio terreno pero a través de superar enormes obstáculos. Por el contrario, el camino que suelen perseguir está ya muy facilitado. Esta es la razón por la cual sólo unos pocos alcohólicos son capaces de abandonar su vicio. 
Las vías o caminos que las células nerviosas crean en tu cerebro hasta los veinticinco años, determinan en gran parte tu personalidad. Determinan qué tipo de hombre o mujer serás en la vida y qué tipo de Templo viviente construirás. Cuanto más joven eres, más fácil te resulta darle forma a estos caminos según tus gustos. Los primeros hábitos que se adquieren tienen la mayor influencia en la vida. 
Si quieres disfrutar de la música cuando seas un hombre adulto, tendrás que aprender a apreciarla mientras seas un niño. Si deseas hablar bien el idioma cuando seas grande, tendrás que ejercitar las respectivas células nerviosas adecuadamente cuando aún seas joven. Si deseas repeler las tentaciones de los sentidos, debes crear una ruta para el ‘no’ en tu cerebro y tienes que hacerlo lo antes posible. 
¿Sabes por qué algunos de tus compañeros pueden recordar cosas mejor que tú? Debido a que sus células nerviosas han sido entrenadas mejor que las tuyas. Al tomar fotos, los fotógrafos son muy cuidadosos de tener una buena exposición, para no obtener una foto borrosa. Lo mismo ocurre con las fotos tomadas por la cámara viviente: el ojo. Si las imágenes no están bien grabadas, se desvanecen. 
Un niño puede observar una palabra varias veces y olvidarse de ella inmediatamente. Otro la mira por unos segundos y la recuerda. El primero ha observado la palabra sin ninguna atención, sin dar la exposición suficiente. La imagen de su cerebro fue vaga y por ello desapareció de inmediato. El segundo chico, en cambio, se concentró completamente en la palabra, observándola con cuidado y por ello la imagen se ha mantenido clara y definida, sin desvanecerse, lista para ser recordada a través de la memoria en cualquier momento. 
Es importante comenzar inmediatamente a enseñar a las células nerviosas la investigación de lo hermoso y útil, porque los efectos de estas enseñanzas serán visibles en el curso de la vida; si se ha perseguido algún camino negativo, cuando esté allí se dará cuenta de esto pero será demasiado tarde. 
Durante la madurez, cuando cierras los ojos y preguntas a las células de la vista que te muestren imágenes de tu infancia y juventud, ellas te mostrarán tu vieja casa, la cara de tu madre, el jardín donde solías jugar, el edificio y el escritorio de tu escuela entre otros recuerdos. Si estas imágenes se cargaron con sentimientos de alegría, amor y paz, serás feliz. 
Con el tiempo, cuando te acuestes en el sillón y preguntes a tus células auditivas para desempolvar cuánto han archivado, sin duda serás feliz si fueras capaz de escuchar nuevamente palabras amables, voces sinceras y recordar bellas melodías. Las pequeñas células nerviosas del cerebro han almacenado en la memoria todo lo que has visto, escuchado, gustado y olido, tocado o pensado y lo que hayas estudiado, aprendido o hecho desde el primer día de tu vida. 
Pero no archivaron lo que no aprendieron ni les enseñaron. Si no has aprendido a leer, escribir, hablar, tocar instrumentos musicales, usar herramientas, a lanzar una pelota acertadamente, o a coser bien y rápidamente, si no observaste bellas imágenes o no escuchaste buena música, si no has aprendido a auto controlarte y a amar la verdad, si no has comprometido a las células nerviosas de tu cerebro en estas actividades cuando aún eras joven, no podrás hacerlo más cuando hayas envejecido: será demasiado tarde. El refrán dice: "¡No puedes enseñarle trucos nuevos a un perro viejo!". 
