jueves, 5 de julio de 2018

Qué hacen los trabajadores del cerebro - Capítulo 15 - vídeo en facebook -


QUÉ HACEN LOS TRABAJADORES DEL CEREBRO 

Cuando un arquitecto decide construir una catedral o una gran construcción, si él no aprueba el trabajo de los obreros a cargo de la tarea, él los despide y toma otros nuevos. Esto no se puede hacer con los trabajadores del cuerpo humano. Si los trabajadores del Templo viviente no hacen bien su trabajo, la culpa no es de ellos, pero sí es tuya. Si los dañas o los destruyes, no puedes reemplazarlos por otros trabajadores; no hay otros capaces de realizar este tipo particular de actividad. 
Cada célula en el cuerpo tiene su lugar y su tarea específica. Sólo puede hacer aquello para lo que fue creada y si se daña o muere, su trabajo ya no podrá ser hecho. Sus colegas intentarán todo lo posible para compensarlo, pero ciertamente no lo podrán reemplazar. 
Las células nerviosas controlan todas las otras células del cuerpo. Ellas representan la sede de los trabajadores del Templo. La mayoría están en la gran oficina central: el cerebro. Muchas otras, sin embargo, están ubicadas en la médula espinal y en otros centros nerviosos de todo el cuerpo. Incluso la parte más pequeña e insignificante del Templo tiene su minúscula oficina de telecomunicaciones y su plantel de operadores leales. 
Cada célula nerviosa es un operador y controla su fibra, o su hilo blanco plateado. Algunos hilos son cortos, otros tienen varios centímetros de largo, otros todavía alcanzan o exceden el metro de longitud. Estos cables son diferentes de los cables de telégrafo. El mismo hilo que lleva un mensaje al cerebro no puede seguir el camino inverso. Una pequeña oficina telegráfica recibe el mensaje y otra oficina responde. Los operadores, o sea las células nerviosas individuales, estiran los brazos y se tocan unas con otras, de esta manera, hacen posible el intercambio de mensajes. 
La gran oficina central, el cerebro, se divide en diferentes compartimentos o centros. Cada centro lleva a cabo un trabajo específico. Así, un grupo de células nerviosas se encarga de recibir todos los mensajes a través del ojo. Otro grupo los recibe del oído. Y cada uno de los cinco sentidos hace su anuncio a una parte del cerebro. Cada movimiento del cuerpo es la coordinación de un centro llamado centro motor. 
Ninguna otra oficina de telecomunicaciones puede competir con la del cuerpo humano en la puntualidad de la respuesta. La enorme y ocupada oficina del sistema de Western Unión (empresa internacional de servicios financieros y de comunicación) no lleva a cabo en un año, tanto trabajo como el que hace tu cerebro en un día. Millares de mensajes diferentes pueden llegar o salir diariamente del cerebro. 
Todos los mensajes entrantes llegan al instante, clasificados e insertados en el cuadro correspondiente. Una pregunta rápida es contestada de inmediato, de lo contrario la respuesta permanece en su caja de solicitudes para ser utilizada más tarde. Lo que sucede en esta maravillosa oficina, incluso ante los actos más simples, es algo sorprendente.
Por ejemplo, imagina tocar el piano. Piensa ahora en todos los grupos de células nerviosas que están trabajando lo mejor posible para ayudarte. Los nervios ópticos llevan al cerebro (a lo largo de la gran trayectoria óptica) las imágenes exactas de las notas musicales. El grupo de las células en la parte posterior del cerebro reciben estas imágenes y entran en comunicación con otro grupo de células que clasifican las notas. 
Este último grupo de células en el frente del cerebro decide qué teclas en el piano corresponden a las notas escritas en el pentagrama. La oficina a la que pertenece este grupo luego llama a los centros motores y pide recibir los pedidos relacionados con los músculos más apropiados para que ciertos dedos de los pies toquen ciertas llaves. En este punto, la presión de tus dedos sobre las teclas produce un sonido. Este sonido llega a los oídos y es llevado por los nervios hasta el centro auditivo. 
Tanto el centro auditivo, como el centro óptico, devuelven los sonidos al centro intelectual en la parte frontal del cerebro. Allí se decide si el sonido fue correcto o no y se envían nuevas órdenes dependiendo del caso. Todo esto sucede en un segundo mientras estás tocando una sola nota. ¡Imagina la actividad de un gran músico mientras toca una sinfonía de Beethoven! Entonces, puedes ver cómo todos los pequeños trabajadores del cerebro trabajan juntos, tanto como todos los diversos centros nerviosos, en perfecta armonía. Esto no quiere decir que trabajen independientemente de ti; todos trabajan a tu servicio y obedecen tus órdenes. Así como todas las células del cuerpo trabajan al servicio de los mismos centros nerviosos. 
Afortunadamente, hay un proceso de aprendizaje celular que evita tener que seguir repitiendo la misma orden en la misma célula. Tú sabes de hecho perfectamente, que después de haber hecho cierta acción una vez, ésta se hace más fácil de poder repetirse. Lo mismo sucede con los pequeños trabajadores del cuerpo. Ellos trabajan muy rápidamente. Pero si haces sonar una vez a las células nerviosas una nota equivocada, la segunda vez será más fácil tocar esa misma nota en lugar de la correcta. Tantas veces como toques la nota inadecuada, será más fácil para ellas continuar reproduciéndola. Si el error no se corrige de inmediato, de modo que las células nerviosas se acostumbren a tocar la nota correcta, a la larga será casi imposible hacer una corrección y tus dedos tocarán siempre esa nota fuera de lugar. 
