martes, 31 de mayo de 2016

Los amuletos, piedras natales y colores planetarios


LOS AMULETOS, PIEDRAS NATALES Y COLORES PLANETARIOS

En los escaparates de las tiendas de los joyeros de bisutería y en los horóscopos hechos para siempre, uno puede leer a menudo que es “afortunado” para las personas nacidas en un mes determinado el llevar un color o piedra determinada. Esto se convierte o significa un buen negocio para el joyero y el prestidigitador de la Astrología que hace los horóscopos con una vuelta dada a la llave de una cómoda cuando una persona le dice la fecha de su nacimiento.
Ambos compran su literatura instructiva (?) a un precio nominal por millar, de lo cual el principal gasto es el del papel y la tinta de la imprenta, y, por lo tanto, no se encanecen ni se arrugan la frente, porque no necesitan hacer un profundo y delicado estudio de este problema.
Pero al igual que la moneda falsa supone la existencia de la legítima, así también la información falaz, dada locuazmente por los individuos que proveen a ese sentido del misterio y de la maravilla que está profundamente arraigado en la naturaleza humana, supone la existencia de una ciencia legítima de la correspondencia mineralógica con los rayos estelares que caen sobre todos los que habitan bajo nuestra esfera sublunar, y cuando esto es comprendido y usado rectamente se produce lo que conocemos, dicho superficialmente, como resultados favorables; pero entonces no es realmente suerte en el sentido aplicable por la mayoría de las gentes, porque entonces es el resultado de un conocimiento profundo usado científicamente, y, por lo tanto, este resultado es tan inevitable como que el agua corra por una pendiente hacia abajo.
La filosofía de los minerales y de los colores planetarios es la de que cada una de las Jerarquías creadoras que están activas en nuestra evolución, trabaja con diversas clases de seres desde el mineral al hombre, y son responsables de los progresos que aquéllos hacen. En el curso de este trabajo cada Jerarquía imparte naturalmente a los seres con quienes trabaja algo de su propia naturaleza y vibración. De este modo cada grupo de mineral, cada especie del vegetal o animal, vibra en una determinada nota que se mezcla con la vibración de su espíritu grupo, y con el signo y planeta determinado al cual está más cercanamente afinado.
Se nos ha enseñado por los Hermanos Mayores en el “Concepto Rosacruz del Cosmos” que: los Arcángeles que fueron humanos en el Período del Sol, cuando los animales actuales empezaron su evolución con una existencia semejante al mineral son ahora los Espíritus-Guía de los animales. Los Ángeles que fueron humanos en el Período Lunar cuando el vegetal actual comenzó su evolución con una constitución semejante al mineral de ahora son actualmente los Espíritus-Guía de las plantas, y el hombre que alcanzó el estado humano en el
Período Terrestre está ahora trabajando en la nueva oleada de vida que empezó su evolución en la Tierra como mineral.
El hombre no está suficientemente avanzado para asumir el papel de espíritu grupo que le está reservado para el futuro. En el Período de Júpiter podrá dar una vida igual a la que las plantas tienen actualmente: en el Período de Venus pondrá en ellos la manifestación de deseos y emociones como los del animal y en el Período de Vulcano les podrá dar una mente y hacerlos humanos. Esto, sin embargo, está todo reservado para el futuro. Al presente está trabajando con ellos lo mejor que le es posible convirtiéndolos en puentes de hierro, barcos y en el esqueleto de los rascacielos, los está haciendo alambres que rodean al mundo, está puliéndolos y sacando de las gemas que brillan y lucen después en nuestra Vida social y de este modo está gradualmente estableciendo una íntima relación con aquéllos y preparándose para ponerse al frente de su evolución como Espíritu-Guía en algún día futuro.
Es muy bien conocido del estudiante de la Astrología que un horóscopo basado únicamente en el mes en el cual nace un individuo es de muy poco valor, porque todas las personas que han nacido en el mismo mes no tienen las mismas experiencias de ningún modo; pero si decimos el día, más él año y el lugar obtendremos un horóscopo que es absolutamente individual y totalmente diferente en todos los detalles del horóscopo de otro cualquiera y éste es el punto que nos concierne para el argumento que presentamos a continuación. El regente no es el señor del signo en el que está el Sol, excepto en los niños nacidos a la salida de este astro, cuando el Sol está en el Ascendente. Es el regente del signo que sale el que determina la afinidad mineralógica, porque en el momento de la concepción cuando el átomo simiente de nuestro presente cuerpo mineral físico fue depositado, la Luna estaba en aquel signo y grado determinado (o en su opuesto), y actuó entonces como un foco de las fuerzas que desde entonces han cristalizado en el vehículo que llevamos ahora.
La tabla siguiente indica la afinidad de los doce signos con ciertas gemas, metales y colores y en la misma hay los elementos para hacer un talismán efectivo para cualquier individuo que tenga el conocimiento de erigir un horóscopo y mezclar los ingredientes de acuerdo con los requisitos del caso.
No tenemos escrúpulos para decir el modo cómo esto se hace, porque ello puede ayudar a alguien a ayudarse a sí mismo y a los demás. El único daño que se puede hacer es inducir a que alguna persona poco escrupulosa haga los talismanes por dinero y aun entonces, si ésta es consciente en su trabajó, quienquiera que obtenga tales talismanes no será frustrado en sus empeños y la reacción caerá sobre aquél que prostituye la ciencia espiritual por ganancia material.
Para contestar de antemano a cualquier pregunta, podemos decir que los astrólogos antiguos que estudiaron este aspecto de la ciencia clasificaron varios cientos de minerales de los cuales las afinidades planetarias han sido verificadas, pero aquellos trabajos han sido mutilados en el curso del tiempo y no son de valor actualmente. Paracelso y también Agripa hicieron un estudio considerable de estos aspectos y con resultados importantes, pero debido a su extensión no caben en este libro de modo que los autores se han limitado únicamente a lo esencial indicando el camino que otros pueden seguir si se sienten así inclinados.
Para ilustrar el modo como los elementos minerales pueden ser usados con ventaja presentaremos un ejemplo: supongamos que en un horóscopo determinado vemos a Sagitario saliendo, con su señor, que es Júpiter, en el Ascendente. Júpiter es entonces el planeta regente y, por consiguiente, en armonía con nuestra tabla, la turquesa es la piedra natal de la persona, el estaño, el metal con el cual tiene afinidad, y el azul, su color. Esto significa que será de mucha ayuda para una persona nacida en estas condiciones llevar una turquesa, un amuleto de estaño e ir vestida de azul sin importar la forma del traje. Esto es cierto hasta un punto determinado, pero es solamente una parte pequeña de la verdad y éste no es el mejor medio de usar este conocimiento.
Para indicar el mejor camino supongamos que el horóscopo de una persona nos indica varias aflicciones que parten de Marte y Saturno. Marte aflige a tres planetas y su metal es el hierro. Venus es el opuesto de Marte; su metal es el cobre y consecuentemente el cobre es un antídoto para las vibraciones marcianas.
Saturno aflige a un planeta y su metal es el plomo. Júpiter es su opuesto y, por lo tanto, el metal de Júpiter, que es el estaño, es un antídoto de las vibraciones saturninas.
Teniendo esto en cuenta puede hacerse un amuleto de estaño y cobre; no precisamente en la proporción de tres a uno sino teniendo presente el volumen de los diferentes planetas, su densidad y la energía de los aspectos que se deseen dominar, un punto que requiere un estudio ulterior. El trabajo propiamente dicho debe ser hecho bajo condiciones planetarias de buen auspicio.
Un amuleto de Marte estudiado para dar energía a uno con un horóscopo débil será de mayor éxito si se hace en una hora de Marte o en martes, cuando el Sol y la Luna están en signos marcianos como ocurre en abril y noviembre, y lo mismo con los amuletos hechos para los otros planetas. Véanse las tablas de las Horas Planetarias en nuestra “Astrología Científica Simplificada”.
Una gema o un amuleto hecho bajo este principio es un foco de los rayos estelares de los planetas e infunde las vibraciones de su naturaleza en nuestras auras siempre que nosotros lo llevemos, de igual modo que un receptor inalámbrico afinado a cierta nota captura las ondas dentro de su radio de acción, y nosotros podemos mezclar los colores de la misma manera para obtener el favor de ellos. Efectivamente éste es el color complementario que se ve en el Mundo del Deseo, lo que produce el efecto del color físico. Si se desea moderar a alguien
cuyo Marte es demasiado preeminente, las gemas, colores y metales de Saturno nos ayudarán para el caso y tales personas deben manipular lo menos que puedan el hierro (herramientas, maquinarias, etc.). Pero si deseamos ayudar a alguien que es melancólico y taciturno podemos usar las gemas y metales de Marte con gran ventaja. En último análisis la materia se resuelve en una cuestión de buen juicio y de sentido común. Con estos dos extremos, el conocimiento concerniente a lo esencial que hemos dicho puede ser usado por cualquiera con gran ventaja.