Las células nerviosas, al igual que todos los demás trabajadores, tienen que ser capacitadas, de lo contrario, ellas no pueden crecer. Si no las utilizas, se desgastan y luego pueden perder su habilidad para trabajar. El topo ha vivido bajo tierra durante tanto tiempo que se ha vuelto casi ciego. Se dice que los peces que viven en una gran caverna sin luz, no tienen el don de la vista. 
Si no usas tus músculos, se debilitan más y más hasta que se vuelven inútiles. Lo mismo sucede con las células nerviosas. Tienes que hacer que trabajen cuando todavía te sientas joven y fuerte. Tienes que poner muchos grupos diferentes de trabajadores en el trabajo, para cuando desees tenerlos listos para servirte durante tu madurez y vejez. 
Además, las células nerviosas se cansan: pierden la forma, se encogen, retroceden sus brazos y piernas y se niegan a comunicarse con otras células. En pocas palabras, se comportan como cualquier otro trabajador cansado. Incluso si no es estimulada, su energía es de corta duración. Tales pequeños trabajadores son entrenados por ti. Los hábitos que ellos tienen, muestran lo que en verdad eres, lo que han sido tus pensamientos y tus deseos en el pasado, y lo que son ahora. En la práctica, revelan tu carácter.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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Trabajadores del sistema simpático - Capítulo 17 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 17 
TRABAJADORES DEL SISTEMA SIMPÁTICO 

Hemos visto cómo todas las células pequeñas del cerebro trabajan juntas, cada una con una ubicación y una tarea precisas. Todas las células del cuerpo trabajan fielmente, cada una concentrada en su propia tarea. Si un grupo de trabajadores está enfermo, todos los otros grupos participan del sufrimiento, tratando de prestar su ayuda, tal como lo haces con tus seres queridos afectados por alguna enfermedad. 
Hay una clase de trabajadores cuya tarea específica es ser solidarios: deben ayudar a otros trabajadores para que hagan su trabajo y ayudarles aun cuando tú estés cansado o dormido, por lo que el trabajo en el Templo viviente puede proseguir con regularidad. Estos trabajadores son los nervios del sistema simpático. 
La parte principal de este sistema consiste en dos cordones formados por fibras nerviosas que comienzan en el cuello y se dirigen hacia abajo, uno a cada lado de la columna vertebral. En su camino esos cordones tienen protuberancias, que corresponden a veinticuatro estaciones de clasificación de información: son los ganglios simpáticos centrales. Recuerda que la médula de la espina dorsal, comenzando por el cerebro y fluyendo dentro de la red troncal vertebral, representa la línea telegráfica principal del Templo viviente.iv 
La médula espinal y los dos cordones del sistema nervioso simpático, forman tres canales que se orientan a lo largo de la columna vertebral, dos afuera y uno adentro. En cada una de las citadas estaciones de clasificación, los nervios externos (sistema simpático) se conectan con la médula espinal (sistema central) por medio de pequeñas fibras nerviosas. Otros nervios se extienden para llegar a los ganglios del corazón, los pulmones, el hígado, los riñones y los intestinos. 
El Arquitecto del Templo creó a los trabajadores del sistema simpático para garantizar que la mayoría de las tareas necesarias para nuestra supervivencia, se lleven a cabo sin nuestra intervención directa. Los trabajadores del sistema simpático, realmente tienen tareas muy importantes, tales como la de gestionar la circulación de la sangre y los procesos de digestión y asimilación de los alimentos, así como la de ayudar al corazón a latir y a los pulmones a llenarse de aire. 
Todo el trabajo en el cuerpo, que es llevado a cabo sin necesidad de recibir órdenes expresas de la oficina central, es realizado especialmente por estos trabajadores del sistema simpático. Por medio de ellos, Dios está trabajando mientras dormimos. Hay trabajadores de dicho sistema en cada arteria, vena o vaso capilar. De hecho, es parte de su trabajo asegurar que la sangre fluya regularmente por todo el cuerpo. Se las arreglan para regular el flujo sanguíneo al agrandar o estrechar los capilares, de modo que el fluido vital corra en abundancia o de una manera reducida, según sea necesario.