Conocí a un chico que solía entrecerrar los ojos por diversión. Él había acostumbrado a ciertas células para cerrar los ojos en cualquier momento que quisieran. Después de un tiempo, esas células hicieron que sus ojos se entrecerraran independientemente de la orden, si lo querían o no. Habían tomado un hábito que el chico ya no pudo corregir. 
El cerebro de un niño pequeño es como un gran bosque fronterizo a través del cual es muy difícil llevar mensajes en ambas direcciones. Los trabajadores del cerebro aún son inexpertos. Los centros del lenguaje son capaces de producir sólo gritos. Los centros motores aún no aprendieron nada sobre su trabajo. Decir la primera palabra es como crear un nuevo camino a través del bosque. Pero la segunda palabra sigue el camino de la primera y así se forma un sendero. Lo mismo ocurre con los primeros pasos.
El bebé se cae muchas veces antes de que las células nerviosas del movimiento hayan aprendido bien su trabajo. Cuando el niño intenta caminar, no piensa en nada más; toda su mente se centra en una cosa y así sus células motoras se activan para el trabajo. Cuando han aprendido a realizar su función o se han acostumbrado al movimiento, el niño camina sin pensarlo. Luego se dice que el niño ya camina automáticamente. 
Cuando caminas, ciertamente no piensas en tus pies o los músculos de las piernas o en las células de tu nervio motor. Normalmente no lo haces: puedes caminar durante horas, pensando en todo lo que quieras, sin prestar ninguna atención a tus pequeños trabajadores del cerebro. Imagina, por ejemplo, hacer un viaje al campo e ir a caminar por un prado. Tus células nerviosas de visión están ocupadas admirando la vista. Tus células nerviosas auditivas se destacan almacenando sonidos. Tus células nerviosas olfativas registran olores. Tus células nerviosas del tacto están clasificando mensajes de rocío en tú piel o de la picadura de una ortiga. Las células nerviosas del movimiento te están haciendo caminar. 
Sin embargo, para ti, la acción de caminar es inconsciente. Tus células nerviosas del movimiento te llevan a donde quieras. Toda tu atención está concentrada en las bellas imágenes, en los dulces sonidos, en los olores intensos, en el contacto balsámico con la hierba. Te sientes cada vez más absorbido por los árboles, las nubes, las flores, el ruido de una corriente, el canto de los pájaros, el sonido del cencerro de una vaca que está lejos, olores intensos y la frescura limpia del aire. 
Inmediatamente, tus células nerviosas auditivas te advierten de un extraño ruido. Levantas los ojos y tus células nerviosas de la vista te informan que un toro furioso está cargando directamente hacia ti. No admiras el panorama, ni escuchas más los sonidos o los olores. Tus nervios de la vista, de la audición y del olor dejan de funcionar inmediatamente y toda la atención se transfiere instantáneamente a tu centro motor. Cada célula nerviosa del movimiento, que hasta entonces habías usado para caminar, ahora están escuchando atentamente los mensajes que provienen de tu Sancta Sanctorum. 
En ese momento no te mueves automáticamente, no caminas sin pensarlo: ¡estás corriendo! Y no lo haces inconscientemente. Durante esa situación de peligro, no dejas que tus células nerviosas te lleven a donde quieran. Tu mente está completamente enfocada, desarraigada para llegar a la cerca lo más rápido posible, tan rápido como cuántos millones de células motoras puedan hacerlo. ¿Serás capaz de superar la valla? Esto depende de lo bien que hayas entrenado a tus células nerviosas del movimiento. Una vez que llegues con seguridad, descansas en el césped. Incluso tus células, que también son baterías eléctricas pequeñas y perfectas, se relajan. 
Cada una de las células nerviosas del movimiento es una batería eléctrica que genera fuerza o corriente nerviosa. La corriente nerviosa se almacena en las células mientras duermes o descansas y están listas para ser usada en el momento de más necesidad. Cuando quieres usar un cierto músculo, la célula libera una corriente que pasa por las fibras nerviosas a una velocidad de unos 42 metros por segundo. Cuando la corriente nerviosa alcanza una fibra muscular, produce una pequeña reacción en la sustancia contenida en el músculo y lo hace funcionar, produciendo una contracción. El trabajo de los músculos consiste precisamente en contraerse y en relajarse.
Si la fibra nerviosa que alcanza un cierto músculo es rota o destruida, el músculo ya no puede moverse, no importa cuán fuerte y perfecto haya sido previamente. Los cables que lo conectaban a la oficina central fueron cortados y la orden de moverse, impartida por el cerebro, no puede alcanzarse más. Hay mucha información que podría darte sobre estos increíbles trabajadores, mas espero que la curiosidad producida al leer estas páginas, te incentive para profundizar el tema en forma autónoma.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
*