del libro "El Mensaje de las Estrellas" 
de Augusta Foss de Heindel y Max Heindel


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Destino post mortem de los vivisectores

PREGUNTA Nº 27:  DESTINO POST MORTEM DE LOS VIVISECTORES
¿Siente un cirujano en el Purgatorio todos los dolores que sus pacientes han sentido en las operaciones que ha realizado? Esto parece ser injusto en el caso de la cirugía constructiva.

Respuesta: Ciertamente no. Los sufrimientos del Purgatorio son los resultados de las delincuencias morales y del resentimiento de los que fueron afectados por ellas. Un cirujano que lleva a cabo una operación constructiva está haciendo un servicio que merece la gratitud de la persona operada y la escena de tal operación en el panorama de la vida reaccionará sobre él en el Primer Cielo con la gratitud de la persona a quien ayudó. Esto le hará más voluntarioso de servir a sus prójimos.
Por otra parte, aquellos cirujanos sin escrúpulos que persuaden a la gente a prestarse a operaciones hechas por el amor a la experimentación, o que las sacan fuera de las instituciones de caridad existentes para estos propósitos, ciertamente serán tratados tan severamente como merecen. En cuanto al purgatorio del viviseccionista, hemos visto algunos casos comparados con los cuales el infierno ortodoxo con su diablo y tridente es un lugar de diversión. Sin embargo, no existen agentes exteriores de naturaleza violenta para castigar a semejante hombre, únicamente las agonías del animal torturado contenidas en el panorama de su vida reaccionando sobre él con triple intensidad (porque la existencia purgatorial es sólo un tercio de la duración de la vida física). Esta gente no sospecha ni en el grado más ínfimo lo que está acumulando en contra de sí misma; si así fuese las cámaras de tortura pronto serían desalojadas y habría un horror menos en el mundo.


del libro "Filosofía Rosacruz en Preguntas y Respuestas"
Tomo Segundo, de Max Heindel


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lunes, 30 de mayo de 2016

¿Hemos nacido bajo una estrella favorable?


CAPÍTULO III
¿HEMOS NACIDO BAJO UNA ESTRELLA FAVORABLE?

Si el lector ha mirado a un calidoscopio y los dibujos formados allí por la multitud de piezas pequeñas de colores diferentes, habrá visto el modo en que la más pequeña perturbación produce cambios en los dibujos. Así también comprenderá que debe ser casi imposible el hacer un duplicado de cualquier dibujo, pues no importa las vueltas que se le den, siempre habrá una variedad en él.
De igual modo cuando miramos al cielo noche tras noche vemos dibujos distintos entre los planetas; en efecto, tal es la variedad de los cambios que ocurren entre ellos que será imposible el duplicar la posición relativa que mantienen entre sí en este momento, hasta que hayan transcurrido 26.000 años aproximadamente. Así, pues, en el calidoscopio planetario hay, por decirlo así, una infinidad de dibujos. Cuando comprendemos que los seres humanos entran en el mundo constantemente y que cada uno de los seres está estampado por su primera respiración con los dibujos planetarios que entonces existen en el cielo, comprenderemos que cada uno debe estar diferentemente constituido que los demás. No puede crear ninguna confusión en nuestra mente esta manifestación acerca de las influencias estelares cuando consideramos que las ondas inalámbricas de diferentes longitudes y de diferentes tonalidades enviadas por un instrumento pequeño hecho por el hombre pueden ser sentidas y registradas mediante operaciones mecánicas, las cuales implican gastos de energía, a miles de millas de distancia de su origen. Las vibraciones planetarias de aquellas grandes órbitas de los cielos se dejan sentir asimismo a millones de millas de distancia, tan seguramente y tan fácilmente y con igual certeza. Nosotros sabemos que el ángulo del rayo solar determina las estaciones de verano y de invierno.
También conocemos el efecto de la Luna sobre las aguas y es una experiencia de todos nosotros que nos sentimos mucho más animados cuando la atmósfera es clara y seca que cuando es nebulosa y húmeda. Entonces, ¿qué es lo que determina esta condición atmosférica sino los planetas, las estrellas celestiales?
Cuando miramos a este calidoscopio planetario de vez en cuando, vemos en los cielos diferentes configuraciones, las cuales son pronunciadamente favorables o adversas con arreglo a los planetas que la forman: si son entre los que llamamos benéficos tales como Venus, Júpiter y el Sol, o entre los planetas llamados de naturaleza adversa como Saturno, Marte y Urano. Cuando Mercurio y Venus están en estrecha conjunción cerca del Mediocielo, es una conclusión terminante la de que aquéllos que vienen al mundo bajo esta configuración estarán dotados de una cantidad de buena fortuna mucho mayor que el término medio y que tales personas serán consideradas por lo tanto como “afortunadas” en extremo. Por otra parte hay ocasiones en que Saturno y Marte ocupan la posición del cenit para almas que han nacido para sufrir.
Pero, ¿por qué hay unos que deben sufrir y otros han nacido bajo una estrella favorable? ¿Por qué las estrellas dan buenas fortunas a unos y desgracias a otros, y si nosotros hemos nacido para “gozar”, ya seamos buenos o malos, cuál es el incentivo del esfuerzo individual? Si hay una ley en la naturaleza la cual esté establecida más allá de toda duda, es seguramente la ley de Causa y Efecto.
Cada causa debe producir un efecto adecuado y nada de lo que nosotros vemos como un efecto puede ser sin haber tenido una causa anterior. Además, si ésta es una ley universal debe aplicarse a las condiciones del nacimiento así como a la vida subsiguiente.
Siguiendo estas ideas la cuestión que se plantea es ésta: si nuestro nacimiento bajo una estrella afortunada o de un efecto contrario es el resultado de alguna causa anterior, ¿cuál puede ser ésta y cuándo y cómo fue generada? Para esta pregunta puede haber solamente una contestación: la de que nosotros debemos haber producido estas causas en alguna existencia previa, las cuales ahora hacen que nuestro nacimiento ocurra bajo una estrella afortunada o adversa. De modo que por inducción la creencia en la Astrología requiere una creencia en la existencia previa, así como en vidas futuras, porque a la vez que nosotros estamos cosechando por nuestro horóscopo los efectos de nuestra vida pasada, asimismo por nuestros actos ponemos los cimientos para un nuevo horóscopo, los cuales, a su vez, se manifestarán en una nueva vida.
“Cuan estrechamente unida está la suerte al mérito, es cosa que al tonto no se le ocurre. Si éste tuviera la piedra filosofal, yo aseguro que la tal piedra no tendría al filósofo”.
Así dice Mefistófeles sarcásticamente en “Fausto” y esto es verdad. Si nosotros hemos nacido bajo una estrella favorable esto nos indica que hemos ganado tal buena fortuna exteriorizada por ella, por los buenos pensamientos, bondades y otras virtudes semejantes expresadas en vidas anteriores, puesto que nosotros no podemos tener amigos a menos que seamos amigos de nosotros mismos o de que sintamos amistad por los demás. Si ocurriera que se hallase Saturno o Marte en lugar de Júpiter o Venus cerca del cenit indicaría que en el pasado nosotros no hemos sido bondadosos ni hemos sentido amistad o, de lo contrario nosotros no podríamos expresar estos trazos opuestos. Pero es este el punto precisamente en el que el estudio de la Astrología nos puede ayudar. Nos indica nuestras limitaciones para el presente y nos señala los remedios de una manera obvia y el modo en que podemos edificar para el futuro.
¿Puede el leopardo cambiar su piel? ¿Puede el león cesar de perseguir a su presa? Absolutamente imposible. ¿Puede la flora dejar de brotar sus capullos o el mineral de cristalizarse? Ciertamente que no, porque todo esto son leyes, las cuales son tan inmutables como la ley de los medos y persas. Aquéllos no tienen ni elección ni prerrogativas sino que deben obtener los dictados del espíritu grupo el cual os guía en el sendero de su evolución.
Pero en este respecto nosotros diferimos radicalmente de aquéllos de los reinos inferiores, porque nosotros tenemos ambas facultades: elección y prerrogativas. Nosotros podemos hacer todo lo que nosotros queramos y como éste es un factor que nunca se manifiesta en el horóscopo, es un factor que puede hacerse que juegue un papel importante en todas las vidas.
No es suficiente el haber nacido bajo una estrella afortunada para tener una vida feliz: el horóscopo mostrará sólo la tendencia y la persona que esté tan bien dotada tendrá sin discusión una abundancia de oportunidades para hacer su vida afortunada en un grado muy elevado. Pero solamente por lo que haga para aprovecharle de estas oportunidades, podrá convertirse en realidad aquello que esté preindicado en el horóscopo. Y de igual modo la persona que esté afligida por la conjunción de los planetas maléficos en el Mediocielo o en cualquiera otra parte del horóscopo. Por su voluntad y por el uso de la elección que son sus derechos de nacimiento divinos puede regir sus estrellas y hacer de un horóscopo desgraciado una vida fructuosa desde un punto de vista mucho más elevado que la del otro. La barca que ha sido zarandeada por los furores de una tempestad siente una alegría cuando alcanza los puertos de seguridad que no puede sentir nunca el barco que ha navegado en mares tranquilos o risueños.

