lunes, 2 de julio de 2018

Las antecámaras de la respiración y de la caja musical - Capítulo 22 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 22 
LAS ANTECÁMARAS DE LA RESPIRACIÓN Y DE LA CAJA MUSICAL 

Has seguido el viaje de la sangre desde la fuente viviente a las diversas partes del cuerpo y viceversa, descubriendo así como el fluido vital transporta comida y agua, luz solar y oxígeno para hacer un regalo a cada pequeño trabajador del Templo viviente. También has visto cómo la sangre recolecta toxinas y productos de desecho para verterlos en la aurícula derecha del corazón. Ahora sabes que la sangre debe purificarse antes de poder comenzar su misión saludable nuevamente y esto solo puede ocurrir en los pulmones, en contacto con el aire que inhalas. Sin este encuentro entre el aire y la sangre, la vida en el Templo cesaría inmediatamente; todos los pequeños trabajadores morirían en poco tiempo. 
El hermoso Templo se volvería oscuro, frío e inmóvil. 
Por tal razón, el Gran Arquitecto ha arreglado las cosas para que la sangre y el aire se encuentren. Cuando el fluido vital, oscurecido por toxinas, fluye desde el ventrículo derecho del corazón hacia los pulmones, a través de la arteria pulmonar, nunca deja de encontrar el aire que lo está esperando en los pequeños alvéolos respiratorios. Nadie puede interrumpir la respiración con un acto de voluntad. Puedes respirar más o menos profundamente, puedes respirar aire bueno o insalubre: pero siempre estás forzado a respirar. No puedes contener la respiración más allá del límite donde se volvería peligroso. La naturaleza misma te obliga a mantener abierto el canal que lleva el aire a los alvéolos pulmonares. 
Para encontrar la sangre, el aire debe pasar por la nariz, un vestíbulo, una sala de música y un pasillo. La nariz no sólo agrega expresión a la cara, sino que es la abertura que permite que el aire entre en tu cuerpo. La nariz es el lugar donde se perciben los olores, y los pequeños trabajadores inmediatamente te dirán si hay algún olor malo o peligroso en el aire. Tan pronto como el aire entra en la nariz se ve obligado a pasar entre algunos delgados vellos o cilios, que representan los centinelas de entrada a las fosas nasales, teniendo la tarea de evitar la entrada de polvo y de insectos. 
Después de pasar por las fosas nasales, el aire se encuentra en un espacio que podría identificarse como el vestíbulo de los pulmones. Dentro de la cara, detrás de ese vestíbulo, hay dos espacios grandes llamados antecámaras respiratorias: se extienden hacia atrás durante unos siete centímetros y luego se conectan con la garganta y la faringe. Sólo un hueso, llamado tabique nasal, divide las fosas nasales, el vestíbulo y las citadas antecámaras son dos espacios distintos, en los cuáles hay pequeños huesos que forman pequeños bultos envueltos en una mucosa roja y húmeda. 
A medida que el aire pasa a través de dichas antecámaras, se calienta y se prepara para ser bien recibido por los pulmones. El polvo escapado de los vellos colocados a la entrada de las fosas nasales, permanece adherido a la mucosa interna, siempre húmeda, y no puede llegar a los pulmones pues de lo contrario podrían dañarse. Durante un ataque de frío, la mucosa se hincha y ésta es la razón por la cual
es difícil sonarse la nariz durante un resfriado, por ello, se debe evitar soplar, ya que tal acción empeora la situación. 
El camino correcto, para que el aire llegue a los pulmones, pasa a través de la nariz y a través de las dos antecámaras que es donde está todo apropiadamente preparado. Así lo decidió el Gran Arquitecto: de hecho, es mejor inhalar el aire con la nariz y exhalarlo por la boca. Introducir el aire desde esta última puede causar irritación en la garganta. Quien toma el hábito de respirar con la boca pierde parte de la expresión de su rostro y probablemente su color denuncia la falta de una respiración sana. Un hombre sabio dijo una vez: "Cierra la boca y salva tu vida". El ronquido también se aprecia más fácilmente en las personas que duermen con la boca abierta. 
Antes de llegar a la laringe, el aire pasa primero por la faringe y debe atravesar una especie de puerta que se abre sólo en presencia de aire y se cierra cuando se ingiere comida o bebida. Esta puerta se llama epiglotis y cuando no se cierra lo suficientemente rápido, una parte de la comida puede llegar a la laringe generando tos fuerte, causada por los pequeños trabajadores del templo tratando de expulsar de allí las sustancias extrañas que podrían causar daño al delicado sistema respiratorio. Es posible percibir las paredes de la laringe al colocar los dedos en la parte frontal del cuello: la laringe se mueve cada vez que se ingiere un bocado. Esta parte móvil de la laringe se llama Manzana de Adán y en algunas personas es muy evidente. 
Después de ingresado a la laringe, el aire llega al lugar donde se encuentra una especie de caja musical donde se forman los sonidos que componen la voz humana. Las paredes de esta caja musical están hechas de un cartílago que parece casi tan duro como los huesos. En ella se encuentran las sutiles cuerdas vocales que crean los sonidos con los que es posible hablar y cantar. Las cuerdas vocales se colocan de tal manera que el aire que sale de los pulmones las hace vibrar y emitir sonidos. Sin embargo, sólo pueden vibrar cuando se estiran o tensan, como ocurre con las cuerdas de un violín. Cuanto más se estiran, más agudos son los sonidos, siendo más graves en el caso contrario. 
Hay pequeños músculos que pueden tensar las cuerdas vocales para obtener el sonido correcto, pero otros pueden agruparlos o dividirlos para que sea posible cambiar el tono de la voz a voluntad. Cuando examinamos los oídos, encontramos ese pequeño y magnífico instrumento llamado órgano de Corti, a través del cual puedes recibir y escuchar cualquier música de este mundo. Por medio de las cuerdas vocales, en cambio, puedes expresar pensamientos, sentimientos, deseos, necesidades y todo lo relacionado con tu vida interior.