Cómo se capacitan los trabajadores del cerebro - Capítulo 16 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 16 
CÓMO SE CAPACITAN LOS TRABAJADORES DEL CEREBRO 

Aunque los pequeños trabajadores del cerebro son simples células nerviosas, la futura belleza del Templo, depende completamente de cómo hayas entrenado a tus respectivos trabajadores. Un bebé recién nacido en una cuna, que patea y emite sólo gemidos, puede estar más ocupado que tú. Todas sus energías están trabajando duro para tratar de enseñar a las células nerviosas jóvenes sobre sus tareas. Cada vez que el bebé hace un nuevo movimiento o hace un sonido nuevo, nuevos grupos de células nerviosas han sido llamados al trabajo. 
Te das cuenta de que día a día el niño hace movimientos más controlados y emite sonidos más comprensibles. Como se expresó anteriormente, las células nerviosas, como cualquier otro trabajador, aprenden sus tareas con la práctica. Sin embargo, dichas células no son capaces de pensar, ellas no pueden saber qué hacer al principio, pero pueden recordar lo que les dices. 
Algunas veces ellas recuerdan aún más y mejor de lo que imaginas. Esto pone toda la responsabilidad en ti, pues las células nerviosas recuerdan exactamente todo lo que les hayas enseñado. Cada célula nerviosa es capaz de aprender sólo una tarea y, desde ese momento, debe funcionar de la manera que quieras. Si quieres que ella detenga sus deberes, debes entrenar a otras células nerviosas para hacer el nuevo trabajo de la manera correcta, aislando e ignorando la anterior célula, que sin embargo continuará haciendo su trabajo incorrecto por un cierto período, sin haber recibido alguna orden, pero pronto se desalentará y detendrá su actividad. 
Será mucho mejor para ti haber perdido algunas células que hicieron mal su tarea, pero será aún más útil entrenar correctamente tus células desde el principio, para que crezcan fuertes y capaces de hacer su trabajo mejor. Los pequeños trabajadores del cerebro que están en el Templo viviente, no sólo hacen el trabajo que han aprendido, sino que también crean caminos en el cerebro, a través de los cuales los mensajes pueden entrar y salir. 
Estos caminos se crean en la sustancia del cerebro, y es fácil seguirlos como un tren sigue los rieles, por lo que es imposible que el mensaje no llegue a su destino. Los caminos más transitados son los que poseen autonomía, es decir, todos esos movimientos realizados sin la necesidad de impartir órdenes directas, como caminar, correr, vestirse y lavarse. En tales casos, tus células nerviosas están haciendo su trabajo sin recibir tus órdenes particulares, simplemente van siguiendo tus hábitos. Si algo los interrumpe, quedan esperando nuevas órdenes. Tú puedes inmediatamente notar algo diferente si tienes que dar órdenes que no son las habituales. 
Por ejemplo, una persona alcohólica ha trazado caminos profundos de hábitos dañinos en su propio cerebro. Sus células nerviosas de olor y sabor han requerido un largo tiempo para enviar mensajes en el camino de dar alertas de riesgo, pero que ahora ya no hace ni aun recibiendo otros mensajes enviados por cualquier otra ruta. Si tu mente, en tu Sancta Sanctorum, pudiera enviar un ‘no’ cuando esas células nerviosas claman que ‘sí’, tal negación debería ganarse su propio terreno pero a través de superar enormes obstáculos. Por el contrario, el camino que suelen perseguir está ya muy facilitado. Esta es la razón por la cual sólo unos pocos alcohólicos son capaces de abandonar su vicio. 
Las vías o caminos que las células nerviosas crean en tu cerebro hasta los veinticinco años, determinan en gran parte tu personalidad. Determinan qué tipo de hombre o mujer serás en la vida y qué tipo de Templo viviente construirás. Cuanto más joven eres, más fácil te resulta darle forma a estos caminos según tus gustos. Los primeros hábitos que se adquieren tienen la mayor influencia en la vida. 
Si quieres disfrutar de la música cuando seas un hombre adulto, tendrás que aprender a apreciarla mientras seas un niño. Si deseas hablar bien el idioma cuando seas grande, tendrás que ejercitar las respectivas células nerviosas adecuadamente cuando aún seas joven. Si deseas repeler las tentaciones de los sentidos, debes crear una ruta para el ‘no’ en tu cerebro y tienes que hacerlo lo antes posible. 
¿Sabes por qué algunos de tus compañeros pueden recordar cosas mejor que tú? Debido a que sus células nerviosas han sido entrenadas mejor que las tuyas. Al tomar fotos, los fotógrafos son muy cuidadosos de tener una buena exposición, para no obtener una foto borrosa. Lo mismo ocurre con las fotos tomadas por la cámara viviente: el ojo. Si las imágenes no están bien grabadas, se desvanecen. 
Un niño puede observar una palabra varias veces y olvidarse de ella inmediatamente. Otro la mira por unos segundos y la recuerda. El primero ha observado la palabra sin ninguna atención, sin dar la exposición suficiente. La imagen de su cerebro fue vaga y por ello desapareció de inmediato. El segundo chico, en cambio, se concentró completamente en la palabra, observándola con cuidado y por ello la imagen se ha mantenido clara y definida, sin desvanecerse, lista para ser recordada a través de la memoria en cualquier momento. 
Es importante comenzar inmediatamente a enseñar a las células nerviosas la investigación de lo hermoso y útil, porque los efectos de estas enseñanzas serán visibles en el curso de la vida; si se ha perseguido algún camino negativo, cuando esté allí se dará cuenta de esto pero será demasiado tarde. 
Durante la madurez, cuando cierras los ojos y preguntas a las células de la vista que te muestren imágenes de tu infancia y juventud, ellas te mostrarán tu vieja casa, la cara de tu madre, el jardín donde solías jugar, el edificio y el escritorio de tu escuela entre otros recuerdos. Si estas imágenes se cargaron con sentimientos de alegría, amor y paz, serás feliz. 
Con el tiempo, cuando te acuestes en el sillón y preguntes a tus células auditivas para desempolvar cuánto han archivado, sin duda serás feliz si fueras capaz de escuchar nuevamente palabras amables, voces sinceras y recordar bellas melodías. Las pequeñas células nerviosas del cerebro han almacenado en la memoria todo lo que has visto, escuchado, gustado y olido, tocado o pensado y lo que hayas estudiado, aprendido o hecho desde el primer día de tu vida. 
Pero no archivaron lo que no aprendieron ni les enseñaron. Si no has aprendido a leer, escribir, hablar, tocar instrumentos musicales, usar herramientas, a lanzar una pelota acertadamente, o a coser bien y rápidamente, si no observaste bellas imágenes o no escuchaste buena música, si no has aprendido a auto controlarte y a amar la verdad, si no has comprometido a las células nerviosas de tu cerebro en estas actividades cuando aún eras joven, no podrás hacerlo más cuando hayas envejecido: será demasiado tarde. El refrán dice: "¡No puedes enseñarle trucos nuevos a un perro viejo!". 
Las células nerviosas, al igual que todos los demás trabajadores, tienen que ser capacitadas, de lo contrario, ellas no pueden crecer. Si no las utilizas, se desgastan y luego pueden perder su habilidad para trabajar. El topo ha vivido bajo tierra durante tanto tiempo que se ha vuelto casi ciego. Se dice que los peces que viven en una gran caverna sin luz, no tienen el don de la vista. 
Si no usas tus músculos, se debilitan más y más hasta que se vuelven inútiles. Lo mismo sucede con las células nerviosas. Tienes que hacer que trabajen cuando todavía te sientas joven y fuerte. Tienes que poner muchos grupos diferentes de trabajadores en el trabajo, para cuando desees tenerlos listos para servirte durante tu madurez y vejez. 
Además, las células nerviosas se cansan: pierden la forma, se encogen, retroceden sus brazos y piernas y se niegan a comunicarse con otras células. En pocas palabras, se comportan como cualquier otro trabajador cansado. Incluso si no es estimulada, su energía es de corta duración. Tales pequeños trabajadores son entrenados por ti. Los hábitos que ellos tienen, muestran lo que en verdad eres, lo que han sido tus pensamientos y tus deseos en el pasado, y lo que son ahora. En la práctica, revelan tu carácter.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
*