“Quien jamás comió su pan en la tristeza;
Ni nunca con angustias las horas nocturnas pasó
Aguardando anhelante del alba la llegada,
Aquél no conoce aún sus poderes celestiales”.

Desde el punto de vista superior aquéllos que están viviendo una vida de lujo pueden ser dignos de compasión cuando sus estrellas favorables les dan todas las cosas buenas de este mundo y les hacen olvidar que son usufructuarios y administradores y que ha de llegar el día en el que sus almas tendrán que rendir cuentas para responder del modo en que han desempeñado su administración.
Entonces se verán forzados a confesar que han fracasado en el uso de los elementos confiados a ellos y que no los han aplicado en la manera debida, mientras que otros que están bajo todas las calamidades de la vida, manifestadas bajo las oposiciones y cuadraturas de sus horóscopos, han alcanzado mediante el influjo de sus estrellas adversas una parte de la victoria. ¡Por qué entonces maravillarnos de que el más elevado de todos los mensajeros, las estrellas celestiales, tomen del administrador infiel lo que tiene y se lo dé a los otros cambiando la adversidad del último en la prosperidad en vidas posteriores! De este modo el péndulo de suerte y de desgracia, el éxito y el fracaso, va y viene durante muchas vidas hasta que aprendamos a construir nuestra propia “suerte”, dominando nuestras estrellas.

“Un Dios puede amar sin cesar,
Pero bajo las leyes de la alternativa,
los mortales necesitamos, en medida variable,
Nuestra porción, tanto de penas como de dolor”.

Y es esta necesidad del cambio que no es suministrada por las estrellas circulantes que forman configuraciones que nosotros llamamos buenas o malas, aunque esto no es así desde un punto de vista superior; pues no importa la bondad de un horóscopo, porque por la progresión de las estrellas las configuraciones adversas es seguro que vendrán y, por el contrario, no importa cuan adverso sea un horóscopo, habrá siempre nuevas oportunidades para el bien, las cuales se manifestarán bajo los aspectos del Sol, Venus y Júpiter con nuestros planetas al nacimiento. Todo lo que nosotros debemos hacer es aprovechar las oportunidades y ayudar a nuestras estrellas para que ellas nos ayuden a nosotros.

del libro "El Mensaje de las Estrellas" 
de Augusta Foss de Heindel y Max Heindel


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Destino maduro

PREGUNTA Nº 26:  DESTINO MADURO
Se enseña que cada acto malo de la vida es expurgado en el estado purgatorial después de la muerte. También se afirma que la muerte no liquida una ofensa, así como tampoco el mudarse a otra ciudad cancela una deuda contraída, que el destino maduro tiene su raíz en una vida anterior y que no podemos escapar de esta deuda del pasado. ¿Cómo pueden conciliarse estas dos afirmaciones? Seguramente que no tenemos que sufrir dos veces por la misma cosa.

Respuesta: Usted tiene razón. Dios no necesita que paguemos dos veces si por medio del arrepentimiento y la reforma se hace innecesario el sufrimiento. Pero el problema de liquidar una cadena de causas en una vida es mucho más complicado que pagar un billete por mercadería recibida. Hay muchos aspectos para cada uno de los casos. Tomemos como ilustración un borracho que hace de sí mismo una bestia y al mismo tiempo maltrata a sus niños, los priva de las necesidades de la vida y de la educación que debieran tener, que golpea a su mujer, poniendo ante los niños un ejemplo que pueden seguir, y en general rebajando su moral normal.
Después de la muerte ese hombre sufrirá en el Purgatorio, primero las torturas de su intenso deseo de beber, el cual no puede satisfacer, y segundo, sentirá todo el sufrimiento que causó a su familia. Entonces él habrá pagado por sus errores, y es cierto que renacerá con un registro perfectamente limpio por lo que respecta al sufrimiento que les causó. Pero él hizo un voto de amar y cuidar tiernamente a la mujer que se convirtió en su esposa, y por medio del acto procreador y suministrando el núcleo para un cuerpo, asumió las responsabilidades de la paternidad en favor de los hijos que vinieron a él en busca de ayuda y de un ambiente
adecuado. Estas responsabilidades paternales no tuvo el cuidado de cumplirlas, y consecuentemente existe un lazo entre él y los miembros de su familia. Todavía les debe una deuda de amor y de servicio que debe ser pagada en algún tiempo futuro y por lo tanto en una vida posterior estas almas serán reunidas y colocadas de tal modo que él pueda tener una oportunidad de hacerles bien. Si no aprovecha la ocasión, entonces puede en una vida todavía posterior rendir un servicio adecuado a algún otro. Este servicio debe ser hecho por su bien, para que se desarrolle la naturaleza de amor y sea expandida de modo que se haga universal e incluya a todos.
La misma regla es buena para todos los otros casos, y como las condiciones extremas constituyen las mejores ilustraciones, podemos tomar ejemplo en la relación entre un asesino y su víctima. Después de la muerte sufrió en el Purgatorio y allí fue lavada la culpa. Pero ha sido establecido un lazo, entre estos dos Egos, y en una vida futura se encontrarán otra vez para que el homicida tenga la oportunidad de servir a su víctima de antaño y puedan reconciliarse como amigos. El sentimiento de amistad debe llegar a ser universal, puesto que es el principio básico en el reino de Dios.
Para resumir, podemos decir que todas nuestras deudas son pagadas en el Purgatorio, en lo que respecta a la comisión del error; pero nuestras deudas de amor, amistad y servicio esperan su liquidación en vidas futuras.