Si nos encontramos en un ambiente frío, los mencionados trabajadores, contraen los conductos de la sangre que, por lo tanto, es expulsada. Luego, cuando cesa el frío, la circulación se reanuda normalmente. En cambio, en un ambiente cálido, los capilares están relajados y una mayor cantidad de sangre llega a la piel. Si colocas un cubito de hielo en una mejilla, la verás palidecer de inmediato, pues los capilares sanguíneos se reducen y por ello la sangre se aleja de esa área. Al mismo tiempo, cuando retiras el hielo, la piel recupera su color natural, ya que la sangre vuelve a fluir y tal vez incluso, en mayor cantidad. Si sumerges una mano en agua hirviendo, puedes ver que de inmediato se sonroja, sólo porque los trabajadores del sistema simpático han hecho que fluya más sangre en esa dirección. 
Detrás del estómago hay un considerable grupo de nervios del sistema simpático: algunos van y otros vienen de los diferentes órganos que componen el cuerpo. Este grupo de nervios integran el denominado plexo solar o ‘cerebro abdominal’. Incluso cuando tu cerebro está en reposo, el plexo solar y todos sus pequeños trabajadores, están despiertos y ocupados: proporcionando directrices y acciones bajo la dirección del Gran Arquitecto. 
Si pierdes los sentidos en un accidente, sólo los trabajadores principales del cerebro detienen su actividad, junto con los nervios de la vista, del oído, del olfato, del gusto, del tacto y de los nervios motores. Pero los pequeños trabajadores del sistema simpático, no están en absoluto perturbados por el accidente. Continúan su trabajo con fidelidad y perseverancia, haciendo latir el corazón, la respiración, la circulación de la sangre y finalmente, completan los diversos procesos de la digestión. 
Cuando tienes la intención de construir una casa, todo lo que tienes que hacer es elegir el lugar, reunir los materiales de construcción, aprobar el proyecto de la vivienda y comprometerte a pagar todos los gastos que se originen. Esto es lo que sucede en la construcción o reparación de tu cuerpo. Luego de poner la comida en la boca, la masticas muy bien y la tragas, de ahí en adelante ya no puedes ejercer ningún control. En este punto, intervienen los trabajadores del sistema simpático proporcionando los jugos gástricos y controlando todos los procesos relacionados con la digestión, siempre que los nutrientes puedan ser absorbidos por la sangre. 
Aunque puede parecer que los pequeños trabajadores del sistema simpático tienen completa independencia, el hecho es que pueden ser influenciados por el cerebro principal. Son tan solidarios contigo que afectan tus estados de ánimo y mental. Si te sientes saludable y feliz, activo y lleno de esperanzas, los pequeños trabajadores actúan de una manera brillante y enérgica. Si en cambio estás enfermo o preocupado, estos pequeños trabajadores lo advertirán y por ello no trabajarán en condiciones óptimas y su trabajo será más lento y menos preciso. 
Puedes hasta llegar a reducir las tareas de estos pequeños trabajadores, por lo que cuando atraviesas un mal estado físico o emocional, se dificulta el desempeño de sus funciones. Si aún sano, crees que estás afectado por alguna enfermedad, su trabajo se verá tan negativamente afectado por esta idea ¡que correrás el riesgo de enfermarte realmente!v. Pero si tu pensamiento es positivo y libre de sentimientos negativos, los pequeños trabajadores te ayudarán valientemente, incluso cuando estés en realidad enfermo.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.