Trabajadores del sistema simpático - Capítulo 17 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 17 
TRABAJADORES DEL SISTEMA SIMPÁTICO 

Hemos visto cómo todas las células pequeñas del cerebro trabajan juntas, cada una con una ubicación y una tarea precisas. Todas las células del cuerpo trabajan fielmente, cada una concentrada en su propia tarea. Si un grupo de trabajadores está enfermo, todos los otros grupos participan del sufrimiento, tratando de prestar su ayuda, tal como lo haces con tus seres queridos afectados por alguna enfermedad. 
Hay una clase de trabajadores cuya tarea específica es ser solidarios: deben ayudar a otros trabajadores para que hagan su trabajo y ayudarles aun cuando tú estés cansado o dormido, por lo que el trabajo en el Templo viviente puede proseguir con regularidad. Estos trabajadores son los nervios del sistema simpático. 
La parte principal de este sistema consiste en dos cordones formados por fibras nerviosas que comienzan en el cuello y se dirigen hacia abajo, uno a cada lado de la columna vertebral. En su camino esos cordones tienen protuberancias, que corresponden a veinticuatro estaciones de clasificación de información: son los ganglios simpáticos centrales. Recuerda que la médula de la espina dorsal, comenzando por el cerebro y fluyendo dentro de la red troncal vertebral, representa la línea telegráfica principal del Templo viviente.iv 
La médula espinal y los dos cordones del sistema nervioso simpático, forman tres canales que se orientan a lo largo de la columna vertebral, dos afuera y uno adentro. En cada una de las citadas estaciones de clasificación, los nervios externos (sistema simpático) se conectan con la médula espinal (sistema central) por medio de pequeñas fibras nerviosas. Otros nervios se extienden para llegar a los ganglios del corazón, los pulmones, el hígado, los riñones y los intestinos. 
El Arquitecto del Templo creó a los trabajadores del sistema simpático para garantizar que la mayoría de las tareas necesarias para nuestra supervivencia, se lleven a cabo sin nuestra intervención directa. Los trabajadores del sistema simpático, realmente tienen tareas muy importantes, tales como la de gestionar la circulación de la sangre y los procesos de digestión y asimilación de los alimentos, así como la de ayudar al corazón a latir y a los pulmones a llenarse de aire. 
Todo el trabajo en el cuerpo, que es llevado a cabo sin necesidad de recibir órdenes expresas de la oficina central, es realizado especialmente por estos trabajadores del sistema simpático. Por medio de ellos, Dios está trabajando mientras dormimos. Hay trabajadores de dicho sistema en cada arteria, vena o vaso capilar. De hecho, es parte de su trabajo asegurar que la sangre fluya regularmente por todo el cuerpo. Se las arreglan para regular el flujo sanguíneo al agrandar o estrechar los capilares, de modo que el fluido vital corra en abundancia o de una manera reducida, según sea necesario.
Si nos encontramos en un ambiente frío, los mencionados trabajadores, contraen los conductos de la sangre que, por lo tanto, es expulsada. Luego, cuando cesa el frío, la circulación se reanuda normalmente. En cambio, en un ambiente cálido, los capilares están relajados y una mayor cantidad de sangre llega a la piel. Si colocas un cubito de hielo en una mejilla, la verás palidecer de inmediato, pues los capilares sanguíneos se reducen y por ello la sangre se aleja de esa área. Al mismo tiempo, cuando retiras el hielo, la piel recupera su color natural, ya que la sangre vuelve a fluir y tal vez incluso, en mayor cantidad. Si sumerges una mano en agua hirviendo, puedes ver que de inmediato se sonroja, sólo porque los trabajadores del sistema simpático han hecho que fluya más sangre en esa dirección. 
Detrás del estómago hay un considerable grupo de nervios del sistema simpático: algunos van y otros vienen de los diferentes órganos que componen el cuerpo. Este grupo de nervios integran el denominado plexo solar o ‘cerebro abdominal’. Incluso cuando tu cerebro está en reposo, el plexo solar y todos sus pequeños trabajadores, están despiertos y ocupados: proporcionando directrices y acciones bajo la dirección del Gran Arquitecto. 
Si pierdes los sentidos en un accidente, sólo los trabajadores principales del cerebro detienen su actividad, junto con los nervios de la vista, del oído, del olfato, del gusto, del tacto y de los nervios motores. Pero los pequeños trabajadores del sistema simpático, no están en absoluto perturbados por el accidente. Continúan su trabajo con fidelidad y perseverancia, haciendo latir el corazón, la respiración, la circulación de la sangre y finalmente, completan los diversos procesos de la digestión. 
Cuando tienes la intención de construir una casa, todo lo que tienes que hacer es elegir el lugar, reunir los materiales de construcción, aprobar el proyecto de la vivienda y comprometerte a pagar todos los gastos que se originen. Esto es lo que sucede en la construcción o reparación de tu cuerpo. Luego de poner la comida en la boca, la masticas muy bien y la tragas, de ahí en adelante ya no puedes ejercer ningún control. En este punto, intervienen los trabajadores del sistema simpático proporcionando los jugos gástricos y controlando todos los procesos relacionados con la digestión, siempre que los nutrientes puedan ser absorbidos por la sangre. 
Aunque puede parecer que los pequeños trabajadores del sistema simpático tienen completa independencia, el hecho es que pueden ser influenciados por el cerebro principal. Son tan solidarios contigo que afectan tus estados de ánimo y mental. Si te sientes saludable y feliz, activo y lleno de esperanzas, los pequeños trabajadores actúan de una manera brillante y enérgica. Si en cambio estás enfermo o preocupado, estos pequeños trabajadores lo advertirán y por ello no trabajarán en condiciones óptimas y su trabajo será más lento y menos preciso. 
Puedes hasta llegar a reducir las tareas de estos pequeños trabajadores, por lo que cuando atraviesas un mal estado físico o emocional, se dificulta el desempeño de sus funciones. Si aún sano, crees que estás afectado por alguna enfermedad, su trabajo se verá tan negativamente afectado por esta idea ¡que correrás el riesgo de enfermarte realmente!v. Pero si tu pensamiento es positivo y libre de sentimientos negativos, los pequeños trabajadores te ayudarán valientemente, incluso cuando estés en realidad enfermo.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.