del libro "Filosofía Rosacruz en Preguntas y Respuestas" 
Tomo Segundo, de Max Heindel


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domingo, 29 de mayo de 2016

El grado de sensibilidad a las vibraciones planetarias


CAPÍTULO II
EL GRADO DE SENSIBILIDAD A LAS VIBRACIONES PLANETARIAS

Al juzgar un horóscopo es de importancia primordial que tengamos una consideración debida hacia la situación social y racial del individuo, porque las configuraciones que son de gran significación en el horóscopo de un europeo educado, pueden significar poco o nada en la figura de un chino y viceversa. El olvido de este factor nos conducirá inevitablemente a conclusiones falsas, como a continuación explicaremos.
Es una máxima mística que cuanto más bajo en la escala de la evolución un ser se halla colocado, más ciertamente responde a los rayos planetarios y viceversa, cuanto más arriba asciende en la escala del desarrollo más el hombre domina y rige sus estrellas, librándose a sí mismo de las fuerzas que sobre él mantienen las Jerarquías divinas. Esta prueba, no obstante, no se impuso al hombre con objeto de contenerle, sino que al igual que nosotros en la vida ordinaria impedimos a un niño hacer cosas que en su ignorancia puedan herirle y, por lo tanto, obstruir su vida, así también nosotros estamos detenidos por las Jerarquías divinas por medio de los aspectos planetarios, de tal modo que no nos podamos herir a nosotros mismos más allá de la posibilidad de restablecimiento durante las experiencias de la vida.
Pero unida a esta guía hay, como es natural, la acción del libre albedrío, de la propia voluntad, que crece a medida que nos desarrollamos. El niño nuestro tiene actualmente muy poco libre albedrío, estando sujeto no solamente a sus padres, sino a los criados, si los hay en la casa, y a cualquiera con quien tenga trato, siendo así que todos ejercen control sobre el niño para el propio bien de él.
A medida que el niño crece, esta medida de restricción va disminuyendo gradualmente, y en el curso de los años el niño aprenderá a ejercer su propia voluntad. Este método ha sido seguido por las Jerarquías divinas en el caso del hombre.
La humanidad infantil fue guiada absolutamente por regentes divinos sin tener ninguna parte de acción por su voluntad. “Esto harás tú o no harás nada”, fueron los mandamientos que se le presentaron, los cuales debían obedecer implícitamente, pues de otro modo el enfado divino se mostraba inmediatamente mediante manifestaciones terribles, las cuales ejercían su efecto sobre la mente de la humanidad infantil, tal como los relámpagos, los truenos, los terremotos y las grandes epidemias o plagas. Todo esto fue para la guía colectiva; para el freno individual había leyes estrictas, mandamientos y ordenanzas. Los tributos debían pagarse continuamente al caudillo divino y ser ofrecidos en los altares de sacrificios, y por cada infracción de la ley tuvieron que hacer sacrificios de bienes materiales.
El miedo fue la nota culminante de tal dispensación: porque “el miedo o el temor del Señor es el principio de la justicia”. Este régimen fue llevado a cabo bajo la condición planetaria de Marte y de la Luna. Marte, que es el hogar de los espíritus dominantes de Lucifer, dio al hombre la energía necesaria para que la evolución pudiera seguir su paso y esta energía marciana fue de la mayor importancia, especialmente en el transcurso de los estados primitivos. La Luna, la cual es el hogar de los ángeles, bajo la dirección divina de Jehová, dio a la humanidad infantil una mente y un cerebro semejantes a los del niño, el cual es dócil a la dirección y se amolda muy fácilmente a la autoridad.
Éstos, y los de Saturno, fueron únicamente los rayos planetarios que afectaron a la humanidad en su totalidad durante la Época de Lemuria, y si hiciésemos un horóscopo para cualquiera de las gentes que entonces vivían, sería innecesario el buscar los lugares de los otros planetas, porque aquellos habitantes no podían responder a sus rayos. Aun hoy una gran parte de la humanidad no se ha desarrollado mucho más allá de aquel punto. Una clase muy numerosa, especialmente aquéllos a quienes nosotros conocemos como razas inferiores, y aun las clases bajas de nuestro mundo occidental, están dominadas principalmente por estos rayos planetarios. Bajo sus impulsos actúan de una manera automática y de una manera específica, y es posible el predecir lo que aquéllos harán bajo un aspecto determinado de tal planeta, debido a que ellos viven enteramente de sus emociones y son escasamente, si lo son en algún grado, sensibles a las vibraciones intelectuales de Mercurio.
Tampoco pueden apreciar aquellas emociones que se manifiestan por Venus o su octava, Urano; respondiendo únicamente a la naturaleza inferior”, a las pasiones animales. Se mueven bajo el impulso de Marte y de la Luna respecto al sexo y a la alimentación; sus placeres son de los más bajos y de la naturaleza más sensual; viven casi como los animales en cuanto a lo físico y su credo es: “comer, beber y ser felices”. Sus deseos se manifiestan casi exclusivamente en “vino y mujeres” porque todavía no han despertado al encanto de la música, ni tampoco a la belleza, no teniendo ésta ningún poder para encantar los corazones salvajes en este estado de desarrollo, puesto que la belleza se manifiesta gracias a los rayos de Venus que está mucho más allá de la órbita de tal gente. La mujer es para el hombre de tal estado solamente una bestia de placer y de conveniencia.
Durante este tiempo el “Padre Tiempo” representado por el planeta Saturno “lleva su cuenta” y mediante el latigazo de la necesidad les hace marchar hacia adelante en el sendero evolutivo, obligándoles a cosechar los frutos de las labores a la hora de la cosecha entre vidas.
Cuando el hombre ha cultivado las virtudes selváticas de la bravura, de la resistencia física, etc., sueña en la existencia post-mortem con nuevos campos para conquistar, y ve lo que no estaba bien preparado y por qué sus deseos se frustraron debido a la falta de elementos para conseguirlo. Gradualmente el rayo constructivo marciano y la astucia de Saturno fertilizan el cerebro lunar, el cual está construyendo el hombre, para que con el tiempo aprenda el desarrollo de los elementos necesarios para alcanzar sus primitivas ambiciones. Aun hoy vemos los mismos trazos de astucia en el carácter, las mismas mañas utilizadas por las razas inferiores con el propósito de regar sus tierras, extraer los minerales y moler el grano. Todos estos medios primitivos han sido el resultado de los rayos planetarios de Saturno, la Luna y Marte, que batían en el cerebro primitivo de la humanidad infantil.
Un poco más adelante en el sendero de la evolución, en la época Atlántica, los señores de Venus y de Mercurio vinieron a la Tierra con el propósito de dar un impulso ulterior al desarrollo de la mente y de la emoción. Fue el trabajo de Venus el de combatir las emociones inferiores y elevar la pasión brutal animal de Marte a la más suave, delicada y bella del amor de Venus. Este planeta añadió belleza a la fortaleza, y para alcanzar tal ideal los Señores de Venus impulsaron las artes plásticas, la pintura y la escultura. Estas bellas artes no se enseñaron al hombre públicamente en aquella época; los ideales que han de ser desarrollados en una raza son siempre enseñados a los más avanzados de la misma en un templo de Misterios, y en aquella época la iniciación no incluía una instrucción espiritual, sino que consistía especialmente en una educación en las artes liberales. La escultura nos enseñó el modo de incorporar la belleza en una forma física; atrajo la atención hacia el cuerpo e idealizaba las líneas de curvas suaves. El resultado está ahora incorporado en nuestro propio cuerpo de raza, pues debemos comprender terminantemente que en una escuela de Misterios no se enseña hoy un ideal simplemente para olvidarlo mañana o en la próxima generación, sino que los ideales están inculcados para que en su día sean una parte de la propia vida, alma y cuerpo de la raza. Comparemos el cuerpo de raza de un hombre civilizado moderno con el de un indio, un africano u hotentote, etc., y veremos que en aquél hay, sin duda, la belleza unida a la fortaleza.