vídeo en facebook, aquí
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Cómo cuidar a los trabajadores del sistema nervioso - Capítulo 18 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 18 
CÓMO CUIDAR A LOS TRABAJADORES DEL SISTEMA NERVIOSO 

En La construcción del Templo del cuerpo humano, lo más importante consiste en mantener saludables a todos los pequeños trabajadores, muy especialmente a las células cerebrales. Seguramente sabrás que si faltan los gerentes en una empresa, se crea una gran confusión y el trabajo se retrasa e inclusive se interrumpe. Las células del sistema nervioso son las responsables de la fuerza de trabajo del Templo, ellas controlan cada músculo y cada órgano. Si se corta un nervio o un músculo, separados de su propio centro neurálgico de control, estos dejan de funcionar y se atrofian. Si las células nerviosas no se nutren y entrenan en el camino o si no descansan adecuadamente, se cansan e irritan. 
Por lo tanto, para la realización y operación del Templo, es muy importante cuidar a todos los trabajadores del sistema nervioso, que deben tener alimentos saludables y nutritivos, porque consumen energía más que cualquier otra célula. Esta energía es provista por las comidas y bebidas, además del aire y el sol. Si no les brindas a las células nerviosas comidas sanas, no puedes tener energía suficiente. Si por el contrario, les falta el alimento adecuado, pueden sufrir graves daños, se vuelven perezosas y se niegan a trabajar. 
Entonces nos podemos dar cuenta de que existen vínculos muy estrechos entre lo que comes y tu estado físico y mental. Incluso tus pensamientos dependen de las comidas y bebidas que ingieres. Los mejores alimentos que pueden proporcionar energía para los pequeños trabajadores del cerebro, son los cereales y las frutas frescas y secas. La mejor bebida es el agua. Para los pequeños trabajadores del cerebro, también es necesario que respires aire puro. Cada vez que dilatas los pulmones y respiras profundamente, proporcionas nueva vida a los millones y millones de trabajadores fieles del cuerpo. 
Si no comes alimentos saludables, si comes demasiado o en forma muy apresurada, si inhalas aire poco saludable o bebes agua contaminada, de esa manera maltratas a los trabajadores del sistema nervioso, así que debes consumir sólo buenos alimentos, si deseas continuar exigiendo de ellos un buen trabajo; igualmente no pueden trabajar en una atmósfera pesada mejor de lo que puedes hacerlo tú mismo.
Un maestro no pensaría ni remotamente en envenenar a los trabajadores de su jardín, pero la mayoría de la gente continuamente suministra venenos a los pequeños trabajadores del cerebro. El tabaco es el veneno más común administrado a las células cerebrales. Es muy bien reconocido el vicio, pero se continúa fumando por hábito. Desafortunadamente, en muchos países, jóvenes y adultos, fuerzan cada vez más sus propias células del cerebro para asimilar los humos venenosos del tabaco que destruye y mata las células nerviosas. Si fumas no puedes escribir con la misma mano firme tal como lo hace quien no fuma. 
A veces también debilita el nervio óptico y oscurece la vista. Daña las células que almacenan imágenes e impresiones, de modo que la memoria sufre serios daños. Mantengamos a los pequeños trabajadores del cerebro sin dormir y de esa manera obstaculizaremos seriamente su tan necesario descanso. 
Otro veneno para los nervios es el alcohol que está contenido en la cerveza, en los vinos y licores. El alcohol reduce las células nerviosas, acorta sus brazos y entumece las piernas. Con el tiempo destruye el poder de acción y te convierte en un inútil. De esta forma el alcohol debilita el poder del sano juicio reduciendo el poder del autocontrol, engañando a la mente y arruinando la belleza del Templo viviente. 
El alcohol es un veneno sutil que debilita los nervios y mientras más se depende de él, se hace cada vez más demandante hasta que se convierte en un hábito. Un camino se ha abierto en el bosque y luego ya no se puede decir “no”. 
Muchos hombres han perdido una gran fortuna, porque sus pequeños trabajadores del sistema nervioso estaban tan envenenados por el alcohol, que ya no pudieron ayudar con su gran trabajo. 