vídeo en facebook, aquí
https://www.facebook.com/rosacruces.acuarianos/videos/1097395187092431/

*

Cómo cuidar a los trabajadores del sistema nervioso - Capítulo 18 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 18 
CÓMO CUIDAR A LOS TRABAJADORES DEL SISTEMA NERVIOSO 

En La construcción del Templo del cuerpo humano, lo más importante consiste en mantener saludables a todos los pequeños trabajadores, muy especialmente a las células cerebrales. Seguramente sabrás que si faltan los gerentes en una empresa, se crea una gran confusión y el trabajo se retrasa e inclusive se interrumpe. Las células del sistema nervioso son las responsables de la fuerza de trabajo del Templo, ellas controlan cada músculo y cada órgano. Si se corta un nervio o un músculo, separados de su propio centro neurálgico de control, estos dejan de funcionar y se atrofian. Si las células nerviosas no se nutren y entrenan en el camino o si no descansan adecuadamente, se cansan e irritan. 
Por lo tanto, para la realización y operación del Templo, es muy importante cuidar a todos los trabajadores del sistema nervioso, que deben tener alimentos saludables y nutritivos, porque consumen energía más que cualquier otra célula. Esta energía es provista por las comidas y bebidas, además del aire y el sol. Si no les brindas a las células nerviosas comidas sanas, no puedes tener energía suficiente. Si por el contrario, les falta el alimento adecuado, pueden sufrir graves daños, se vuelven perezosas y se niegan a trabajar. 
Entonces nos podemos dar cuenta de que existen vínculos muy estrechos entre lo que comes y tu estado físico y mental. Incluso tus pensamientos dependen de las comidas y bebidas que ingieres. Los mejores alimentos que pueden proporcionar energía para los pequeños trabajadores del cerebro, son los cereales y las frutas frescas y secas. La mejor bebida es el agua. Para los pequeños trabajadores del cerebro, también es necesario que respires aire puro. Cada vez que dilatas los pulmones y respiras profundamente, proporcionas nueva vida a los millones y millones de trabajadores fieles del cuerpo. 
Si no comes alimentos saludables, si comes demasiado o en forma muy apresurada, si inhalas aire poco saludable o bebes agua contaminada, de esa manera maltratas a los trabajadores del sistema nervioso, así que debes consumir sólo buenos alimentos, si deseas continuar exigiendo de ellos un buen trabajo; igualmente no pueden trabajar en una atmósfera pesada mejor de lo que puedes hacerlo tú mismo.
Un maestro no pensaría ni remotamente en envenenar a los trabajadores de su jardín, pero la mayoría de la gente continuamente suministra venenos a los pequeños trabajadores del cerebro. El tabaco es el veneno más común administrado a las células cerebrales. Es muy bien reconocido el vicio, pero se continúa fumando por hábito. Desafortunadamente, en muchos países, jóvenes y adultos, fuerzan cada vez más sus propias células del cerebro para asimilar los humos venenosos del tabaco que destruye y mata las células nerviosas. Si fumas no puedes escribir con la misma mano firme tal como lo hace quien no fuma. 
A veces también debilita el nervio óptico y oscurece la vista. Daña las células que almacenan imágenes e impresiones, de modo que la memoria sufre serios daños. Mantengamos a los pequeños trabajadores del cerebro sin dormir y de esa manera obstaculizaremos seriamente su tan necesario descanso. 
Otro veneno para los nervios es el alcohol que está contenido en la cerveza, en los vinos y licores. El alcohol reduce las células nerviosas, acorta sus brazos y entumece las piernas. Con el tiempo destruye el poder de acción y te convierte en un inútil. De esta forma el alcohol debilita el poder del sano juicio reduciendo el poder del autocontrol, engañando a la mente y arruinando la belleza del Templo viviente. 
El alcohol es un veneno sutil que debilita los nervios y mientras más se depende de él, se hace cada vez más demandante hasta que se convierte en un hábito. Un camino se ha abierto en el bosque y luego ya no se puede decir “no”. 
Muchos hombres han perdido una gran fortuna, porque sus pequeños trabajadores del sistema nervioso estaban tan envenenados por el alcohol, que ya no pudieron ayudar con su gran trabajo. 
El alcohol también ha causado la muerte de cientos de personas porque sus células nerviosas estaban tan envenenadas por esta sustancia, que no eran capaces de administrar el complejo trabajo requerido por el Templo viviente. Otras personas han sufrido terriblemente por enfermedades contraídas e incluso muertas, porque sus células nerviosas estaban locas debido al alcohol. 
El tabaco y el alcohol son los dos ladrones y asesinos que deben mantenerse absolutamente siempre lo más lejos posible del Templo viviente. Sólo de esta manera no pueden ejercer ninguna influencia ni dañar a los trabajadores del cerebro y del cuerpo físico. Al igual que cualquier otro trabajador, los trabajadores del cerebro requieren el tan necesario descanso. Cada pensamiento, cada movimiento, cada orden que reciben, causa fatiga en algunas células nerviosas, lo que crea alguna incomodidad en su estructura. Si no remedias estos desequilibrios, las células se debilitan y realizan mal sus tareas. 
Para las células nerviosas el mejor momento para recuperar energías es durante el acto de dormir, ya que su intervención no es necesaria para esta actividad. Los trabajadores del sistema nervioso simpático están bajo control y se supone que las células nerviosas están descansando y al mismo tiempo, recuperando energías para el trabajo del día siguiente. 
Si el sueño es profundo y saludable, ciertamente que están recuperando energías, pero si te acuestas agitado o luego de una cena abundante, el descanso no será reparador y las células nerviosas no podrán relajarse como debieran. Los niños y los adolescentes necesitan más horas de sueño en comparación con las personas mayores. Esto se debe al hecho de que las pequeñas células nerviosas no sólo hacen su trabajo, sino que también crecen en fuerza y tamaño. 
Siempre ten en cuenta que nada es tan especial como dormir bien para beneficiar la salud y la fuerza del sistema nervioso. Sin dormir, las células nerviosas no pueden restaurar las fallas del organismo, no pueden producir nueva energía, se cansan y se hacen incapaces de trabajar. Cuando estás demasiado cansado, no puedes moverte rápidamente, tus pensamientos son lentos, no puedes recordar nada, estás impaciente y de mal humor. Cuando tienes un sueño reparador, puedes manejar mejor un día entero de trabajo intenso, porque tus células nerviosas han trabajado bien, se recargan con nuevas energías, estando ansiosas de poder utilizarlas. Lo que parecía imposible de realizar la noche anterior, por la mañana resulta muy fácil de hacerlo. Eres feliz, estás lleno de vida y espíritu. Las células nerviosas necesitan descansar todo lo necesario para el trabajo siguiente. 
El trabajo las fortalece y al consumir energía la requieren más y más, siendo ésta la causa de tu gran apetito. Cuanto mejor funcionen las células nerviosas, por añadidura, todas las demás células funcionan bien. Cuanto mejor trabajen todas las células pequeñas del cuerpo, más hermoso y completo se vuelve el Templo viviente. 
Cuantas más células nerviosas hacen su trabajo, ellas son más capaces de hacerlo mejor y mientras mejor lo hagan te puedes mover en forma más armoniosa, más correcta y despreocupadamente puedes hablar y pensar, siendo más perfectos los resultados generales. Si cuidas de los pequeños trabajadores del sistema nervioso, si les brindas la comida adecuada y los dejas descansar lo suficiente, si no los envenenas ni los mantienes despiertos cuando en realidad debieran dormir, no hay ningún peligro de que se fatiguen en exceso. 
Trabajar duro es parte de su naturaleza, pero no pueden funcionar por un tiempo demasiado largo en un proyecto. Por esta razón, después de un estudio intenso, es mejor salir al aire libre, correr, jugar, cortar madera, en lugar de sentarte frente a la ventana para leer algo: si haces esto, de hecho, continúas haciendo que las mismas células que antes te ayudaron tanto prosigan con su trabajo. 
Si haces diferentes actividades al aire libre, las células cansadas, pueden descansar, mientras que aquéllas que no han trabajado, tendrán la oportunidad de utilizar tu propia energía para hacerlo. Cambiar de actividades es el mejor método para que se recuperen las células nerviosas. Si los constructores de una obra en ejecución comienzan a discutir entre sí, el trabajo no prospera. De la misma manera, nosotros que somos los constructores del Templo viviente, debemos estar en armonía, con el divino Maestro Arquitecto, ya que de lo contrario, el trabajo no podrá continuar y cuanto más te convenzas a ti mismo de que es absolutamente necesario estar en armonía con ÉL, tanto más hermoso y perfecto será el resultado de tu vida. 
Una mente en armonía con Dios, estará siempre libre de toda angustia, miedo e ira. Nada daña tanto a las células nerviosas como la angustia. Intenta imaginar la angustia de un cordero temeroso de morir frente a un lobo. Es posible que la angustia pueda dañar a las células nerviosas sin remedio. También la angustia retrasa la digestión, interfiere con la actividad del corazón, impide el sueño normal y hace la vida infeliz. El miedo es similar a la ansiedad, por lo que transmite al cerebro y a todos los trabajadores del cuerpo un gran daño. Está escrito en el Evangelio que el amor perfecto ahuyenta el miedo. 
Si estás en armonía con Dios, estos enemigos de la salud no pueden entrar al Templo. La ira, como el alcohol, perjudica mucho a las células del cerebro y a veces las mata. Conocí a una mujer que tenía un gran resentimiento por un hombre. De pronto, un vaso sanguíneo penetró en su cerebro provocándole una caída con el cuerpo inconsciente; luego de cuatro días falleció. Si estás en armonía con Dios y confías en Él, tendrás amor, esperanza y fe, de modo que podrás inspirar bien a los pequeños trabajadores del cerebro. Por el contrario, si alimentas la ira, el miedo y la angustia, sólo lograrás desalentarlos. 
La fe, la esperanza y el amor, siempre te estimulan para trabajar mejor y de la misma manera, esto también beneficia a todos los pequeños trabajadores de tu Templo viviente.