Para activar las cuerdas vocales no es suficiente que sean atravesadas por el aire que sale de los pulmones, de hecho es necesario que en ti exista el deseo de usarlas para emitir sonidos. El Arquitecto Divino ha creado en el cuerpo humano un magnífico instrumento musical que se asemeja a un órgano: la caja torácica y el diafragma representan los fuelles que empujan el aire hacia las cuerdas vocales; las paredes de la garganta y la laringe, junto con las de las cámaras nasales, representan la caja armónica; la boca, los dientes y los labios representan las llaves con las que es posible cambiar el tono de los sonidos.
El Gran Arquitecto no ha olvidado ningún detalle. Creó un instrumento musical diferente para cada uno de los seres vivos, variando las cuerdas vocales en longitud, grosor o densidad. Creó diferentes fuelles y cajas de sonido y le dio el instrumento a todos para emplearlo en forma exclusiva: es un instrumento musical estrictamente personal y tú eres el músico. 
La voz humana representa un misterio de la vida, es correcto considerarla como una de las cosas más preciosas del Templo viviente. Puede ser educada para emitir los sonidos más dulces y musicales de toda la Tierra. La voz se puede usar para hablar o cantar y las palabras pueden ser amargas o dulces como una melodía, depende sólo de ti. Tus palabras y el tono de tu voz revelan tus pensamientos. Si tienes pensamientos de enojo, emitirás palabras de enojo que enfadarán a otros también. Si estás en paz contigo mismo y con tu vecino, tu voz se expresará con palabras elegantes y tono amable. 
Un viejo proverbio dice: "La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor". La palabra es uno de los mejores regalos de Dios para la humanidad, ningún otro ser viviente la posee. Un hombre que no pudiera usar la palabra, se vería seriamente invalidado en su vida. Piensa cuánto tiempo le toma a un sordo o a un mudo aprender a comunicarse. Piensa en lo solo que te sentirías en tu Sancta Sanctorum si no pudieras comunicar tus pensamientos y sentimientos a nadie. 
Para un uso correcto de la palabra es necesario usar las cuerdas vocales, la boca, las mejillas y los labios. El sentido del oído también contribuye para que podamos hablar de manera precisa. De hecho, los niños aprenden a hablar simplemente imitando los sonidos que perciben. No hay nada que diferencie más a las personas que la voz. Un viejo amigo podría reconocerte por la voz, incluso si tu fisonomía y tu cuerpo hubieran cambiado profundamente. En cierto sentido, la voz lleva consigo las características del Templo viviente; la calidad de las cuerdas vocales, la forma y el ancho de la laringe, la faringe, la boca, los dientes y la lengua son factores que contribuyen a darte tu singularidad. 
A veces sucede que el laboratorio de la naturaleza crea voces tan raras y tan musicales, que todos los que las escuchan quedan encantados. Si las personas que poseen tales voces tienen también una mente noble y un alma elevada, la influencia de sus palabras en los corazones de las personas será muy notable. Incluso a una voz normal se le puede enseñar a emitir sonidos melodiosos. Deberías tratar de hacer que cada palabra sea clara, amable, correcta y completa. Deberías esforzarte por usar bien la voz, así como te comprometes a estudiar el piano o el violín. Sólo deberías tener pensamientos hermosos y puros si quieres poder expresarlos a otros y a ti mismo. 
Para la salud de la voz son válidas las mismas reglas que sirven para cualquier otra parte del Templo viviente: para mantener la voz fuerte y perfecta, todo el cuerpo debe estar sano. La voz es particularmente dañada por el alcohol, el tabaco y los alimentos que contienen mucha grasa. El abuso de vinagre hace que sea bastante áspera, incluso las habitaciones húmedas o con poca ventilación pueden dañar la voz y generar mal aliento. Si te resfrías, la voz se vuelve ronca porque las cuerdas vocales están engrosadas y llenas de sangre que no pueden vibrar adecuadamente. Para tener una voz fresca y clara, aliméntate con mucha fruta, bebe un poco de agua fría todas las mañanas, respira aire fresco y duerme ocho horas por noche.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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Las salas de respiración - Capítulo 23 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 23 
LAS SALAS DE RESPIRACIÓN 

Hay un gran silencio en la caja musical cuando el aire pasa a través de ella y llega a las salas de respiración: las cuerdas musicales sólo vibran durante la exhalación. Después de pasar por el vestíbulo, las cámaras nasales, la faringe y la laringe o caja musical, el aire entra en un amplio corredor, llamado tráquea. Ésta tiene una forma cilíndrica, mide aproximadamente diez centímetros de largo y está compuesta de unos veinte anillos de cartílago; en su descenso a los pulmones forma ramas en dos tubos llamados bronquios, uno lleva el aire al pulmón derecho y el otro al izquierdo. 
Los bronquios, a su vez, se subdividen nuevamente creando una red de corredores de dimensiones más delgadas que las agujas de coser: son los bronquiolos. Después de seguir a través de todos estos corredores, el aire finalmente llega a los alvéolos pulmonares, donde tiene lugar el misterio de la respiración. 
Tales salas o cámaras de respiración se encuentran dentro de un espacio más grande llamado tórax, el que a su vez, es una de las dos partes que componen el tronco. El tronco es lo que queda del cuerpo, sin considerar las extremidades y la cabeza. La otra parte del tronco, ubicada más abajo, es el abdomen. Además de las cámaras respiratorias, el tórax también contiene la fuente viviente: el corazón. 