Pudiera ser objetado que nosotros estamos degenerando comparados con aquéllos que se nos muestran en las artes helénicas, pero es positivamente incierto, y es más bien que nosotros no hemos alcanzado aún aquel ideal tan elevado.
En la antigua Grecia los templos de Misterios ocupaban una posición mucho más preeminente que hoy: la belleza de la forma fue idolatrada con detrimento de la mente, aunque no importa el hecho de que Grecia tuviese un Platón y un Sócrates.
Los Señores de Mercurio que tuvieron el cargo del desarrollo de la mente, en el momento en que los Señores de Venus ejercían su influencia marcada sobre las emociones, no habían sido capaces de hacer una impresión fuerte universalmente sobre la humanidad primitiva. Nosotros estamos persuadidos, aun hoy, de que nos perjudica el pensar, pero en cambio es muy fácil seguir las emociones.
Actualmente la clase media del Oeste está mucho más avanzada que los griegos antiguos, debido a la influencia de estos dos rayos planetarios en nuestras vidas. La mujer naturalmente sobresale por su imaginación elevada que es una facultad de Venus, debido a su parte en la función creadora, la cual favorece el moldeado del cuerpo de la raza. Por esta razón su figura tiene las curvas graciosas que implican naturalmente belleza, mientras que el hombre tiene el sabio intelecto, dotado por los Señores de Mercurio, y es el exponente de la razón, la fuerza creadora del progreso físico en el trabajo del mundo.
Nosotros siempre anhelamos y deseamos aquello que nos falta. En los días del salvajismo en los que los puntapiés y bofetadas eran su recompensa diaria, la mujer anhelaba ansiosa las caricias de su señor. Los rayos de Venus le dieron la belleza y la convirtieron en un adepto de las artes femeninas que conquistaron el corazón masculino, de modo que ahora el hombre juega el papel de protector argumentando que la mujer no está preparada mentalmente, y mientras tanto él se está convirtiendo en lo que admira en ella; se está haciendo más gentil y más bondadoso; Venus está conquistando a Marte, pero la ilusión mercuriana de la superioridad intelectual necesita otra influencia para conquistarla. Y esto la mujer lo está ahora conquistando por sus aspiraciones. Al igual que ella dominó la brutalidad marciana por la belleza de Venus, así también se librará a sí misma de las redes de Mercurio por la intuición de Urano.
Para el hombre primitivo conducido por el latigazo saturnino de la necesidad, cuando no por la lujuria y pasiones animales de Marte y de la Luna, el mundo parecía triste y apesadumbrado. El miedo es la nota-clave de su existencia; miedo de los animales; miedo de todo lo que le rodea. Tenía que estar muy vigilante y alerta: la vigilancia es inevitablemente el precio de su seguridad.
Pero cuando la evolución le hace sensible a las influencias de Venus y Mercurio, éstos suavizan sus emociones e iluminan su mentalidad y empiezan a considerar el amor y la razón como factores de la vida. El Sol también empieza a iluminar su ambiente circundante y su intenso brillo en la naturaleza del hombre durante esta fase de su evolución dispersa parcialmente la melancolía de Saturno. De este modo, por grados, a medida que el hombre se desarrolla y se hace más sensible a la música de las esferas, una cuerda después de otra del arpa celestial “hiere” la cuerda bondadosa del alma humana y le hace sensible a sus vibraciones, así como un diapasón afinado, cuando se pulsa, despierta la nota en Otro diapasón afinado a la misma tonalidad dentro de una distancia razonable, e igualmente los planetas en nuestro sistema solar en la sucesión evolucionaría han pulsado diferentes cuerdas, las cuales han encontrado un eco en el corazón humano.
Pero las cuerdas en la lira celestial de Apolo no están todas en armonía: algunas están en real disonancia; y mientras el hombre responde a algunas, debe permanecer necesariamente, por lo menos parcialmente, insensible a otras. En efecto, antes de que sea posible responder perfectamente a los rayos de Venus, es necesario para el hombre el conquistar la influencia de Marte en un grado considerable y tenerla bajo su control, de modo que ciertos trazos indeseables marcianos de su naturaleza sean mantenidos refrenados, mientras que otros que sean estimables se conserven.
El amor de Venus, que es deseo de darlo todo por aquéllos a quienes amamos, no puede permanecer paralelamente en el corazón con el rayo de Marte, el cual lo desea todo para sí. Por lo tanto, el salvaje debe aprender a conquistarse a sí mismo en cierta medida si es que quiere convertirse y formar parte de la familia civilizada de la humanidad de los modernos tiempos. Bajo los rayos pasionales sin restricción de Marte y de la Luna, los padres lanzan a los niños al mundo y los dejan al cuidado de sí mismos al igual que hacen los animales, porque éstos son producto de la pasión animal. Las mujeres son compradas o vendidas como un caballo o una vaca, y alguna vez tomadas por la fuerza y raptadas. Sin ir más lejos aun de la Edad Media, el caballero a menudo se llevaba la novia por la fuerza de las armas, prácticamente del mismo modo que el macho animal lucha por la posesión de una hembra en la época del celo.
De este modo se verá que el primer paso a la civilización requiere que un hombre domine o conquiste uno o más planetas, por lo menos en cierto grado. Las pasiones brutales tales como las generadas por los rayos primitivos de Marte no se pueden permitir más bajo el régimen de la civilización moderna, ni tampoco el dicho de que la “fuerza es un derecho” puede ser por más tiempo, salvo en la guerra, cuando volvemos al barbarismo.
La cualidad de Marte de la fortaleza física que en un tiempo fue una virtud para atacar a los hombres y robarles sus propiedades no es admirable ya en el individuo y al que así hace se les castiga por medios diferentes con arreglo a la ley, aunque todavía sea efectiva por lo menos en lo que concierne a las naciones, las cuales van a la guerra bajo este impulso primitivo con propósitos de engrandecimiento territorial. Sin embargo, como ya hemos dicho. Marte ha sido conquistado hasta un grado muy elevado tanto en la vida social como en la civil, de modo que Venus pueda tomar el lugar de la pasión de Marte.
Como hemos indicado anteriormente, los niños de los hombres primitivos eran abandonados a sus propios recursos, en cuanto se les había enseñado a defenderse en la guerra física. Con el advenimiento de Mercurio aparece otro método. La batalla del día actual no se lucha ya con medios físicos solamente. El cerebro es preferible al músculo para determinar la victoria. Por lo tanto, el período de la educación va siendo más largo a medida que la humanidad avanza y se esfuerza principalmente en los descubrimientos de la mente, debido a los rayos de Marte que acompañan al desarrollo de Venus de la civilización moderna. Así, pues, el hombre ve la naturaleza desde un aspecto mucho más alegre una vez que ha aprendido a responder a la influencia del Sol, de Venus, Mercurio, Marte, la Luna y Saturno, aunque sólo sea en una medida muy ligera. Pero aunque estos diversos estados de la evolución han llevado gradualmente al hombre bajo el dominio de diferentes rayos planetarios, el desarrollo ha sido sólo unilateral, porque se ha esforzado en alcanzar únicamente cosas sobre las cuales tiene derecho de propiedad: su negocio, su casa, su familia. su ganado, su granja, etc., todo eso es de importancia vital y debe tener mucho cuidado de ello. Sus propiedades deben aumentarse si es posible, no importa lo que ocurra con las casas y propiedades de los demás, pues esto a él no le interesa. Pero antes de que alcance un estado más elevado en la evolución, es necesario que este deseo de apropiarse de la tierra y retenerla para sí, si le es posible debe dar lugar al altruista deseo de beneficiar al prójimo. En otras palabras, el egoísmo debe ceder el paso al altruismo y al igual que Saturno mediante la aplicación del latigazo de la necesidad sobre él en sus días primitivos le ha traído al presente estado de civilización, así también Júpiter, el planeta del altruismo, está destinado a elevar al hombre de este estado actual de hombre al de superhombre, en el que estará bajo el dominio de los rayos de Urano respecto de su naturaleza emocional: en el que la pasión generada por Marte estará reemplazada por la compasión, y donde la conciencia infantil de su origen lunar será reemplazada por la conciencia cósmica de los rayos de Neptuno. Por lo tanto, el advenimiento en nuestra vida de los rayos de Júpiter marca un avance manifiesto en el desarrollo humano.