El alcohol también ha causado la muerte de cientos de personas porque sus células nerviosas estaban tan envenenadas por esta sustancia, que no eran capaces de administrar el complejo trabajo requerido por el Templo viviente. Otras personas han sufrido terriblemente por enfermedades contraídas e incluso muertas, porque sus células nerviosas estaban locas debido al alcohol. 
El tabaco y el alcohol son los dos ladrones y asesinos que deben mantenerse absolutamente siempre lo más lejos posible del Templo viviente. Sólo de esta manera no pueden ejercer ninguna influencia ni dañar a los trabajadores del cerebro y del cuerpo físico. Al igual que cualquier otro trabajador, los trabajadores del cerebro requieren el tan necesario descanso. Cada pensamiento, cada movimiento, cada orden que reciben, causa fatiga en algunas células nerviosas, lo que crea alguna incomodidad en su estructura. Si no remedias estos desequilibrios, las células se debilitan y realizan mal sus tareas. 
Para las células nerviosas el mejor momento para recuperar energías es durante el acto de dormir, ya que su intervención no es necesaria para esta actividad. Los trabajadores del sistema nervioso simpático están bajo control y se supone que las células nerviosas están descansando y al mismo tiempo, recuperando energías para el trabajo del día siguiente. 
Si el sueño es profundo y saludable, ciertamente que están recuperando energías, pero si te acuestas agitado o luego de una cena abundante, el descanso no será reparador y las células nerviosas no podrán relajarse como debieran. Los niños y los adolescentes necesitan más horas de sueño en comparación con las personas mayores. Esto se debe al hecho de que las pequeñas células nerviosas no sólo hacen su trabajo, sino que también crecen en fuerza y tamaño. 
Siempre ten en cuenta que nada es tan especial como dormir bien para beneficiar la salud y la fuerza del sistema nervioso. Sin dormir, las células nerviosas no pueden restaurar las fallas del organismo, no pueden producir nueva energía, se cansan y se hacen incapaces de trabajar. Cuando estás demasiado cansado, no puedes moverte rápidamente, tus pensamientos son lentos, no puedes recordar nada, estás impaciente y de mal humor. Cuando tienes un sueño reparador, puedes manejar mejor un día entero de trabajo intenso, porque tus células nerviosas han trabajado bien, se recargan con nuevas energías, estando ansiosas de poder utilizarlas. Lo que parecía imposible de realizar la noche anterior, por la mañana resulta muy fácil de hacerlo. Eres feliz, estás lleno de vida y espíritu. Las células nerviosas necesitan descansar todo lo necesario para el trabajo siguiente. 
El trabajo las fortalece y al consumir energía la requieren más y más, siendo ésta la causa de tu gran apetito. Cuanto mejor funcionen las células nerviosas, por añadidura, todas las demás células funcionan bien. Cuanto mejor trabajen todas las células pequeñas del cuerpo, más hermoso y completo se vuelve el Templo viviente. 
Cuantas más células nerviosas hacen su trabajo, ellas son más capaces de hacerlo mejor y mientras mejor lo hagan te puedes mover en forma más armoniosa, más correcta y despreocupadamente puedes hablar y pensar, siendo más perfectos los resultados generales. Si cuidas de los pequeños trabajadores del sistema nervioso, si les brindas la comida adecuada y los dejas descansar lo suficiente, si no los envenenas ni los mantienes despiertos cuando en realidad debieran dormir, no hay ningún peligro de que se fatiguen en exceso. 
Trabajar duro es parte de su naturaleza, pero no pueden funcionar por un tiempo demasiado largo en un proyecto. Por esta razón, después de un estudio intenso, es mejor salir al aire libre, correr, jugar, cortar madera, en lugar de sentarte frente a la ventana para leer algo: si haces esto, de hecho, continúas haciendo que las mismas células que antes te ayudaron tanto prosigan con su trabajo. 