Los pulmones están conformados por un tejido rosado, suave y liviano; si se coloca en el agua flotan debido al aire contenido. Tanto las cámaras respiratorias como la fuente viviente están protegidos por la caja torácica, formada por la columna vertebral y por las diversas costillas (huesos planos curvados y elásticos) que parten de ella para unirse en el frente, formando el esternón. 
Toda esta estructura ósea está unida y fortalecida por un conjunto de músculos, lo que aumenta aún más su acción de protección de estas partes vitales del Templo viviente. Existe una relación muy estrecha entre el corazón y las citadas salas respiratorias. El corazón, de hecho, se encuentra entre los dos pulmones, los cuáles se hinchan cuando tomas una respiración profunda, extendiéndose hacia el frente del tórax para ocultar la fuente viviente. La parte superior de cada pulmón, así como el extremo inferior del corazón, se llama ápice. 
El vértice de los pulmones se eleva en el tórax hasta superar la clavícula y la parte inferior de ellos es tan ancha como la parte superior del corazón. Además, toda la parte inferior de los pulmones se apoya en un músculo llamado diafragma, que es el punto de separación entre el tórax y el abdomen. Hay una comunicación constante entre la fuente viviente y las salas de respiración. 
Por setenta y dos veces por minuto, el flujo vital, cargado con dióxido de carbono, fluye a través de las arterias pulmonares y pasa del corazón a la gruesa red de pequeños alvéolos, donde entra en contacto con el oxígeno con el que se purifica. La sangre regenerada regresa al corazón, desde donde parte a través de las arterias para nutrir todas las células vivas. 
Para tener una idea de la forma de las cámaras de respiración, imagina por un momento un gran roble: el tronco representa la tráquea, las ramas los bronquios, los tallos son los pequeños corredores (los bronquiolos) que conducen la sangre a su cita con el aire en los alvéolos pulmonares, aquí representados por las hojas. Ahora imagina que cortas un árbol en su base y lo sostienes con el follaje invertido: así tendrás ante ti un par de pulmones listos para implementar una amplia respiración. 
Aunque los alvéolos pulmonares son mucho más pequeños que las hojas de un roble, también son mucho más numerosos: en los dos pulmones hay de hecho 725 millones. Si todos estos alvéolos se arreglaran en una superficie plana, esto daría como resultado un cuadrado con un lado de más de 25 metros. Esta es su área respiratoria. 
Los capilares pulmonares son el último paso por el cual fluye la sangre para encontrarse con el aire. Hay millones de capilares sanguíneos que se mueven alrededor de los alvéolos pulmonares. Las paredes de los alvéolos pulmonares, así como las de los capilares, son muy delgadas: su consistencia es similar a una burbuja de jabón. Por lo tanto, es un diafragma muy delgado que separa el aire de la sangre. 
La respiración tiene lugar en los alveolos pulmonares; es aquí donde la sangre se puede mezclar con el aire de una manera misteriosa y maravillosa; es aquí donde se descartan los desechos venenosos y las impurezas que se han acumulado en todo el cuerpo, los que son intercambiados con el oxígeno y la luz solar provistos por el aliento vital. Es aquí donde los glóbulos rojos pueden descargar todas las sustancias venenosas y renovar su carga con las sustancias vitales: el color de la sangre, desde rojo oscuro, de nuevo pasa a ser rojo brillante. Desde este lugar, el fluido vital puro y renovado parte hacia su misión de curación y salud. 
Puedes seguir el camino de la sangre en los capilares, siguiendo el camino del aire hasta llegar a los alvéolos pulmonares; también puedes establecer cuánto es el oxígeno que se le provee a la sangre y cuánto es el dióxido de carbono que se libera, pero en este punto, el conocimiento está agotado. El secreto poder que da vida a la materia inerte, que transforma el aire y el sol, la comida y el agua, en un organismo vivo, que le da a la sangre y a la respiración un poder vital capaz de construir y sanar, sigue siendo otro de los muchos secretos del Arquitecto Divino. 
Todas las paredes, tanto de la cámara como las de las antecámaras de la respiración, a excepción de las paredes de los alvéolos pulmonares y de los tubos finos que en ellos confluyen, están sostenidas por una membrana húmeda y rojiza. En los pulmones esta membrana está cubierta por trabajadores pequeños e incansables, extrañas células dispuestas en líneas paralelas, perennemente trabajando. Cada una de estas pequeñas células tiene varios vellos muy finos en sus cabezas como pestañas, que se mueven oscilando en la dirección de la laringe. El trabajo constante consiste en eliminar cualquier partícula de polvo de los pulmones dirigiéndolos hacia la garganta. Por ninguna razón tales finas pestañas tienen permitido cometer errores de dirección y deben mantener un flujo de aire permanente dirigido hacia la caja de música. Si observas cómo las abejas mantienen su colmena ventilada, podrás tener una idea de la tarea que realizan estos simpáticos trabajadores.
Las cámaras de respiración son libres de moverse en todas las direcciones, excepto hacia la base de los pulmones porque allí están anclados al sistema óseo. La parte interna de los pulmones está formada por nervios y conductos necesarios para que circule el aire, la sangre y los fluidos del sistema linfático, que llegan a los pulmones o se alejan de ellos. Éste conjunto de órganos puede llevar alimentos, agua y mensajes, lo mismo que sucede en cualquier otra parte del Templo viviente. 
Si pones una mano sobre el torso puedes sentir el movimiento de las salas respiratorias: cada individuo, en condiciones normales, respira alrededor de 18 veces por minuto. Los movimientos relacionados con la respiración involucran cien músculos. El diafragma, que separa los dos compartimientos grandes que conforman el tronco, es el más importante de todo el proceso. En la parte superior se presenta como una cúpula y tiene una forma curva en la parte inferior. El diafragma crea un piso móvil para la caja torácica y un techo igualmente móvil para la cavidad abdominal. 