Como hemos dicho en el “Concepto Rosacruz del Cosmos” el hombre está destinado a pasar desde este período terrestre al período de Júpiter y, por lo tanto, los rayos de Júpiter denotan aquel elevado estado del altruismo que entonces será un factor prominente en nuestras relaciones de los unos para con los otros, y debe comprenderse terminantemente el que antes de que nosotros podamos responder a los rayos de Júpiter, debemos cultivar en cierta medida el altruismo y vencer el egoísmo que nos viene por medio del poder razonador de Mercurio.
Hemos aprendido a dominar algunas de las fases de Marte y de la Luna, así como podemos hacerlo con algunas de las fases inferiores de Mercurio y de Venus, y cuanto más vayamos dominando todas estas fases mejor responderemos nosotros a las fuerzas vibratorias más elevadas que emanan de este planeta; y ciertamente, si nosotros nos esforzamos activamente, algún día conseguiremos y llegaremos a ser capaces de superar hasta el estado más elevado del amor de Venus, que siempre se adhiere a un objeto poseído por nosotros.
Nosotros amamos a nuestros hijos debido a que son nuestros; amamos a nuestras esposas o esposos por la razón de que nos pertenecen; nosotros estamos orgullosos, con un orgullo de Venus, de sus características morales, u orgullosos por el lado Mercurio, por sus méritos y progresos. Pero Cristo sentó un modelo mucho más elevado: “A menos que un hombre deje a su padre y a su madre, no puede ser mi discípulo”. La idea de que nosotros debemos olvidar a nuestros padres y madres o que debemos odiarlos con objeto de seguir a Cristo, estaba muy lejos de la mente de Él, como es natural; pero el padre y la madre son sólo cuerpos; el alma que mora en el cuerpo de nuestros padres o de nuestras madres es lo que debemos amar, no simplemente el manto físico. Nuestro amor debe ser lo mismo tanto para una persona joven como vieja, fea o bella. Debemos buscar la belleza del alma, por la relación universal de todas las almas, sin importarnos mucho las relaciones de los cuerpos. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”, dijo Cristo, y señaló hacia sus discípulos, aquéllos que estaban con Él en Su gran trabajo de corazón. Estos discípulos estaban más estrechamente unidos a Él de lo que pudiera estarlo cualquier humano debido a sus meras relaciones físicas. Esta actitud constituye un paso hacia adelante con respecto al amor de Venus que únicamente tiene en cuenta el manto físico de los seres queridos y no tiene en consideración alguna el alma que está en el interior. El rayo de Júpiter, por otra parte, siente interés solamente por el alma, sin importársele el cuerpo que aquella alma lleva.
Mercurio, o la fase razonadora de la mente, también se cambia por la influencia de Júpiter, El frío cálculo no tiene ninguna importancia, y uno que siente los rayos expansivos de Júpiter es de gran corazón, primero, después y siempre en todos los sentidos; de un gran corazón en lo que atañe a sus emociones, a su amor; de gran corazón en lo que atañe a todas las cosas del mundo. “Un sujeto jovial”, es una expresión muy adecuada para determinarle. Es bien recibido y amado por cualquiera, que le conoce debido a que no irradia el egoísmo común, sino que siente el deseo de beneficiar a otros; que infunde en nosotros un sentimiento de confianza, diametralmente opuesto al sentimiento cíe desconfianza que sentimos instintivamente, cuando nos ponemos en contacto con un hombre de Saturno o de Mercurio.
Es un asunto de experiencia real de los astrólogos que están dotados de vista espiritual, que los rayos planetarios de todos los hombres producen ciertos colores en sus auras, en adición al color básico que es la estampa de la influencia cíe la raza a la cual pertenecen. El hombre de ojos tiernos y enfermizos de una mezcla de Saturno y Mercurio, debe ser compadecido más bien que censurado por la avaricia y melancolía que es la actitud constante de su mente; ve todas las cosas del mundo a través del espejo áurico que ha creado él mismo alrededor de sí; él nota que el mundo es frío, brutal y egoísta, que, por lo tanto, es necesario para él el ser más artero, frío y egoísta con objeto de protegerse a sí mismo.
Por otra parte, cuando vemos los divinos rayos azulados de Júpiter teñidos a veces con el oro fino de Urano, comprendemos cuán diferentemente este exaltado individuo debe ver el mundo y cuán diferente debe ser el sentido que éste tiene del mundo comparado con el de aquél, debido a su manera sórdida de ver las cosas. Aun las personas que son del más ínfimo tinte jupiteriano están en un mundo lleno de luz del Sol, de flores en brote; todo en la naturaleza es gayo y alegre. Y mirando al mundo a través de una atmósfera semejante, atraen hacia si de otras fuentes una respuesta semejante, al igual que el diapasón que hemos mencionado genera una vibración igual en otro diapasón del mismo tono. Después de lo que hemos dicho no será difícil el comprender que las características de Urano con las cuales el amor se convierte en compasión, da una sabiduría que no depende del razonamiento; un amor que no está fijo en un objeto solo, sino que incluye todo lo que vive y se mueve y es semejante a las características que deben ser desarrolladas por la humanidad durante el período de Venus en el que un amor perfecto expulsará todo el miedo; cuando el hombre haya conquistado todas las fases inferiores de su naturaleza y el amor llegue a ser tan puro como universal.
Cuando estas vibraciones de Urano son sentidas por un avance en la vida superior por medio de la aspiración, hay un gran peligro de que se desdeñen las leyes y los convencionalismos antes de que estemos realmente preparados para gobernarnos a nosotros mismos por la ley del amor divino, de que podamos desdeñar las leyes que rigen al mundo en que nos movemos, de que podamos dar al César lo que es del César, ya sea obediencia o dinero, de que no seamos lo suficientemente cuidadosos para anular la apariencia del mal, de que podamos pensar que nosotros estamos tan avanzados sobre el estado ordinario de la humanidad que podamos vivir como superhombres, de que la pasión de Marte haya sido cambiada en nuestro caso por la compasión de Urano, la cual no conoce sexo.
Bajo tales equivocaciones mucha gente, al esforzarse por recorrer el sendero, desdeñan las leyes del matrimonio y aceptan relaciones tales como las indicadas por las de las almas gemelas y afinidades por el estilo. Tales gentes sienten los rayos de Urano, pero no pueden responder perfectamente a su sublime pureza; por lo tanto, sienten una falsificación de la sensación de Venus que generalmente termina en el adulterio o en una perversión del sexo, así que en lugar de que la natural pasión animal de Marte haya sido transmutada en la compasión de Urano, en realidad ha degenerado en algo que es mucho peor que la expresión más completa del sexo de los rayos marcianos cuando están manifestados en una franca y debida manera. Éste es un peligro del que nosotros debemos guardarnos estrictamente y es necesario para todos aquéllos que desean vivir una vida superior no aspirar a los rayos de Urano hasta que primeramente hayan absorbido completamente las vibraciones altruistas de Júpiter, porque hay mucha más miseria traída al mundo por aquéllos que han aspirado demasiado alto y caído muy bajo, que por aquéllos que no han aspirado suficientemente. “El orgullo está expuesto a caer”, dice un antiguo proverbio, y muy exacto, el cual puede indicarse a todos y a cada uno para que lo apliquen a su propio caso. Cristo tomó parte en las bodas de Canaán. El matrimonio es una institución cristiana y debe existir hasta que sea abolido y en el reino venidero, en el que el cuerpo no se gastará y, por lo tanto, no habrá necesidad del matrimonio para generar otros nuevos.
Por otra parte, debe ser considerado que el sacerdote que efectúa el enlace no puede realmente unir a las gentes; por lo tanto, la presencia de la armonía básica para el matrimonio de verdad debe ser determinada antes de la ceremonia del enlace.
