sábado, 10 de diciembre de 2016

La ciencia del morir

LECCIÓN VII
LA CIENCIA DEL MORIR

La expresión “muerte” se refiere tan sólo a la forma. El espíritu no conoce la muerte. También nacimiento y muerte son términos relativos: lo que nosotros llamamos muerte es realmente un nacimiento en el mundo espiritual, y lo que llamamos nacimiento es temporalmente una muerte en el mundo espiritual.

Cada vez que hemos agotado las posibilidades de una vida particular, se hace necesario el que pasemos a esferas superiores por medio del procedimiento del morir, que se teme sin razón. En el corazón se halla depositado lo que es conocido como el átomo-simiente del cuerpo físico. Este átomo-simiente se llama en lenguaje rosacruciano El Libro de Dios, porque todas las experiencias pasadas están inscriptas en él. Este átomo especial nunca se modifica, y será llevado con nosotros a través de todas nuestras existencias futuras, formando la base de nuestra individualidad, durante toda la eternidad. La muerte se ocasiona por la ruptura de la unión entre el átomo-simiente y el corazón, después de lo cual las fuerzas inherentes del átomo-simiente, a la vez que los vehículos superiores, es decir, el cuerpo vital, el cuerpo del deseo y la mente, salen fuera por la bóveda de la cabeza. Sin embargo, un contacto con el cuerpo es mantenido por medio del cordón de plata durante aproximadamente tres días y medio.

Este cordón de plata es triple, un segmento se compone de éter, otro de materia de deseo y el tercero de materia mental, y estos segmentos están unidos a los átomossimiente de los cuerpos correspondientes. La ruptura de la unión entre el átomosimiente denso y el corazón produce el efecto que el corazón cesa de latir, pero el cuerpo no está muerto todavía, ni lo está hasta que no se rompe el cordón de plata.

En este lapso un proceso importante tiene lugar, que es la revista retrospectiva del panorama de la vida pasada, y la operación de grabar en el cuerpo de deseo las imágenes contenidas en este panorama. Durante la vida el éter reflector del cuerpo vital obra como una placa sensitiva, en la cual están recordados todos los pensamientos, emociones, incidentes y escenas de la vida. El éter que se aspira con la respiración lleva consigo estas imágenes y por medio de la sangre se imprimen en el cuerpo vital. Ellas constituyen la base de las experiencias después de la muerte.

Durante un período de aproximadamente tres días y medio después de la muerte, el ego está ocupado en concentrarse sobre este panorama, que está desarrollándose delante de él, hacia atrás; es decir, los incidentes de la última parte de la vida son los primeros que aparecen en el panorama. Si la concentración del ego es profunda y no estorbada por ruidos o molestias de ninguna clase, el grabado se hace de modo profundo y limpio, y en la vida después de la muerte, el ego estará en situación de asimilar la totalidad del valor espiritual de la vida que acaba de terminar. Pero si el ego está estorbado por emociones, los llantos y lamentaciones de los parientes, o el tumulto de un campo de batalla, su concentración es interrumpida y las experiencias de la vida pasada se graban sólo muy ligeramente o dejan de grabarse totalmente en el cuerpo del deseo. El resultado es que la vida pasada es prácticamente perdida, es decir, las cualidades espirituales que normalmente hubieran debido haberse adquirido. Por esta razón deberíamos tener mucho cuidado para que alrededor de una persona que acaba de morir haya una gran tranquilidad, de manera que esta vida retrospectiva del panorama de su vida no quede perturbada, en vista de que de esto depende el desarrollo de la conciencia y la tendencia hacia una buena conducta en las vidas futuras.

Otro proceso que tiene lugar simultáneamente es la separación de los éteres. Los dos éteres superiores, es decir el éter reflector y el de luz, mencionados en la filosofía Rosacruz como el cuerpo del alma, se separan entonces de los dos inferiores que son el éter químico y el de vida. Ellos se adhieren a los vehículos superiores y atraviesan con éstos los mundos superiores, actuando como base de conocimiento interior en estos mundos, mientras que los éteres inferiores se quedan con el cuerpo físico desintegrándose con él. Cuando hay algún alboroto alrededor del cuerpo durante el período de retrospección de la vida, esta separación profunda de los éteres no se efectúa debidamente. 

No es recomendable dar estimulantes a los moribundos, porque producen considerable dolencia al ego y ningún bien; esto quiere decir, sólo en los casos en que se ve claramente que la vida no puede prolongarse más que algunas horas o días. Los estimulantes hacen volver violentamente dentro del cuerpo a los vehículos superiores, y mantienen la agonía del individuo durante horas y días, mientras que de otro modo pudiera extinguirse relativamente con poco sufrimiento.

Después de la muerte, el cuerpo debiera ser colocado en una envoltura de hielo durante un período de no menos de tres días y medio.

Se debería evitar el embalsamamiento, porque interfiere con la retrospección panorámica. Igualmente se debería evitar la cremación durante este período, porque el ego está aún en contacto con el cuerpo por medio del cordón de plata, y hasta cierto punto, aunque limitado, nota dolor como resultado de cualquier mutilación del cuerpo.

Una cremación prematura disipa los éteres y destroza el recuerdo panorámico que contienen. Sin embargo, después del período de tres días y medio la cremación es de aconsejar, porque desintegra el cuerpo físico y los dos éteres inferiores con su magnetismo residual, dejando así al ego en libertad completa para pasar enseguida a los mundos suprafísicos.

En el caso de enterramiento, el magnetismo del cuerpo y los éteres inferiores tienen al ego ligado a la tierra durante un tiempo variable; generalmente hasta que la descomposición ha llegado a un estado avanzado y está completa. Así, en algunos casos, se ocasiona al ego un retraso de años.

Conociendo los hechos que se refieren a la muerte según lo determina la ciencia oculta, y utilizando este conocimiento, podemos prestar un gran servicio a aquellos amigos y conocidos nuestros que mueren antes que nosotros. Igualmente podremos dejar instrucciones para que, cuando nos toque morir, se nos preste el mismo servicio a nosotros.


del libro Temas Rosacruces UNO 
 publicado por Estudiantes de la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel


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