Para inhalar el aire del exterior, este músculo se ve obligado a contraerse al punto que la parte superior se vuelve plana mientras la cavidad torácica se expande en gran medida. Los pulmones, conectados al diafragma, lo siguen en su movimiento creando así, dentro de ellos, un vacío que obliga al aire exterior a introducirse. El aire que ingresa infla el pecho y todos estos fenómenos son los que permiten que tenga lugar la inspiración. Los diversos movimientos también son ayudados por 22 pares de pequeños músculos colocados entre las costillas: los músculos intercostales. 
Para permitir que escape el aire, el diafragma se relaja y así puede retomar su propia forma de cúpula. Como los pulmones son elásticos, como si fueran de goma, vuelven a su posición normal y el aire contenido se ve obligado a salir. Este fenómeno se llama expiración. Es la fase de exhalación que te permite hablar y cantar. Hay algunas personas que tratan de hablar usando sólo los pequeños músculos de las cuerdas vocales. Esta es una práctica poco saludable porque tales músculos no son lo suficientemente fuertes como para hacer este trabajo, se cansan mucho y con el tiempo pueden enfermarse. Si observas a un perro ladrando o a una cabra balando, podrás ver cómo contraen tanto el tórax como el abdomen para producir el sonido: los animales no sólo emiten sonidos con la ayuda de la laringe, sino que también usan la fuerza de los músculos abdominales. 
No todo el aire en los pulmones se cambia con cada respiración. Aunque la capacidad máxima de los pulmones es de tres litros y medio de aire, solo medio litro entra y sale de los pulmones durante un ciclo completo. Esto se denomina corriente de aire, que entra y sale sin esfuerzo. Para inhalar más aire, debes esforzarte. Sin embargo, incluso en este caso, a lo sumo puede tomar litro y medio más; esta cantidad extra se llama aire complementario. 
En el curso normal de tu vida en el Templo, no necesitas este aire adicional. Sin embargo, puede haber situaciones de emergencia, por ejemplo, un toro atacándote mientras estás paseando en un campo, donde los músculos de las piernas requieren un suministro de oxígeno mucho mayor que el normal. Precisamente para permitirte escapar a tales situaciones, el Divino Arquitecto ha dejado el espacio necesario en las cámaras de respiración. Aproximadamente medio litro de aire se emite en una exhalación normal. Con un esfuerzo considerable, se puede lograr que salga hasta un litro y medio más: este aire adicional se llama aire de reserva.
Además del aire normal, el aire complementario y el de reserva, hay todavía aire que siempre permanece en los pulmones: el aire residual, que equivale aproximadamente a un litro y medio. Este aire residual permanente en los pulmones, es necesario para la supervivencia misma del Templo viviente.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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El aliento vital - Capítulo 24 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 24 
EL ALIENTO VITAL 

En el Templo viviente hay un gran misterio: el secreto de la vida. El hombre es capaz de descubrir el funcionamiento del cuerpo, analizar sus diferentes partes, pero aún no ha descifrado el enigma fundamental: el aliento vital que anima la materia.
Desde la antigüedad, ha tratado de resolver este misterio haciéndose la pregunta: "¿Qué es la vida?", Pero nunca ha sido debidamente respondida. El misterio de la vida es el misterio de Dios. La Palabra divina dice: "Yo soy la Vida", sus manos te han moldeado y tu alma volverá a sus manos. "Y Jehová Dios formó al hombre con el polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se hizo alma viviente". Todo esto define y crea los límites del misterio. Reconoce que Dios es Vida y que Él es el Dador de toda vida, pero no tiene respuestas para esa gran pregunta, porque el misterio es parte de la sabiduría divina. Sin embargo, si quieres llegar a ser semejante a Dios, debes estudiar a Dios; si quieres vivir lo mejor posible, debes estudiar la vida.
El aliento vivo del Creador está presente en el Templo viviente. Si analizas el Templo, si descubres sus misterios y lo mantienes en su integridad original, puedes esperar estar presente algún día ante el Padre Celestial. El Divino Arquitecto ha inspirado en las fosas nasales el aliento vital para dar vida al polvo de la tierra. Este aliento de vida es un gran secreto, comparable al Sancta Sanctorum. El aliento vital no se refiere al proceso de respiración, aun cuando cada ser vivo necesita aire para sobrevivir. Los árboles respiran a través de las hojas, comparable a los pulmones humanos. Los insectos respiran a través de pequeñas aberturas en su cuerpo. Las ranas respiran parcialmente a través de la piel. Los peces respiran oxígeno al extraerlo del agua a través de las branquias. El hombre extrae oxígeno del aire a través de los alvéolos pulmonares.
No hay ningún misterio en torno al hecho de que el aire es necesario para vivir: el aire es un bien disponible para todos en cualquier momento; no termina y no se puede almacenar y luego vender a un precio elevado. La misma idea de libertad absoluta se compara con el aire: "Libre como el aire" es una afirmación verdadera. El aire es comida; una comida igualmente buena como pan. Los hombres pueden vivir algunas semanas sin comida, algunos han vivido durante una semana sin agua, pero nadie puede seguir viviendo sin aire, más de unos pocos minutos. Cuando el aire ingresa al cuerpo contiene veintiuna partes de oxígeno y setenta y nueve partes de nitrógeno. Cuando se exhala, contiene dieciséis partes de oxígeno, setenta y nueve partes de nitrógeno y cinco partes de dióxido de carbono. El oxígeno, el nitrógeno y el dióxido de carbono son gases. Anteriormente hemos visto cómo se usa el oxígeno dentro del Templo. El nitrógeno en algunos casos es un explosivo terrible, pero en la forma en que el Creador lo ha colocado en el aire, entra y sale de los pulmones sin dañarlo.