Como hemos dicho anteriormente, Marte, Venus y Urano marcan tres estados en el desarrollo emocional del hombre. Durante el estado en el que sólo se dejaba influir por Marte, la pasión animal reinó suprema y el hombre buscó la gratificación y la satisfacción sin restricción alguna de todos sus deseos inferiores en las relaciones con sus prójimos, pero especialmente con el sexo opuesto; durante el estado en el que se hizo sensible a los rayos de Venus, el amor suavizó la brutalidad de sus deseos y la pasión animal quedó mantenida en jaque en algún grado; todavía se halla bajo las fases superiores de este planeta y está dispuesto a sacrificarse a sí mismo y a sus deseos por el beneficio y por las comodidades de sus seres queridos. Cuando se ha desarrollado hasta el punto en que puede sentir los rayos de Urano, la pasión de Marte gradualmente se torna en compasión; entonces el amor de Venus, que únicamente se refiere a una persona determinada, pasa a incluir todo, así que abarca a toda la humanidad sin tener en cuenta el sexo ni ninguna distinción, porque es el amor divino del alma por el alma, el cual está sobre todas las consideraciones materiales de cualquier naturaleza que sean.
La mentalidad también se ha desarrollado durante tres estados en armonía con la sensibilidad de la persona hacia las vibraciones de la Luna, Mercurio y Neptuno. Mientras que el hombre solamente es sensitivo a la influencia lunar está en una situación semejante a la del niño y es guiado fácilmente por las fuerzas superiores, las cuales han ido guiándole a través de los diferentes estados mencionados en el capítulo anterior. Bajo los rayos estelares de Mercurio gradualmente desarrolló sus poderes intelectuales y se convirtió en un ser razonador. Como tal está colocado bajo la ley de causa y efecto que le hace responsable de sus propias acciones, para que puede cosechar lo que él baya sembrado y aprender mediante esto las lecciones que la vida humana debe enseñarle bajo el régimen actual. Como no tiene experiencia comete muchas equivocaciones en cualquier dirección indicada por las aflicciones de Mercurio en su horóscopo y consecuentemente sufre un castigo y penalidad correspondiente de tristezas y malestar. Si él no tiene la mentalidad para razonar la relación que existe entre sus equivocaciones y las experiencias que se derivan de ellas durante el tiempo de su vida, el panorama de la vida que se desarrolla en el estado postmortem hace esto claro y deja con ello una esencia de “sentimiento recto”, el cual conocemos como “conciencia”.
Esta conciencia le preserva de sus pasados errores cuando el sentimiento ganado ha sido suficientemente fuerte para contrabalancear la tendencia a satisfacer las tentaciones particulares que le causan el sufrimiento. De este modo se desarrolla gradualmente una conciencia espiritual, la cual está sobre y mucho más allá de la razón humana; pero, sin embargo, está también en conexión con la razón de forma tal que cuando el resultado ha sido alcanzado, el hombre que tiene esta conciencia cósmica conoce la razón del por qué semejante cosa debe ser así y por qué debemos obrar en determinado sentido. Esta conciencia cósmica se desarrolla bajo el rayo de Neptuno y difiere del sentimiento recto de la intuición desarrollada bajo el rayo de Urano en el punto importante de que mientras la persona que ha desarrollado la cualidad de Urano de la intuición alcanza la virtud instantáneamente sin necesidad de pensar sobre el asunto y razonarlo, es incapaz de conectar los diferentes estados de ordenación lógica por la cual ha alcanzado el resultado final. El hombre o mujer que ha desarrollado la facultad de Neptuno, también adquiere la contestación a sus interrogantes inmediatamente, pero es a la vez capaz de decir la razón del por qué esta contestación es la debida y verdadera.
La facultad de la intuición alcanzada mediante la pasión inferior de Marte a través del estado de amor de Venus y el rayo de compasión de Urano, depende de la capacidad de la persona dada para sentirlo muy intensamente. Por el amor y la devoción el corazón se afina con todos los demás corazones del universo, y de este modo conoce y siente todo lo que puede ser conocido y sentido por otro corazón humano en el universo compartiendo así la divina omnisciencia que une a nuestro Padre en el Cielo con Sus hijos, y mediante el toque, directo de corazón a corazón con tal omnisciencia, la persona obtiene la contestación de cualquier problema que se le pueda presentar.
Los hombres más nobles de todos los tiempos, los santos cristianos de la espiritualidad más trascendental, han alcanzado este maravilloso desarrollo mediante los rayos espirituales de este planeta debido a su intenso sentimiento de la unidad con lo divino y con todo lo que vive y respira en el universo.
Pero hay otros que no están constituidos de este modo y esos no está capacitados para pisar el sendero. Éstos, por medio de la Luna, Mercurio y Neptuno, han desarrollado su intelecto y han alcanzado los mismos resultados más el poder de idealización de Neptuno.
Éste es un punto muy importante y solamente se contiene en las Enseñanzas de la Sabiduría del Occidente, porque a la vez que anteriormente se enseñaba que el espíritu se envuelve a sí mismo en la materia y, por tanto, se cristaliza en la forma que entonces desarrolla, la enseñanza de la Sabiduría del Occidente nos dice que hay la adición de un tercer factor en el desarrollo y experiencia universal, es decir: epigénesis; la facultad por la cual el espíritu puede elegir un camino que es completamente nuevo e independiente del que ha seguido hasta entonces. Nosotros vemos la expresión de todo esto, en todos los planos relativos a la forma, pero en el reino humano la epigénesis se expresa como Genio, un instinto creador que hace al hombre mucho más semejante a la divinidad que cualquiera otra de sus creaciones. Esto es desarrollado bajo el rayo de Neptuno cuando tal planeta se halla bien colocado en el horóscopo. Hay, por supuesto, también algo así como un genio maligno, una facultad destructora, manifestada bajo un Neptuno afligido.
Solamente las personas más sensitivas en el mundo sienten los rayos de Urano y Neptuno actualmente. Para sentir estas vibraciones, las conexiones entre el cuerpo físico y el cuerpo vital, el cual está hecho de éter, deben estar bien un poco sueltas, porque cuando estos dos vehículos están firmemente unidos la persona es siempre de un aspecto materialista y no puede responder a las vibraciones más elevadas y sutiles del mando espiritual. Pero cuando los rayos que nos vienen de este planeta se manifiestan sobre una persona cuyo cuerpo vital está ligeramente conectado con el físico, tenemos lo que conocemos como una persona sensitiva. La dirección y la cualidad de esta facultad dependen de la colocación y el aspecto de los dos planetas mencionados. No obstante, aquéllos que están especialmente bajo el dominio del rayo de Urano en posición adversa, usualmente desarrollan las fases más indeseables de la clarividencia y de la mediumnidad. Estas personas se convierten en una presa fácil de entidades del mundo invisible que no tienen ninguna consideración por los deseos de sus víctimas, aunque éstas protesten de débil manera. Tales médiums son generalmente usados en las comunicaciones simples de trance, y en unos pocos casos conocidos del autor han podido gozar de vidas bellas y felices debido a su creencia implícita en los espíritus que los dominaban. En estos casos los espíritus de control fueron de mejor clase que los que generalmente se encuentran. Pero como esta facultad de Urano está manifestada por medio de Marte y Venus, la pasión es preeminente en tales naturalezas y bajo la influencia de los espíritus obsesores muchas de estas personas han sido conducidas a la inmoralidad más grosera. El vampirismo y prácticas igualmente repugnantes son engendradas por el uso perverso de los rayos de Urano en los médiums.