del libro
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
*

miércoles, 4 de julio de 2018

La Fuente Viviente - Capítulo 19 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 19 
LA FUENTE VIVIENTE 

Todos nosotros seguramente habremos leído historias de fuentes mágicas. A veces se encuentran en lugares encantados. A veces están escondidas en un baúl. A menudo presentan algunas cosas extrañas o están hechas con piedras preciosas o hechas con forma de flor o animal. A veces es posible ver un elfo o un genio que forma parte de la fuente. Pero tales historias son cuentos de hadas y no corresponden a la realidad cotidiana de nuestras vidas. Sin embargo, hay una fuente muy hermosa dentro del Templo de tu cuerpo llamada corazón. En verdad no luce como una espléndida construcción de mármol: es simplemente un músculo hueco, con una forma similar a la de una pera o un cono, encerrado en un pequeño recipiente. Pero el trabajo que esta fuente realiza y las tareas que cumple dentro del Templo viviente, compensan ampliamente su aspecto casi insignificante. 
Las dimensiones del corazón son aproximadamente las de un puño: un recién nacido tiene un corazón muy pequeño, mientras que un hombre adulto tiene un corazón correspondiente al tamaño de su mano apretada. No puedes ver esta fuente viviente, pero puedes escuchar su música colocando tu oreja sobre el pecho de otra persona: el extremo pequeño del corazón, el ápice, se encuentra en el lado izquierdo de la caja torácica, entre la quinta y la sexta costilla. A veces el latido de tu corazón es tan fuerte que incluso puedes ver su movimiento. 
Cuando la salud es buena, el latido del corazón es fuerte y claro, perfectamente audible y visible. Aunque el fluido vital fluye hacia el corazón, día y noche, rápida y constantemente, esta pequeña y laboriosa fuente viviente necesita descansar, así como cualquiera otra parte del cuerpo del Templo. De hecho, requiere alrededor de quince horas de descanso diario, que se obtiene mediante los intervalos entre una contracción y la otra. Todas las partes del templo viviente necesitan descanso. 
El extremo ancho o base del corazón, se ubica en la esquina superior derecha debajo del esternón. Como el cerebro, los ojos y las orejas, esta preciosa parte del Templo viviente está expresamente protegida por paredes de hueso. Los conductos que transportan el fluido vital del organismo a la fuente, y viceversa, están conectados a su base o parte más ancha del corazón mismo. 
El contenedor que rodea el corazón se llama pericardio. El nombre deriva de cardio, de origen latino, que significa corazón y peri, o sea, alrededor. En el contenedor hay un líquido que mantiene húmedas las paredes externas del corazón, evitando la fricción con el pericardio en sí. El mismo fluido lubrica el corazón permitiendo que tenga buen funcionamiento. A veces, esta sustancia líquida puede secarse y como consecuencia cada latido causará un gran dolor.
La fuente viviente es doble: no hay conexión entre el lado derecho y el izquierdo, es como si tuviéramos dos corazones. Cada lado del corazón está dividido horizontalmente en dos espacios o habitaciones. Las dos habitaciones superiores están en el extremo más ancho del corazón y se llaman aurícula derecha y aurícula izquierda. Las dos cámaras inferiores se llaman ventrículo derecho y ventrículo izquierdo. Es decir, hay cuatro habitaciones en el corazón. 
Llegando al corazón, el fluido vital lentamente llena la aurícula derecha superior en una compuerta formada por tres válvulas pequeñas. Esta compuerta se llama válvula de tres bisagras o válvula tricúspide. Cuando la aurícula derecha ha almacenado alrededor de noventa gramos de sangre, la válvula se abre y la sangre comienza a caer en la parte inferior del corazón (ventrículo derecho). Cuando el ventrículo derecho se llena la compuerta se cierra; es como una puerta de cierre automático. 
Sólo entonces las paredes musculares comienzan a contraerse y bombean sangre en un solo conducto ancho llamado arteria pulmonar. La compuerta también sirve para prevenir cuando ocurre un reflujo de sangre. Está fijo en el lado inferior de la pared del corazón por medio de muchas cuerdas pequeñas o filamentos que la sostienen firmemente en el lugar. Cuando estas pequeñas cuerdas carnosas se desordenan y fallan para cerrar, crean una gran confusión en el cuerpo. 
A través de la arteria pulmonar, la sangre llega a los pulmones. En su entrada, tiene un color rojo oscuro pero, una vez en los pulmones, se convierte en un hermoso color rojo brillante, ya que se purifica emitiendo dióxido de carbono y cargándose con oxígeno. Posteriormente, la sangre regresa al corazón a través de cuatro diferentes conductos, llamados venas pulmonares, y entran en la aurícula izquierda, ubicada en el lado opuesto al que salió. La sangre venosa y la arterial están separadas dentro del corazón. También en la aurícula izquierda hay otra compuerta, llamada válvula mitral a través de la cual la sangre puede pasar a la cámara inferior, es decir, al ventrículo izquierdo. 
Las paredes del ventrículo izquierdo son mucho más gruesas que las del ventrículo derecho, porque tienen que bombear sangre por todo el cuerpo, mientras que las del ventrículo derecho sólo deben empujarla hacia los pulmones. El ventrículo izquierdo, de hecho, bombea la sangre con gran fuerza hacia la arteria aorta, que con sus propias ramas, lleva el fluido vital a cada parte del Templo viviente. Todo esto sucede en un tiempo mucho más rápido de lo que tardé en describirte este proceso: sólo se necesitan ocho décimas de segundo. 
La fuente viviente es mantenida por los pequeños trabajadores del sistema nervioso. Muchos de estos trabajadores pertenecen al sistema simpático. Ellos envían el fluido vital al corazón constantemente, en silencio, sin ninguna interferencia. Cuando duermes, tu corazón continúa latiendo igualmente, como si estuvieras despierto, sólo que un poco más lento. No eres tú quien le ordena latir más despacio, pero ellos son los trabajadores geniales que lo controlan de esta manera. 
Las paredes, los tanques de las fuentes y el fluido rojo que los atraviesa, son todos elementos vivos. Son hadas traviesas o elfos, cual trabajadores pequeños y fielmente constantes, células vivas que trabajan juntas desempeñando su papel en la continua construcción del Templo viviente. Obedecen a los trabajadores del sistema nervioso: los del sistema simpático y los del cerebro o sistema nervioso central. 
Ni siquiera notas que tienes un corazón hasta que surge algún problema. Si te tiras al suelo y pierdes tus sentidos, como ya te dije, los trabajadores del sistema simpático se aseguran de que el fluido vital continúe fluyendo, que las compuertas se abran, que las paredes musculares se contraigan y se relajen. Si recibes buenas o malas noticias, si tienes una sorpresa agradable o si estás enojado, los pequeños trabajadores del cerebro envían mensajes especiales al corazón para hacer que funcione más rápido o más lento, según corresponda. Quizás por esta razón, en la antigüedad se creía que la mente tenía su asiento en el corazón. Hoy sabemos que la mente está en el Sancta Sanctorum y no en el corazón, sabemos que es precisamente en el Sancta Sanctorum donde pensamos, tenemos sentimientos, amamos, odiamos, y sentimos angustia, coraje o dolor. 
La fuente viviente del Templo no es sólo el hogar de millones de trabajadores ocupados, sino también, de un gran y maravilloso genio: el poder de Dios. Este poder actúa en cada parte del cuerpo. Es el poder de Dios que da vida a cada célula pequeña y le permite funcionar. Es Dios con Su Poder que te da la vida, tu mente y el hermoso Templo viviente que se construirá para Él. Sin Su poder tu corazón no podría latir ni una sola vez y tú no podrías respirar ni una sola vez. 
A veces se compara el corazón con una fuente, otras veces con un motor o una bomba. Como bomba, el corazón es una bomba de presión. Los ventrículos bombean la sangre en las dos principales arterias; por lo tanto, se produce un vacío parcial en la aurícula derecha e izquierda y la sangre, pasando por las seis grandes venas, fluye y lo llena. 
Como motor, el corazón es una máquina simple pero maravillosa. Sin vapor, carbón, ruedas o cilindros, funciona día y noche, año tras año, setenta, ochenta, quizás cien años. En promedio, setenta y dos veces por minuto y cada vez se coloca en los vasos sanguíneos más de 180 gramos de sangre. Considerando tal promedio, se producen en una hora, al menos 4320 latidos y, en veinticuatro horas, aproximadamente 103.680. 
Como cada latido mueve al menos 180 gramos de sangre, en una hora ello equivale a alrededor de 778 kilogramos y en un día a más de 18 toneladas: todo esto por un motor que no es más grande que tu puño. El corazón, esta fuente, motor o bomba, nunca se detiene para reparaciones. 
El Gran Constructor lo ha realizado de tal manera que se renueva y mantiene constantemente, solo, sin obstaculizar el trabajo del Templo. Y como es una bomba viviente, no puede funcionar sin permitirse al menos unos breves momentos de descanso. El Gran Constructor también ha pensado en esto, como sólo un Divino Arquitecto lo puede hacer después de empujar la sangre en la aorta, en la pausa antes de la próxima contracción, el corazón descansa por cinco décimas de segundo. En veinticuatro horas, estas cinco décimas de segundo equivalen a quince horas. El corazón luego realiza nueve horas de trabajo diario y se reserva el tiempo restante para un merecido descanso.

del libro 
La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
*

lunes, 2 de julio de 2018

El fluido vital - Capítulo 20 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 20 
EL FLUIDO VITAL 