El dióxido de carbono es un gas, un conjunto de materiales de desecho, producidos por las células durante su vida. El aire que sale del cuerpo con la exhalación también contiene una parte de la humedad: puedes verificar la verdad de lo que digo, respirando frente a un espejo. Cuando se respira al aire libre, en un día frío de invierno, la humedad en el aire exhalado se condensa y se convierte en vapor. Una vez introducido el aire en los pulmones, ya no es apto para respirar porque está lleno de venenos. Si vuelves a respirar envenenarías a todos los pequeños trabajadores en el Templo. Este hecho explica por qué te sientes dormido y sientes cierto dolor de cabeza cuando estás en una habitación con otras personas y el aire no experimenta la renovación necesaria. En esta situación, los pequeños trabajadores están agobiados por venenos y están tratando de comunicarte la necesidad de salir a respirar aire fresco o abrir las ventanas para cambiar el aire de la habitación.
Es poco probable que las personas que viven en áreas poco ventiladas gocen de buena salud. Carecen de energía y entusiasmo y después de un tiempo también pueden enfermarse. Por esta razón, nadie debería dormir en una habitación con la ventana y la puerta cerradas. Durante la noche, mientras duermes, los trabajadores del Templo están muy ocupados. Limpian el Templo después de las actividades diarias, reparan los tejidos dañados, reemplazan las células muertas o deterioradas, eliminan los desechos y lo preparan para un nuevo día de actividad.
Si duermes en una habitación cerrada, en lugar de proporcionarles el oxígeno necesario para este trabajo, les das venenos que ralentizan su actividad. Si te sientes cansado a la mañana siguiente y tienes la cabeza pesada, significa que has abusado de tus pequeños trabajadores y están literalmente exhaustos. Dejando las ventanas entreabiertas, incluso en las noches de invierno, puedes evitar este problema y ofrecer a tus fieles trabajadores del templo el aire que necesitan. Por la mañana, debes ventilar las habitaciones de tu hogar, abriendo las ventanas durante el tiempo suficiente para permitir un cambio total de aire, especialmente en los dormitorios. Los pijamas, las mantas y las almohadas también deben estar convenientemente ventilados.
Casi un tercio de su tiempo lo pasas en la cama, por lo que es conveniente que la habitación y la cama sean frescas y acogedoras. No sólo las habitaciones de tu casa deberían estar ventiladas, sino que la cocina y el lugar de conservación de alimentos también deberían estar ventilados. Nunca debes olvidarte de los vegetales u otros alimentos que puedan deteriorarse, emitiendo así emanaciones no saludables. Además, los diversos sistemas de ventilación deben inspeccionarse y someterse al mantenimiento necesario.
Una persona adulta emite medio litro de aire insalubre con cada respiración: un total de nueve litros por minuto. Es fácil entender cómo, al entrar en un entorno cerrado donde hay varias personas, es fácil percibir un mal olor debido a las sustancias tóxicas acumuladas en el aire: el mal olor es una advertencia para que tus pequeños trabajadores del templo no deban respirar allí. Alrededor del año 1800, nativos de la India capturaron 145 ingleses y los hicieron prisioneros. Todas estas personas fueron ubicadas en una habitación que sólo tenía una pequeña ventana. La noche era cálida y húmeda, sólo unos pocos podían acercarse a la abertura, que además era demasiado pequeña para proporcionar el oxígeno necesario a todos esos pulmones. A la mañana siguiente, 123 personas fueron encontradas sin vida.
El aire es mejor frío que caliente: piensa en la frescura que te ofrece respirar en una mañana fresca de invierno! La temperatura del aire a respirar no debería exceder de 21 grados. Siempre respirar al aire libre será mejor que hacerlo en un entorno cerrado. El gran Océano de aire abierto, está siempre en movimiento y por lo tanto se mantiene fresco y puro. En un entorno cerrado se deteriora, así como el agua estancada. Sólo la luz del sol y la brisa suave, mantienen el aire sano. Nadie se muere de repente en caso de respirar aire impuro. Muchos mueren sin embargo, de una manera lenta y gradual debido a vivir y dormir en ambientes insalubres, que están demasiado caliente y con poca ventilación.
El aire y la luz solar son dones gratuitos de Dios y son los materiales de construcción más nobles del Templo viviente. Si insistes en vivir en ambientes donde el aire está demasiado pesado y distanciado de la luz solar, serás el único responsable si tu Templo no se mantiene sano y vigoroso, si tus jóvenes trabajadores mueren envenenados y si el magnífico edificio se desmorona y queda en ruinas.
También es un crimen contra el Constructor del Templo llevar ropa que aprieta el pecho, arruinando las cámaras respiratorias. El Arquitecto Divino te ha brindado libertad para que pudieras hacer tu trabajo de la mejor manera! El uso de ropa ceñida al tórax, provoca que las costillas aprieten los pulmones y no permiten que se expandan en la forma adecuada para que ocurra la necesaria oxigenación de la sangre. El uso de un corsé demasiado apretado actuará en tu respiración como si fuera una soga alrededor de tu cuello.
No hay nada más importante que un par de pulmones funcionando perfectamente en un ambiente sano para asegurar que todo el Templo funcione de la mejor manera. Hay varias maneras de fortalecer tus pulmones, una de ellas es tomar una ducha de agua fría. Intenta hacer que el agua fresca caiga sobre tu pecho y verás cómo podrás hacer la respiración más profunda y rápida. Una respiración más rápida, permite que la sangre fluya también más rápidamente en los pulmones y, por lo tanto, que reciba una mayor cantidad de oxígeno y se purifique al máximo.
Otro buen ejercicio es tomar respiraciones bien profundas. Al caminar o trabajar, trata de respirar lo más profundamente posible. En cada situación, esfuérzate por realizar pausas en las que se te permita tener un respiro. Entonces, inhalar profundamente, retener el aire durante unos segundos y luego exhalarlo lentamente. Hacerlo por una cierta cantidad mínima de respiraciones y repetirlo varias veces al día.