Podemos decir que Neptuno representa el mundo invisible en los aspectos más positivos, y que aquéllos que caen bajo los rayos adversos de este planeta son, por lo tanto, puestos en contacto con los habitantes más indeseables del mundo invisible. La obsesión real por la cual el poseedor de un cuerpo está privado de su vehículo, toma lugar bajo los rayos de Neptuno y no hay sesión materializante que pudiera hacerse si no fuera por estas vibraciones estelares. La magia, ya sea blanca o negra, no puede ponerse en práctica si no es por mediación y debido a las vibraciones de Neptuno. Aparte de que estos rayos permanecerían en teoría, en especulación y en el contenido ilustrativo de los libros. Por lo tanto, los iniciados de todas las Escuelas de Misterios, videntes espirituales que tienen control completo de sus facultades y los astrólogos son sensitivos en diversos grados a los rayos de Neptuno. El mago negro y el hipnotista, el cual es un gemelo de aquél, están también en dependencia del poder de estos rayos estelares para el uso de sus prácticas nefastas.
El desarrollo humano mas elevado en estos tiempos, es decir, el desarrollo del alma que, se alcanza en los templos de Misterios mediante la iniciación, es el resultado directo de los rayos de Neptuno, porque al igual que las configuraciones adversas hacen al hombre una presa fácil de las entidades invisibles, así también las buenas configuraciones de Neptuno son requeridas especialmente para capacitar a los hombres para desarrollar por medio de la iniciación los poderes completos de sus almas y convertirles en agentes conscientes en el mundo invisible. Recordemos, no obstante, que las configuraciones buenas o malas no son el resultado de la casualidad o de la suerte, sino que son los productos de nuestros propios actos pasados, razón por la cual el horóscopo indica lo que nosotros hemos adquirido por nuestra manera de vivir en el pasado y, por lo tanto a lo que estamos obligados en la vida presente.
Además, debe tenerse en cuenta que las estrellas inclinan, pero no obligan; y por el mero hecho de que un hombre o mujer tenga una configuración adversa de Neptuno o Urano, no es que irremisiblemente deba convertirse en un agente activo de la mediumnidad y de la magia negra y, por lo tanto, conquistarse una vida más dolorosa y más dura para el futuro. Su oportunidad para obrar así y la tentación hacia ello se presentará en momentos oportunos, cuando los marcadores celestiales del tiempo apunten a la hora exacta en el reloj del destino.
Entonces es el momento de estar firmes para el bien y para la justicia, y estando prevenidos mediante el conocimiento de la Astrología, estamos armados previamente también, y nos será más fácil dominar cuando culmine un aspecto adverso de éstos.
Así, pues, hemos visto que el hombre es sensitivo a los rayos planetarios en un grado creciente a medida que avanza en la evolución, pero a medida que nos desarrollamos espiritualmente menos permitiremos que los planetas nos dominen; mientras que las almas más jóvenes son conducidas irresistiblemente por las mareas de la vida en cualquier dirección en que las vibraciones planetarias las impelan. Es una marca del alma evolucionada la de que permanezca inalterable ante las vibraciones planetarias. Entre estos dos extremos hay naturalmente todas las gradaciones: algunos son responsables a los rayos de un planeta y otros a los de otro. La barca de la vida del hombre y de la mujer a menudo es llevada de acá para allá sobre las rocas del dolor y del sufrimiento, para que puedan aprender a desarrollar dentro de sí mismos la fuerza de voluntad que finalmente les libertará de la dominación de sus planetas regentes. Y como Goethe, el gran místico, dijo: “De todas las fuerzas que mantienen al mundo en cadenas, el hombre se liberta a sí mismo cuando gana su propio control”.
Pero puede ocurrir á alguno preguntar, ¿hemos pasado por toda la gama de vibraciones, cuando hemos aprendido a responder a los siete planetas, los cuales están místicamente representados como las siete cuerdas de la lira de Apolo? En otras palabras, ¿es Neptuno la vibración más elevada a la cual todos podremos responder? Las enseñanzas de la Sabiduría del Occidente nos dicen que hay dos planetas más en el Universo, los cuales serán conocidos en edades venideras y que éstos tendrán una influencia en el desarrollo de cualidades de naturaleza tan trascendental que no podemos ahora ni comprender.
El número de Adán, el hombre o la humanidad, es 9 y hay 9 escalones en la escalera estelar por la cual el hombre asciende hasta Dios. Hasta el tiempo actual el hombre ha subido solamente cinco de estos escalones. Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno y ni aun las vibraciones de éstos ha podido aprender completamente. Urano y Neptuno están lentamente entrando en nuestras vidas y no serán activos, sin embargo, en la misma manera y el mismo grado que, por ejemplo, la Luna y Marte son al presente tiempo, hasta que hayan pasado
muchísimos siglos. Pero cuando nosotros hayamos aprendido a responder a ellos, hay dos más de los cuales conoceremos algo después. Es la opinión de los autores del presente libro de que no son probablemente sentidos por ninguno, excepto de aquéllos que se han graduado en la Gran Escuela de Misterios y por los Hierofantes de tan sublime institución.
Para terminar este artículo sobre la sensibilidad del hombre a las vibraciones planetarias podemos copiar de nuestra obra “Los Misterios Rosacruces”, el artículo que versa sobre “Luz, color y conciencia”.
“Ciertamente, Dios es Uno e Indivisible. Él envuelve dentro de su ser todo lo que es, al igual que la luz blanca envuelve todos los colores. Pero se nos aparece en su manifestación en forma de Trinidad, así como la luz blanca se refracta en los tres colores primarios: azul, amarillo y rojo. Dondequiera que nosotros veamos estos colores representan emblemáticamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Estos tres rayos primarios de la vida divina se difunden e irradian por medio del Sol y producen: vida, conciencia y forma sobre cada uno de los siete portadores de luz, los planetas, que son llamados los “Siete Espíritus ante el Trono”. Sus nombres son Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Urano.
La ley de Bode nos prueba que Neptuno no pertenece a nuestro sistema solar y el lector queda remitido a la “Astrología Científica Simplificada”, obra escrita por uno de los autores del presente trabajo, para la demostración matemática de este aserto.
“Cada uno de los siete planetas recibe la luz del Sol en diferente medida con arreglo a su proximidad a la órbita central y a la constitución de su atmósfera, y los seres de ellos, en armonía con el estado de su desarrollo, tienen afinidad por uno u otro de los rayos solares. Los planetas absorben el color o colores en congruencia con ellos y reflejados llevan con ellos un impulso de la naturaleza del ser con los cuales han estado en contacto.
“Así, pues, la vida y luz divinas llenan a todos los planetas bien directamente desde el Sol o reflejados por sus seis planetas hermanos, y como la brisa del verano que revolotea sobre los campos en flor lleva en sus silenciosas y a la vez invisibles alas la fragancia mezclada de una multitud de flores, así también las influencias sutiles del “Jardín de Dios” nos traen a nosotros los impulsos mezclados de todos los Espíritus Planetarios y en tal multicolor luz nosotros vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
“Los rayos que nos vienen directamente desde el Sol producen una iluminación espiritual: los rayos reflejados de otros planetas nos dan una adición de conciencia y de desarrollo moral y los rayos reflejados de la Luna nos dan crecimiento físico.
“Pero como quiera que cada planeta puede absorber solamente una determinada cantidad de uno o más colores en armonía con el estado general de la evolución en el, así también cada ser sobre la Tierra ya mineral, vegetal, animal o humano puede absorber únicamente y asimilarse cierta cantidad de los diferentes rayos proyectados sobre la Tierra. El resto no le afecta ni le produce sensación, así como tampoco el ciego está consciente de la luz y del color que existen por todas partes alrededor de él. Por lo tanto, cada ser está diferentemente afectado por los rayos solares, y la ciencia de la Astrología. una ciencia fundamental de la Naturaleza, es de un beneficio enorme para el logro del crecimiento espiritual”.

del libro "El Mensaje de las Estrellas" 
de Augusta Foss de Heindel y Max Heindel


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