sábado, 2 de marzo de 2019

La Aceptación del Dolor - David L. Duffy - en you tube -



La Aceptación del Dolor

   El dolor es una experiencia que asociamos frecuentemente con la enfermedad humana.  Mucho de nuestro temor de caer enfermos está relacionado con la anticipación de un estado doloroso.  Imaginemos que sufrimos un ataque al corazón o una úlcera duodenal o una artritis, en estos tres casos el dolor es una sensación prominente.
   Cuando irrumpe el temor al dolor dentro de nosotros mismos, nos condicionamos actuar en ciertas maneras cuando nos enfermamos.  Primero podemos tratar de “ignorar” el dolor.  Ha experimentado Ud. Alguna vez disconformidad estomacal mientras estaba comiendo?  ¿Qué hizo entonces? ¿Se figuró que era “Nada” y continuó comiendo de todas maneras?  ¿Qué sucedió entonces?  Sí, seguramente desarrolló-se entonces un dolor estomacal mucho más severo.  Este ejemplo ilustra como a veces comemos de más porque ignoramos la sintomatología de señal del cuerpo de que ya hemos comido demasiado.  En este caso el dolor es una advertencia temprana a la cual debemos prestar atención.
   En segundo lugar podemos experimentar dolor pero “negar” su significado.  Una persona con angina de pecho puede desarrollar un dolor en el pecho cuando se sobre fatiga o se sujeta a stress.  El dolor es causado porque el corazón recibe insuficiente oxígeno para el trabajo que se le requiere.  Cuando a una persona se le manifiesta este dolor en el tórax, puede encontrar difícil aceptar la verdad acerca de sí misma.  Cuando el dolor llega, se dice a sí mismo que está sufriendo un “acaloramiento de corazón”, “indigestión”, o “desgarramiento y fatiga muscular”.   Niega que algo ande mal con su corazón.  “¡No puede sucederme a mí!”.  Puede continuar por semanas y aún meses evitando ver al doctor a causa que no puede aceptar el hecho de que podría estar mal con su corazón.
   Tercero, podemos creer que el dolor es una enfermedad misma.  Cuando el dolor es reconocido como el enemigo, estamos listos para buscar maneras de “correrlo”.  Estamos entonces tentados de usar analgésicos, píldoras varias y otros tratamientos que nos permitirán “hacer lo que queremos hacer pero por favor con el dolor aplacado”.  Comúnmente se enfrenta a la artritis de este modo.
   Cuando ignoramos el dolor, lo negamos o llegamos a considerarlo como un enemigo nos estamos privando de una gran oportunidad de mejorarnos.  Algunas personas carecen de la capacidad de aceptar consejos y críticas de otros; de igual modo cuando ignoramos el dolor, lo negamos o tratamos de evitarlo y pasarlo rápido, nos aislamos de la crítica interna.
   ¿Qué podríamos hacer para desarrollar una mejor tolerancia y una mejor apreciación del significado del dolor?  Primero deberíamos desarrollar respeto por nuestros cuerpos y una creencia en la sabiduría del cuerpo humano.  Cuando nos duela prestemos atención.  El cuerpo puede estar dándonos un mensaje de importancia.  En nuestras actividades cotidianas sentimos molestias y dolores pequeños cuyos significados son autoevidentes, sobre fatigar un músculo, exposición al agua caliente y la irritación del polvo en el ojo.  Pensad como éstas molestias menores y disconformes son realmente parte  de los medios de que dispone el cuerpo  para protegerse a sí mismo.  Deberíamos ser capaces de distinguir dolores menores de dolores serios.  No es poco común para algunas personas expresar temores de enfermedad interpretando dolores menores como cardiopatías o cáncer.
   En segundo lugar deberíamos figurarnos lo que nuestros cuerpos están tratando de expresar a través del dolor.  Para hacer esto debemos reconocer la relación entre causa y efecto.  Uno puede realizar este análisis haciéndose las siguientes preguntas: 1) ¿Qué estaba haciendo cuando comenzó el dolor? 2) ¿Existían antes dolores de advertencia que yo ignoré?  3) ¿Sobre trabajé la parte del cuerpo dolorida? (Por ejemplo, dolor de espaldas por levantar peso, dolor de cabeza por cansancio ocular, dolor de estómago por gula). 4) ¿Me han conducido mis deseos más allá de mis límites corpóreos razonables?  5) ¿He estado emocionalmente tenso? 6) Han sido desagradables mis relaciones con ciertas personas? 7) ¿He estado haciendo cosas que sentía eran urgentes, cuando sabía que no debía hacerlas?  8) ¿He dormido lo suficiente? 9) ¿Estoy sintiendo los efectos de temor, depresión, preocupación o ira?  10) He estado quebrantando otras leyes de la naturaleza de una u otra forma?
   Aún cuando no comprendemos inmediatamente lo que nuestros cuerpos están tratando de decirnos y expresar por medio del dolor si comenzamos a analizar el mensaje tendremos un marco mental más receptivo para ulteriores advertencia e indicios.
   En tercer lugar, deberíamos aprender a aceptar las críticas de nuestro interior y hacer esfuerzos para corregir las falencias que descubrimos.  Requiere coraje enfrentarnos a nosotros mismos.  Requiere fuerza reconocer nuestros errores.  Requiere fe laborar para un logro sin resultados instantáneos.    Requiere a su vez paciencia para descubrir la verdad en el interior a través de un largo proceso de juicio y error.  Se requiere amor y compasión para auto personarnos por la estupidez, ignorancia y quizá aún graves errores.
   “¿Pero por qué debería yo tomarme la molestia de realizar todo esto y aquello?”, se puede Ud. Preguntar.  Tarde o temprano uno descubre que el autodominio es su única recompensa.  Pero, más importante aún, desarrollaremos por medio de este esfuerzo una más engrandecida capacidad de amar y servir a otros.

Trabajemos entonces para la interna redituable quietud
una interior calma y reposo e interior salud
aquel silencio perfecto donde los labios y el corazón están quietos
 Y no más nos entremezclamos en nuestros propios pensamientos imperfectos
ni nos distraemos con lamentos u opiniones de lo vano 
Mas solamente Dios en nosotros nos habla 
y en la soledad y unidad del corazón esperamos 
que su Voluntad y Propósito así podamos conocer 
Y en el silencio de nuestro espíritu podamos en esa calma 
Su Voluntad realizar, concretar 
y realizarla, únicamente eso amamos.

Long-fellow

Trascripto de Artículos de RAYOS de la Rosa Cruz
De Enero de 1983


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