Evita permanecer sentado o de pie con la espalda arqueada al frente o con los hombros colgando sobre un libro o un escritorio. Mantenerte en una posición erguida, la barbilla hacia arriba, el pecho abierto y los hombros hacia atrás. Al pasar de un ambiente calefaccionado al aire frío del invierno, no te olvides de respirar por la nariz. Si te sucede que sientes frío, haz una respiración lenta, larga y profunda, lo cual verás que te hará entrar en calor. Además, si tomas una respiración profunda y mantienes el aire, podrás soportar mejor un dolor y, a veces también, podrá ser útil para detener el hipo.

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La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.

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El canal viviente - Capítulo 25 - vídeo en facebook -


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CAPÍTULO 25
 EL CANAL VIVIENTE 


El Templo viviente, que puede caminar, ver y sentir, necesita muchos dispositivos, incluyendo un sistema de telégrafo complicado y un canal para crear vida: el canal alimenticio. Este templo, por lo tanto, que es tan pequeño como un niño o tan grande como una persona adulta, contiene miles de canales vivientes: arterias, venas, capilares, vasos linfáticos y canal alimenticio, en los que ingresa la comida que alimenta el cuerpo físico. 
Un profesor de geografía preguntó una vez a su clase: "¿Cuál es el canal más importante de los Estados Unidos de América? Un estudiante respondió: "El canal de la comida." Esto es literalmente correcto: el canal alimenticio es el canal más importante del mundo. La comida y el agua son necesarios para la construcción y el mantenimiento de los tejidos del cuerpo, tanto como el oxígeno y la luz solar; la comida y el agua son los materiales pesados, así como el sol y el aire son ligeros e invisibles. El canal alimenticio, a través del cual se suministra agua y alimentos a todos los pequeños trabajadores del Templo, es útil e indispensable como el canal más importante presente en tu atlas geográfico. 
El viaje de la comida a lo largo de este canal no es similar al de un barco que cruza el canal de Suez: el tubo digestivo es un órgano vivo, compuesto de miles de células vivas y activas, ubicadas en las diferentes estaciones de servicio que están en el camino. Estos pequeños trabajadores operan bajo el control directo del Arquitecto Divino y son capaces de transformar los alimentos en materia viviente, que se usará para la construcción del Templo. 
Esto, de hecho, es la tarea principal de la digestión: transformar la comida ingerida en sustancias adecuadas para las pequeñas células del organismo. Antes de que la alimentación llegue a tales células, es necesario que se introduzca en la sangre. Un grano de trigo, una manzana o un trozo de pan no pueden ingresar en la sangre. La comida en la boca o en el estómago todavía es material extraño al cuerpo: es necesario que sufra transformaciones antes de formar parte integral de tu cuerpo; debe ir en forma líquida para que pueda fluir a través de las paredes del canal vital y alcanzar la sangre y la linfa. 
Si estos procesos fallan y la comida no se transforma en estos líquidos vitales, no puede convertirse en alimento para las células del cuerpo. El canal viviente no es sólo el más importante en el mundo, sino también el más extraordinario. En una persona adulta este canal tiene más de siete metros de largo: generalmente es aproximadamente diez veces mayor del tamaño del tronco de un individuo. Los animales carnívoros tienen un sistema digestivo de dimensiones más pequeñas. Existen numerosas estaciones de servicio a lo largo de la ruta, donde los alimentos sufren las transformaciones necesarias. Cada parte del canal y cada estación tienen un nombre y una tarea específica, según se informará más adelante.
Primero está la boca o la entrada al canal, segundo, la faringe, tercero, un pasaje largo llamado esófago y cuarto, una gran estación de espera (el estómago). Quinto, el intestino delgado que tiene un largo de unos seis metros. Sexto, el ciego que es el punto de unión. Séptimo, el colon, que mide aproximadamente 180 cm de largo, que comprende el intestino delgado y el intestino grueso terminando en la octava estación, un músculo en forma de anillo llamado esfínter o ano. Hay dos pequeños canales que fluyen en el intestino delgado, inmediatamente después del estómago, uno viene del hígado y el otro del páncreas. El tubo digestivo, comenzando por la boca, pasa por los pulmones y el corazón ocupando casi por completo el abdomen y cruzando casi todo el cuerpo. 
La parte interna del tubo digestivo está cubierto por una membrana mucosa. Mirando los labios verás el punto donde termina el revestimiento exterior y comienza la membrana mencionada. Cada entrada del Templo viviente está protegida por guardianes especiales. La entrada más grande está protegida por dos filas de dientes que están bajo tu control, si cierras los dientes tus labios no pueden entrar en tu boca. No es fácil obligar a alguien a abrir esta entrada. Puedes comer o rehusar tomar la comida, como dice un antiguo proverbio: "Puedes traer un caballo en la primavera, pero no se puede obligarlo a beber". Depende de ti solo decidir qué alimentos tomar y cuáles desechar. Los dientes no son sólo guardianes, sino que su tarea principal es moler la comida sólida que entra en la boca: esta fase ayuda a los procesos digestivos y se llama masticar. 
Los dientes de un niño son temporales, sus dientes no son fuertes y numerosos como permanentes, se llaman dientes de leche que no tienen raíces y caen cuando cumple seis o siete años. Incluso los dientes son una parte viva del Templo viviente. El Gran Arquitecto no los creó sólo con fines ornamentales: los dientes son duros y fuertes para que puedan moler la comida para alentar la absorción. Los diversos dientes están diseñados para diferentes propósitos: los cuatro dientes del frente, los incisivos, son adecuados para cortar; en sus lados hay un diente puntiagudo, llamado canino, que sirve para desgarrar la comida. Al lado de los caninos encontramos un par de dientes llamados bicúspides y tres molares en la parte posterior de la boca. Son en total 16 dientes para cada encía, o 32 dientes en total. 