La vida de cada pequeña célula dentro del Templo Vivo depende del fluido que fluye hacia la fuente viviente. Este fluido se llama sangre. Usualmente lo consideramos un fluido denso, rojo y bastante desagradable a la vista, al punto que algunas personas se desmayan con sólo verlo. Esto sucede porque la sangre no fue diseñada para ser observada. 
Corriendo a través del cuerpo, de las venas y arterias, trae vida y salud. Pero que se desplace hacia afuera del cuerpo, a través de una herida, causa enfermedad y muerte. Si pudiéramos ver el flujo de sangre a través del cuerpo, o a través de todas las arterias y venas, si pudiéramos entender lo que hace por el Templo y por cada uno de sus pequeños trabajadores, sin duda no nos molestaría ver unas pocas gotas de este líquidovi. Deberíamos reconocer que es verdaderamente un fluido vital y que cada pequeña gota de sangre conlleva una pequeña parte de La Vida de Dios y la está transportando rápidamente a un destino que la necesita. 
El fluido vital fluye a través de cada parte del Templo viviente, excepto en la parte externa de la piel, la epidermis, y en la parte externa del ojo o córnea, en las uñas y en el cabello, los que se alimentan de un líquido llamado linfa. Si algo impide que la sangre llegue a algún lugar del Templo con su carga vital, esa parte mengua y muere en menos de dos días. 
La salud de cada célula depende de la facilidad con que la sangre la alcance. Cuanto mayor es el acceso de la sangre a la célula, mayor es su salud. El peso de la sangre es aproximadamente una decimotercera parte del peso corporal. Un niño o niña que pese treinta kilogramos tiene alrededor de un kilo y medio de sangre. Un adulto que pese 65 kilogramos tiene aproximadamente cinco kilos del fluido vivo. 
Una cuarta parte de la sangre está en el corazón, en los grandes vasos sanguíneos y en los pulmones, otra cuarta parte está en el hígado, una cuarta parte más está en los músculos y el último cuarto en la piel. De acuerdo con el plan del Gran Arquitecto, la sangre se reparte entre todas las zonas del cuerpo de tal manera que cada una tenga suficiente cantidad para hacer perfectamente sus respectivos trabajos. 
Pero en el flujo normal nunca hay suficiente sangre para llenar por completo cada parte. Cuando los trabajadores de cualquier área están ocupados, es necesario que obtengan una cantidad adicional de sangre de la que necesitan cuando están en reposo. Si estás cortando madera, tus trabajadores musculares necesitan más sangre que los trabajadores de tu sistema nervioso. Por la misma razón, luego de una gran comida, los pequeños trabajadores que se ocupan de la digestión necesitan más sangre de lo que en ese momento necesitan las células cerebrales. 
Por otra parte, el trabajo mental requiere un suministro considerable de sangre al cerebro, razón por la cual, nunca debes comenzar a estudiar inmediatamente después
de comer. Si lo haces igual, tanto los trabajadores del cerebro como los trabajadores de la digestión, exigirán más sangre al mismo tiempo y, dado que no es posible satisfacer las solicitudes de ambos simultáneamente, el envío de sangre tendrá que ser retrasado. Se te ha creado una situación análoga a la que te encuentras cuando tu madre y tu padre te llaman al mismo tiempo desde direcciones opuestas. Por lo tanto, te será imposible concentrarte de la mejor manera mientras transcurre la primera parte del proceso digestivo. 
Examinado de cerca, el fluido vital es realmente muy hermoso. Puedes darte cuenta analizando una gota de sangre bajo el microscopio. Mira primero esas pequeñas columnas móviles que consisten en cuerpos circulares, con forma de galletas, todas las cuales están alineadas una al lado de la otra. Estos son los corpúsculos o glóbulos rojos de la sangre. Lo de corpúsculos proviene del latín corpus, que significa cuerpo, combinado con la desinencia final de pequeño. 
Bajo el microscopio, los glóbulos no parecen rojos, sino más bien de un color de paja pálida. Son tan pequeños que, si ponemos trescientos uno al lado del otro o quinientos superpuestos, alcanzarían respectivamente la longitud y la altura de sólo un milímetro. En un espacio cúbico con el lado de un milímetro, puede haber cinco millones de estos corpúsculos. 
Cada uno de ellos está excavado en cada lado y tiene un borde más grueso. Los glóbulos rojos contienen una sustancia colorante llamada hemoglobina que da color a la sangre. En los pulmones, esta sustancia colorante se combina con oxígeno y transforma el color de la sangre de un rojo púrpura a un rojo más brillante. 
Al observar la sangre a través del microscopio, se pueden ver también otras células más grandes. Estos son los glóbulos blancos. Estos corpúsculos blancos no son tan numerosos como los rojos: por cada setecientos glóbulos rojos, sólo hay un blanco. Estas células blancas juegan una tarea muy importante. Podríamos definirla como la de policías que viajan en el fluido vital comprobando que ningún enemigo entre en ti. Si un germen entra en la sangre, los corpúsculos blancos lo atacan y lo destruyen. 
Cuando se luxa un tobillo o una astilla entra en un dedo, la parte afectada comienza a hincharse y a doler. El dolor es causado por la solicitud de ayuda que envían los nervios. La hinchazón es debido al flujo de sangre para remediar la dislocación o lesión. Los corpúsculos blancos se apresuran a miles para destruir los gérmenes y proteger la parte herida. Los glóbulos rojos se congregan en millones llevando comida y agua a las células debilitadas, haciendo todo lo posible para restaurarlas. Esto sucede cuando cualquier parte del cuerpo está afectada o enferma. La curación y reparación es la misión principal de la sangre. El fluido vital también incluye muchos otros cuerpos pequeños cuyas funciones y actividades aún continúan aclarándosevii. 
Alrededor del ochenta por ciento de la sangre es un fluido y este fluido se llama plasma sanguíneo. Inmediatamente después de un corte o rasguño de la piel, la sangre sale rápidamente y es de color rojo brillante. En cinco minutos se vuelve más densa, fluye más lentamente y se convierte en un rojo más oscuro. Entonces el flujo se interrumpe por completo. La sangre formó lo que se llama un coágulo, que es uno de los medios de la naturaleza para detener el sangrado. En el caso que una persona sufra un corte grande en un vaso sanguíneo importante, la sangre no alcanza a formar un coágulo suficientemente grande como para obstruir la herida, por lo cual, la sangre continúa saliendo y la persona fallece sangrando. 
El fluido vital que proviene de la fuente viviente del Templo, lleva a los pequeños corpúsculos con su carga de vida hacia cada célula que trabaja en el cuerpo. En esa carga hay oxígeno y comida. El oxígeno es cargado en los pulmones, donde fue tomado del aire que se ha inspirado. Por ello, es absolutamente necesario para la salud de todos los miles de millones de células, que en los pulmones ingrese aire fresco y puro. De lo contrario, los pequeños corpúsculos no tendrían alimento suficiente para llevar a todos los pequeños trabajadores del Templo viviente. 
Sin un suministro suficiente de oxígeno, las pequeñas células del cuerpo son atormentadas y sufren como una planta sofocada, se vuelven débiles y malhumoradas como ocurre con los niños que siempre están encerrados dentro de su casa. El oxígeno es una parte indispensable de la carga. La primera y última acción realizada por el hombre es respirar: el primer llanto de un bebé recién nacido y el último aliento de un hombre moribundo. 
Cada respiración provee de oxígeno a los pulmones, donde la sangre espera ser cargada con nueva energía de vida. Las pequeñas células respiran oxígeno mientras respiramos el aire puro; el oxígeno las restaura y les da energía. También lo usan para quemar materiales de desperdicio que acumularon con su trabajo. Cuando quieres encender el fuego en la estufa, abres la válvula de extracción, lo que permite que entre aire. Es el oxígeno presente en el aire que permite la combustión y, de la misma manera, es oxígeno presente en el cuerpo que ayuda a quemar los mencionados desechos. 
La comida para las células es otro componente de la sangre. Las células que trabajan tienen hambre y necesitan comer como lo hace la gente trabajadora. La sangre por lo tanto también contiene alimento para ellas: si la comida es saludable, la sangre también es saludable; si la comida es pobre y no nutritiva, las pequeñas células estarán desnutridas y crecerán pálidas y sin fuerza.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
*