Si haces diferentes actividades al aire libre, las células cansadas, pueden descansar, mientras que aquéllas que no han trabajado, tendrán la oportunidad de utilizar tu propia energía para hacerlo. Cambiar de actividades es el mejor método para que se recuperen las células nerviosas. Si los constructores de una obra en ejecución comienzan a discutir entre sí, el trabajo no prospera. De la misma manera, nosotros que somos los constructores del Templo viviente, debemos estar en armonía, con el divino Maestro Arquitecto, ya que de lo contrario, el trabajo no podrá continuar y cuanto más te convenzas a ti mismo de que es absolutamente necesario estar en armonía con ÉL, tanto más hermoso y perfecto será el resultado de tu vida. 
Una mente en armonía con Dios, estará siempre libre de toda angustia, miedo e ira. Nada daña tanto a las células nerviosas como la angustia. Intenta imaginar la angustia de un cordero temeroso de morir frente a un lobo. Es posible que la angustia pueda dañar a las células nerviosas sin remedio. También la angustia retrasa la digestión, interfiere con la actividad del corazón, impide el sueño normal y hace la vida infeliz. El miedo es similar a la ansiedad, por lo que transmite al cerebro y a todos los trabajadores del cuerpo un gran daño. Está escrito en el Evangelio que el amor perfecto ahuyenta el miedo. 
Si estás en armonía con Dios, estos enemigos de la salud no pueden entrar al Templo. La ira, como el alcohol, perjudica mucho a las células del cerebro y a veces las mata. Conocí a una mujer que tenía un gran resentimiento por un hombre. De pronto, un vaso sanguíneo penetró en su cerebro provocándole una caída con el cuerpo inconsciente; luego de cuatro días falleció. Si estás en armonía con Dios y confías en Él, tendrás amor, esperanza y fe, de modo que podrás inspirar bien a los pequeños trabajadores del cerebro. Por el contrario, si alimentas la ira, el miedo y la angustia, sólo lograrás desalentarlos. 
La fe, la esperanza y el amor, siempre te estimulan para trabajar mejor y de la misma manera, esto también beneficia a todos los pequeños trabajadores de tu Templo viviente.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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miércoles, 4 de julio de 2018

La Fuente Viviente - Capítulo 19 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 19 
LA FUENTE VIVIENTE 

Todos nosotros seguramente habremos leído historias de fuentes mágicas. A veces se encuentran en lugares encantados. A veces están escondidas en un baúl. A menudo presentan algunas cosas extrañas o están hechas con piedras preciosas o hechas con forma de flor o animal. A veces es posible ver un elfo o un genio que forma parte de la fuente. Pero tales historias son cuentos de hadas y no corresponden a la realidad cotidiana de nuestras vidas. Sin embargo, hay una fuente muy hermosa dentro del Templo de tu cuerpo llamada corazón. En verdad no luce como una espléndida construcción de mármol: es simplemente un músculo hueco, con una forma similar a la de una pera o un cono, encerrado en un pequeño recipiente. Pero el trabajo que esta fuente realiza y las tareas que cumple dentro del Templo viviente, compensan ampliamente su aspecto casi insignificante. 
Las dimensiones del corazón son aproximadamente las de un puño: un recién nacido tiene un corazón muy pequeño, mientras que un hombre adulto tiene un corazón correspondiente al tamaño de su mano apretada. No puedes ver esta fuente viviente, pero puedes escuchar su música colocando tu oreja sobre el pecho de otra persona: el extremo pequeño del corazón, el ápice, se encuentra en el lado izquierdo de la caja torácica, entre la quinta y la sexta costilla. A veces el latido de tu corazón es tan fuerte que incluso puedes ver su movimiento. 