El trabajo específico de los dientes es aplastar todo lo que viene a contacto. La masticación es necesaria tanto para los alimentos como para los dientes: los dientes de hecho, deben morder y masticar a menudo, para no estropearse. Además, como cada parte del cuerpo, necesitan ejercicio para mantenerse saludables y fuertes. Es necesario elegir alimentos con cierta consistencia, para que los dientes no se debiliten. Recuerda, sin embargo, no someterlos a esfuerzos excesivos: no han sido creados para triturar nueces o cortar alambre y cuerda. 
La superficie de masticación de los dientes se llama corona y se cubre con esmalte. La segunda parte, o cuello, está cubierto por la encía. La tercera parte o raíz, está firmemente anclada en los huesos maxilares (para los dientes superiores) y en la mandíbula (para los inferiores). Un pequeño nervio y un fino capilar de la sangre entran en la raíz de cada diente. 
Si los dientes están rotos o dañados, la comida llega al canal en condiciones inadecuadas. Incluso en ausencia de un solo diente, masticar no se considera perfecto.
La limpieza de los dientes es fundamental para tu salud: Los residuos de alimentos producen ácidos que afectan el esmalte, dando lugar a las caries. El dolor de muelas se produce por exposición del nervio al aire o a la acción de gérmenes: es muy difícil aliviar este tipo de dolor con medicamentos; será necesario ponerse en contacto con un dentista que proporcionará un producto dental para la limpieza total de la boca. 
La limpieza de los dientes, hecha regularmente después de cada ingesta de alimentos, mantiene la boca fresca, dientes blancos y sanos y previene el sufrimiento y la descomposición. La edad de un caballo se deduce del estado de salud de sus dientes: si sus dientes se rompen prematuramente, esto podría ser un signo de envejecimiento prematuro. La parte superior de la boca se llama paladar duro: es un techo rígido teñido de rosa. La parte posterior es el paladar blando: una cortina suave que permite el paso de comida a la faringe, obstruyendo la cavidad nasal de tal manera que evita que el bolo alimenticio tome esa dirección. La boca tiene un suelo suave cubierto por una almohada rosa suave: la lengua. Este órgano es muy móvil, se estira y se retrae: numerosos músculos están a su servicio. 
La parte posterior de la lengua (la raíz) está firmemente anclada en la garganta. Puedes mover la lengua gracias a algunos nervios que la conectan con el cerebro. Los músculos de la lengua y de los labios son voluntarios, en otras palabras, están bajo tu control directo. La lengua, durante la comida, trata de colocar el alimento en los dientes más adecuados para masticarlo, evitando que se ponga entre las mejillas y las encías. También ayuda a separar las partes comestibles que se expulsarán, como la pulpa de una cereza de su carozo. Un recién nacido, a través de la lengua y las mejillas, crea una especie de bomba aspirante con lo que logra tomar leche para alimentarse. 
La lengua también ayuda a articular sonidos: sin ella no sería posible hablar. También se la ha llamado, irónicamente, el demonio incontrolado: algunas personas deberían pensar mucho antes de moverla porque sería mejor callarse. ¡Puedes herir más con la lengua que con la espada! Muchas vidas han sido arruinadas por la expresión de una palabra cruel, pero otros han sido salvados por una palabra de consuelo. Si usas el lenguaje para proferir palabras obscenas, para decir falsedades, calumnias o chismes, arruinarás la armonía del Templo viviente. El lenguaje que permite esto, también permitirá que entren alimentos dañinos en el Templo viviente. 
Recordarás que el sentido del gusto tiene su asiento en la lengua. La superficie dentro de la boca está cubierta por pequeños trabajadores, muy curiosos en apariencia, que son una gran ayuda para elegir y preparar los materiales que van a alimentar las células del cuerpo; estos trabajadores son las papilas gustativas, colocadas en el frente de la lengua. Te ayudan a elegir comida, a decidir cuándo algo es inútil o dañino. Si las papilas gustativas mienten, es porque las has usado para probar comidas elaboradas y dañinas. 
Las glándulas salivales son grupos de pequeños trabajadores capaces de secretar un fluido llamado saliva, esencial en las primeras etapas del proceso digestivo. Una glándula se compone de un grupo de células agrupadas para poder llevar a cabo un trabajo específico. Hay dos tipos de glándulas, las de secreción interna y aquéllas con secreción externa. Las glándulas del primer tipo extraen sustancias que sirven para un propósito de la sangre, aquéllas del segundo tipo, como las glándulas sudoríparas, eliminan de la sangre sustancias que ya no son necesarias y por eso son eliminadas del cuerpo. 
Las glándulas salivales extraen de la sangre lo necesario para generar saliva, con la que se amalgama la comida para que sea una papilla adecuada que ingrese al canal alimenticio. La segunda fase del proceso digestivo se llama precisamente la insalivación. Hay tres pares de glándulas salivales: las glándulas parótidas, ubicadas al costado de la boca, en frente de las orejas. Los movimientos creados para masticar y comprimir estas glándulas son los que emiten saliva, la que a través de dos pequeños tubos sale a la altura de los segundos molares superiores. El segundo par, las glándulas submaxilares, están ubicadas debajo de la mandíbula y el tercer par, las glándulas sublinguales, se encuentran debajo de la lengua. 
La saliva producida por las glándulas submaxilares y sublinguales produce efectos menos visibles que los de las glándulas parótidas, pero sirve de todos modos para hacer que la comida masticada sea líquida. Además de las glándulas salivales, hay allí muchos otros pequeños grupos de glándulas diseminadas por la boca, que tienen la función de mantener las paredes húmedas y resbaladizas: a veces estos pequeños trabajadores, con exceso de trabajo, no los pueden realizar a la perfección, dando lugar a una situación incómoda. Las glándulas salivales se pueden clasificar entre las más importantes de todo el canal alimenticio y cuando no funcionan bien, la comida no puede ser preparada de la manera más adecuada para lidiar con el proceso digestivo. 