El camino de los fluidos vitales - Capítulo 21 - vídeo, en facebook -

CAPÍTULO 21 
EL CAMINO DE LOS FLUIDOS VITALES 

Es increíble detenerse y pensar en todas las cosas maravillosas que vamos describiendo: el camino del tacto, del gusto, del olfato, de la vista y de la audición, la cámara fotográfica viviente, el instrumento musical, el sistema telegráfico, la gran cantidad de pequeños trabajadores en el cerebro y otras partes del cuerpo, la fuente viviente y el fluido vital con sus millones de capilares: todas las características presentes en cada cuerpo humano, incluso en el más pequeño. Y ¡sólo recién has comenzado a examinar las maravillas del Templo viviente! 
El fluido vital, en su flujo a través del cuerpo, alcanza cada parte de él, a excepción de las paredes exteriores. Los tubos que llevan la sangre lejos del corazón se llaman arterias, nombre debido al hecho de que el médico que las descubrió hace mucho tiempo, creía que contenían aire. Hasta el siglo XVI, poco se sabía de la sangre y la circulación sanguínea. En 1616, el físico inglés, Dr. John Harvey, descubrió la existencia de venas y arterias, que forman un circuito cerrado dentro del cuerpo, en el que fluye la sangre venosa y arterial. 
La arteria más grande es la aorta: sale de la parte ancha del corazón y se ramifica hacia el cerebro y el tronco. A lo largo de su recorrido se divide en muchos conductos secundarios que van a alimentar al mismo corazón, y a pulmones, cerebro, brazos, estómago, hígado, bazo, intestinos, riñones, piernas y a todos los músculos del cuerpo. El fluido vital, después de ser cargado con oxígeno, agua y alimento, se dirige desde el ventrículo izquierdo del corazón y fluye hacia la aorta a una velocidad de aproximadamente 32 centímetros por segundo. Si se cortara la aorta, la muerte sería instantánea. La sangre emana de una arteria cortada como el rocío de una fuente; para detener el sangrado se debe presionar fuertemente sobre el cuerpo, y en un punto cerca de la herida ubicado en la sección de la arteria que viene del corazón. 
Cada pulsación que sale de la arteria representa un latido del corazón; cuando sientes el pulso que escuchas, de hecho, se trata del latido del corazón. Las arterias de las muñecas, fluyen más cerca de la superficie y por lo tanto son puntos ideales para medir el latido del corazón. Los tubos que forman las arterias se componen de tres capas y la del medio está compuesta de tejido muscular. Cuando estos músculos se contraen el diámetro de la arteria se encoge y pasa una cantidad menor de sangre. En el cuerpo humano puedes contar casi mil arterias. 
Las ramas que parten desde la arteria aorta se ramifican en ramas más delgadas, de éstas nacen otras ramas aún más delgadas y esto se repite, a tal punto que los conductos llegan a alcanzar un diámetro tan pequeño que los corpúsculos de la sangre deben cruzar por un solo camino. Estos tubos muy finos se llaman vasos capilares, del latín capillus que significa cabello. Los capilares, además de ser muy delgados, también son muy delicados. Los capilares presentes en los pulmones son tan numerosos que si fuera posible combinarlos entre sí, crearían un largo conducto desde Chicago a Londres. Si todos los capilares del cuerpo se unieran cubrirían una distancia de miles de kilómetros. 
El conjunto de capilares puede contener mucha más sangre que los conductos de mayor diámetro, sin embargo, dado su tamaño, la sangre los cruza mucho más lentamente. Mientras sale de la aorta, viaja a unos 32 centímetros por segundo. En los capilares, en un segundo, logran recorrer un milímetro aproximadamente, velocidad que no es muy lenta en sí misma, pero está relacionada con el movimiento de la sangre. 
Este movimiento silencioso permite que la sangre ceda a las células nutrición, oxígeno y energía vital, pero también le permite recolectar los productos de desecho. Cada pequeña célula toma de la sangre lo que necesita y vierte en ella las sustancias inútiles o dañinas que crea con su trabajo. La sangre regresa al corazón a través de otra serie de conductos llamados venas: estos conductos son mucho más numerosos que las arterias. 
También son más grandes de diámetro a medida que se acercan al corazón. Las venas no pueden contraerse tan rápido como las arterias, porque sus paredes contienen menos músculos. Mientras que la sangre va cediendo oxígeno, se producen los cambios de color desde un hermoso rojo brillante a uno más oscuro. La sangre roja se llama arterial porque la lleva desde las arterias, y la sangre más oscura es la que fluye por las venas. Las venas recogen la sangre de los capilares, cargada de sustancias tóxicas y las devuelve al corazón para ser oxigenada y purificada nuevamente. Las venas de las piernas y de algunos órganos abdominales, incluido el hígado, convergen en la vena cava inferior, que lleva sangre a la aurícula derecha del corazón. 
Las venas que vienen desde la espalda, la cabeza, el cuello, los brazos y el tórax, llegan a otra vena grande llamada vena cava superior. Las venas del estómago, bazo, páncreas e intestinos se unen para formar la vena porta, que se introduce en el hígado. Cada comida y bebida consumida por nosotros, antes de poder ser asimilada por el cuerpo, debe ser filtrada por el hígado. Todas las venas llevan sangre venosa con la excepción de las cuatro venas que conectan los pulmones con el corazón: de hecho, transportan sangre arterial. Todas las arterias transportan sangre arterial, excepto la arteria que conecta el corazón con los pulmones, que lleva sangre venosa.
Entonces puedes ver cómo la fuente viviente y el fluido vital crean un sistema de comunicación entre todas las partes que componen el Templo viviente; es un sistema de comunicación muy lento, pero es tan útil como perfecto. Desde el corazón hasta todo el cuerpo, y viceversa, el fluido vital fluye continua y lentamente sin interrumpir su camino, llevándose con él elementos saludables y dando la vida de Dios a cada pequeño trabajador del Templo viviente. 
También hay otro sistema de comunicación dentro del cuerpo. Entre cada célula y cada capilar de la sangre, en efecto, hay un líquido claro, llamado linfa que fluye en pequeños tubos llamados vasos linfáticos. El conjunto de estos tubos forman el sistema linfático. También los vasos linfáticos aumentan de diámetro al acercarse al corazón. 
Las grasas de los intestinos se obtienen de la linfa, que luego se alimenta en un conducto más grande llamado conducto torácico; a su vez, se introduce en una amplia vena cerca del corazón. De esta manera, la linfa se mezcla con la sangre y llega a los pulmones donde se purifica. La linfa es un líquido importante, que constituye un cuarto de nuestro peso total, mientras la sangre constituye sólo una decimotercera parte. Actúa como intermediario entre las células y los capilares: de hecho, los capilares no ponen alimento directamente en las células, sino que se lo dan a la linfa. Las células, que están todas sumergidas en la linfa, lo absorben de ella, a través de la delgada membrana que las cubre. Es de la linfa por lo tanto, que las células reciben la comida, el oxígeno y la energía necesaria para su trabajo. 
Cada pequeño trabajador en el Templo, o cada célula, trabaja sola y está separada de los demás por una pared de líquido. En la soledad se alimenta, respira, se mueve y realiza su trabajo con las energías derivadas de la comida y del aire. Su cuerpo microscópico también emite sustancias de desecho, los cuáles se depositan en la linfa, que luego se encarga de verterlos en la sangre. Por todo ello es que la linfa es un fluido vital de suma importancia. 
Cada pequeña célula de la sangre vive en promedio seis semanas; después de este tiempo se marchita y muere, y una nueva célula toma su lugar. Por ahora, no sabemos la duración de las otras células en el cuerpoviii, pero sabemos que las células del cerebro, a pesar de estar experimentando un proceso de cambio y renovación, de alguna manera misteriosa, son capaces de preservar su identidad o personalidad individual, como lo hacemos a pesar de todos los cambios que encontramos en nuestra vida. 
A lo largo de todo el camino de la sangre y de la savia, hay algunas pequeñas estaciones de telecomunicación conectadas con el cerebro. Cada arteria y cada vena es controlada por el cerebro, los pequeños trabajadores del sistema nervioso regulan instantáneamente el flujo de sangre en cada parte del cuerpo. Cuando comienzas un trabajo pesado, llevan más sangre a los músculos afectados y envían también más sangre a tu cerebro. Regulan el flujo de sangre al estrechar o dilatar las paredes de los conductos sanguíneos: cuando hay contracción, el diámetro disminuye y el flujo de entrada también disminuye, cuando hay dilatación el diámetro se ensancha y la sangre puede fluir en mayores cantidades. 
Cuando los vasos sanguíneos se contraen, el corazón tiene que hacer un trabajo más pausado y lo hace lentamente. Cuando los conductos se relajan, el trabajo se vuelve más fácil y los movimientos son más rápidos. Cuando sientes un impulso de vergüenza, los trabajadores del sistema nervioso hacen dilatar las arterias de la cara, de esta manera la mayor cantidad de sangre puede fluir, siendo ésta la causa de enrojecimiento. 
El uso de alcohol paraliza los nervios que controlan el sistema de la sangre que, por esta razón, tiene la oportunidad de relajarse. Esta es la razón de que la ingesta de alcohol se asocia con caras rubicundas. Cuando una persona ha usado alcohol por años, estos nervios están perpetuamente relajados o dilatados, siendo ésta la causa de serias alteraciones. 
Cuando los conductos sanguíneos de la epidermis se dilatan, en esa área se produce calor generalizado. La piel se calienta, debido a la cantidad considerable de sangre presente, pero el resto del cuerpo está frío ya que se le ha quitado el calor, el que quedó así disipado. De esta forma, el consumo de alcohol te engaña porque te hace sentir calor, mientras que es sólo una sensación superficial. En lo profundo, en cambio, el cuerpo sigue demasiado frío, lo que hasta puede ser motivo de serio riesgo para la salud. 
La ropa apretada, que fuerza venas y arterias, impide que el flujo de sangre pueda fluir libremente creando acumulaciones de toxinas: debemos siempre usar ropa cómoda que permita cada movimiento.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
*