Cuando la salud es buena, el latido del corazón es fuerte y claro, perfectamente audible y visible. Aunque el fluido vital fluye hacia el corazón, día y noche, rápida y constantemente, esta pequeña y laboriosa fuente viviente necesita descansar, así como cualquiera otra parte del cuerpo del Templo. De hecho, requiere alrededor de quince horas de descanso diario, que se obtiene mediante los intervalos entre una contracción y la otra. Todas las partes del templo viviente necesitan descanso. 
El extremo ancho o base del corazón, se ubica en la esquina superior derecha debajo del esternón. Como el cerebro, los ojos y las orejas, esta preciosa parte del Templo viviente está expresamente protegida por paredes de hueso. Los conductos que transportan el fluido vital del organismo a la fuente, y viceversa, están conectados a su base o parte más ancha del corazón mismo. 
El contenedor que rodea el corazón se llama pericardio. El nombre deriva de cardio, de origen latino, que significa corazón y peri, o sea, alrededor. En el contenedor hay un líquido que mantiene húmedas las paredes externas del corazón, evitando la fricción con el pericardio en sí. El mismo fluido lubrica el corazón permitiendo que tenga buen funcionamiento. A veces, esta sustancia líquida puede secarse y como consecuencia cada latido causará un gran dolor.
La fuente viviente es doble: no hay conexión entre el lado derecho y el izquierdo, es como si tuviéramos dos corazones. Cada lado del corazón está dividido horizontalmente en dos espacios o habitaciones. Las dos habitaciones superiores están en el extremo más ancho del corazón y se llaman aurícula derecha y aurícula izquierda. Las dos cámaras inferiores se llaman ventrículo derecho y ventrículo izquierdo. Es decir, hay cuatro habitaciones en el corazón. 
Llegando al corazón, el fluido vital lentamente llena la aurícula derecha superior en una compuerta formada por tres válvulas pequeñas. Esta compuerta se llama válvula de tres bisagras o válvula tricúspide. Cuando la aurícula derecha ha almacenado alrededor de noventa gramos de sangre, la válvula se abre y la sangre comienza a caer en la parte inferior del corazón (ventrículo derecho). Cuando el ventrículo derecho se llena la compuerta se cierra; es como una puerta de cierre automático. 
Sólo entonces las paredes musculares comienzan a contraerse y bombean sangre en un solo conducto ancho llamado arteria pulmonar. La compuerta también sirve para prevenir cuando ocurre un reflujo de sangre. Está fijo en el lado inferior de la pared del corazón por medio de muchas cuerdas pequeñas o filamentos que la sostienen firmemente en el lugar. Cuando estas pequeñas cuerdas carnosas se desordenan y fallan para cerrar, crean una gran confusión en el cuerpo. 
A través de la arteria pulmonar, la sangre llega a los pulmones. En su entrada, tiene un color rojo oscuro pero, una vez en los pulmones, se convierte en un hermoso color rojo brillante, ya que se purifica emitiendo dióxido de carbono y cargándose con oxígeno. Posteriormente, la sangre regresa al corazón a través de cuatro diferentes conductos, llamados venas pulmonares, y entran en la aurícula izquierda, ubicada en el lado opuesto al que salió. La sangre venosa y la arterial están separadas dentro del corazón. También en la aurícula izquierda hay otra compuerta, llamada válvula mitral a través de la cual la sangre puede pasar a la cámara inferior, es decir, al ventrículo izquierdo. 
Las paredes del ventrículo izquierdo son mucho más gruesas que las del ventrículo derecho, porque tienen que bombear sangre por todo el cuerpo, mientras que las del ventrículo derecho sólo deben empujarla hacia los pulmones. El ventrículo izquierdo, de hecho, bombea la sangre con gran fuerza hacia la arteria aorta, que con sus propias ramas, lleva el fluido vital a cada parte del Templo viviente. Todo esto sucede en un tiempo mucho más rápido de lo que tardé en describirte este proceso: sólo se necesitan ocho décimas de segundo. 
La fuente viviente es mantenida por los pequeños trabajadores del sistema nervioso. Muchos de estos trabajadores pertenecen al sistema simpático. Ellos envían el fluido vital al corazón constantemente, en silencio, sin ninguna interferencia. Cuando duermes, tu corazón continúa latiendo igualmente, como si estuvieras despierto, sólo que un poco más lento. No eres tú quien le ordena latir más despacio, pero ellos son los trabajadores geniales que lo controlan de esta manera. 
Las paredes, los tanques de las fuentes y el fluido rojo que los atraviesa, son todos elementos vivos. Son hadas traviesas o elfos, cual trabajadores pequeños y fielmente constantes, células vivas que trabajan juntas desempeñando su papel en la continua construcción del Templo viviente. Obedecen a los trabajadores del sistema nervioso: los del sistema simpático y los del cerebro o sistema nervioso central. 
Ni siquiera notas que tienes un corazón hasta que surge algún problema. Si te tiras al suelo y pierdes tus sentidos, como ya te dije, los trabajadores del sistema simpático se aseguran de que el fluido vital continúe fluyendo, que las compuertas se abran, que las paredes musculares se contraigan y se relajen. Si recibes buenas o malas noticias, si tienes una sorpresa agradable o si estás enojado, los pequeños trabajadores del cerebro envían mensajes especiales al corazón para hacer que funcione más rápido o más lento, según corresponda. Quizás por esta razón, en la antigüedad se creía que la mente tenía su asiento en el corazón. Hoy sabemos que la mente está en el Sancta Sanctorum y no en el corazón, sabemos que es precisamente en el Sancta Sanctorum donde pensamos, tenemos sentimientos, amamos, odiamos, y sentimos angustia, coraje o dolor. 
La fuente viviente del Templo no es sólo el hogar de millones de trabajadores ocupados, sino también, de un gran y maravilloso genio: el poder de Dios. Este poder actúa en cada parte del cuerpo. Es el poder de Dios que da vida a cada célula pequeña y le permite funcionar. Es Dios con Su Poder que te da la vida, tu mente y el hermoso Templo viviente que se construirá para Él. Sin Su poder tu corazón no podría latir ni una sola vez y tú no podrías respirar ni una sola vez. 
A veces se compara el corazón con una fuente, otras veces con un motor o una bomba. Como bomba, el corazón es una bomba de presión. Los ventrículos bombean la sangre en las dos principales arterias; por lo tanto, se produce un vacío parcial en la aurícula derecha e izquierda y la sangre, pasando por las seis grandes venas, fluye y lo llena. 
Como motor, el corazón es una máquina simple pero maravillosa. Sin vapor, carbón, ruedas o cilindros, funciona día y noche, año tras año, setenta, ochenta, quizás cien años. En promedio, setenta y dos veces por minuto y cada vez se coloca en los vasos sanguíneos más de 180 gramos de sangre. Considerando tal promedio, se producen en una hora, al menos 4320 latidos y, en veinticuatro horas, aproximadamente 103.680. 
Como cada latido mueve al menos 180 gramos de sangre, en una hora ello equivale a alrededor de 778 kilogramos y en un día a más de 18 toneladas: todo esto por un motor que no es más grande que tu puño. El corazón, esta fuente, motor o bomba, nunca se detiene para reparaciones. 
El Gran Constructor lo ha realizado de tal manera que se renueva y mantiene constantemente, solo, sin obstaculizar el trabajo del Templo. Y como es una bomba viviente, no puede funcionar sin permitirse al menos unos breves momentos de descanso. El Gran Constructor también ha pensado en esto, como sólo un Divino Arquitecto lo puede hacer después de empujar la sangre en la aorta, en la pausa antes de la próxima contracción, el corazón descansa por cinco décimas de segundo. En veinticuatro horas, estas cinco décimas de segundo equivalen a quince horas. El corazón luego realiza nueve horas de trabajo diario y se reserva el tiempo restante para un merecido descanso.

del libro 
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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