Mientras la comida es masticada, es la saliva que mezclándose con ella la baña haciéndola casi líquida y más fácil de tragar. Las papilas gustativas, que se colocan en la superficie de la lengua para hacer disfrutar de la comida mientras masticas, te ayudan a sentir el gusto y a que la comida sea una papilla finamente triturada. Cuando se traga la comida sin masticarla, la saliva no tiene el tiempo suficiente para convertir los almidones del azúcar en ella contenidos. Esta transformación es necesaria porque sin ella, otros trabajadores en el canal alimenticio estarán sobrecargados con una parte del trabajo que no es competencia de ellos. 
Mientras que para la saliva, convertir almidones en azúcares es un trabajo fácil, para las otras células vivas dispuestas a lo largo del canal alimenticio, esta tarea les representa dificultades considerables. Incluso el hábito de masticar chicle no es saludable en absoluto ya que fuerzan a las glándulas salivales a producir saliva continuamente, mientras que deberían descansar esperando la próxima comida. La masticación continua empobrece la saliva, privándola de sustancias adecuadas para el proceso de la transformación. 
Todo el proceso digestivo es muy complicado: sólo es necesario ayudar a la cooperación armoniosa de alrededor de sesenta músculos: la lengua presiona contra el paladar y empuja el bolo alimenticio hacia la garganta. Al mismo tiempo, la raíz de la lengua se eleva, el paladar suave cierra la parte posterior de la raíz de la lengua y la epiglotis baja para cerrar la abertura que lleva a los pulmones con el fin de evitar que los alimentos tomen esta dirección. El paladar blando se cierra, evitando que los alimentos hagan el viaje inverso, en lugar de deslizarse sobre la epiglotis dentro de la faringe.
La faringe es una habitación grande en el Templo viviente, con siete puertas: dos en la nariz, una en cada oreja, una en la laringe, una en la boca y otra que entra al estómago. Si la epiglotis no se cierra rápidamente, es posible que una parte de los alimentos ingrese a la laringe y la tráquea (canal que conduce a los pulmones), causando tos severa. 
Liberada de la faringe, la comida ingresa al esófago: un tubo cilíndrico del tamaño de un dedo y alrededor de 23 centímetros de largo. La comida pasa por el esófago gracias a las oportunas contracciones musculares. En las paredes de esta parte del tubo digestivo hay dos capas delgadas de músculos. Una de estas capas tiene una forma circular y forma muchos anillos que van desde el comienzo del esófago hasta el punto donde ingresa al estómago. Cuando la comida pasa por este tramo del canal, los músculos circulares hacen que el tubo se cierre detrás de él para que el viaje sea de una sola dirección. La otra capa, por otro lado, crea contracciones que empujan los alimentos hacia adelante, en la dirección del estómago. Cuando todo el esófago ha sido atravesado, la comida entra a la más grande de las estaciones de servicio del tubo digestivo: el estómago. El viaje a lo largo del esófago dura aproximadamente siete segundos mientras que el tiempo de todo el proceso digestivo y la asimilación dura de doce a veinticuatro horas.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.

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sábado, 30 de junio de 2018

El lugar de la transformación - Capítulo 26 - vídeo en facebook -

CAPÍTULO 26 
EL LUGAR DE LA TRANSFORMACIÓN 

Es extremadamente simple crear ladrillos, producir cal y mezclar todo para construir las paredes de una casa. Pero la transformación de pan, mantequilla, papas, manzanas y de todos los otros alimentos, en materiales adecuados para la construcción y mantenimiento del Templo viviente, representa uno de los procesos más complejos, misteriosos y extraños que ocurren constantemente en nuestro organismo. Al comienzo de esta transformación encontramos la masticación, la insalivación y la respectiva deglución de la comida. Luego, tiene lugar la digestión en el estómago, órgano que podemos considerar como una estación de espera en el canal digestivo, o también como la parte particularmente grande de ingreso al largo y delgado canal alimenticio llamado intestino. 
En un recién nacido, el tamaño del estómago es proporcional a su peso y sólo puede contener una pequeña cantidad de alimento. Con el crecimiento también aumenta el tamaño de este órgano responsable de la digestión de los alimentos, de modo que en un adulto ocupa el espacio que va desde el diafragma hasta el hígado. 
El estómago se puede considerar como una estación de servicio o una sala de espera, siendo una especie de saco de tejido muscular. Tiene dos aberturas: una entrada superior (cardias), de la cual pasa la comida en unos siete segundos, y una salida inferior (píloro) desde la cual el alimento digerido pasa al duodeno. La palabra píloro deriva del griego y significa tanto guardián como puerta. Ambas aberturas consisten en bandas musculares circulares (esfínteres) capaces de abrirlas y cerrarlas según la necesidad del momento. 
Las paredes del estómago son dignas de atención, al igual que las restantes paredes del tracto intestinal. Son capaces de moverse, ya que son bastante elásticas, como lo es todo el intestino. El estómago, debido a este movimiento, se contrae y se expande, mezclando así los alimentos que necesitan ser digeridos. 
Esta movilidad está permitida por tres capas (túnicas) de tejido muscular; la capa externa (serosa) controla la parte larga del estómago, mientras que la capa intermedia (muscular) controla la parte corta; esta segunda capa está formada por fibras longitudinales, transversales y oblicuas. La túnica interior (mucosa), que cubre las paredes del estómago y está en contacto con los alimentos, contiene alrededor de cinco millones de trabajadores muy pequeños. 
Estos trabajadores, así como aquéllos que crean saliva, producen un líquido que promueve la digestión y opera en grupos llamados glándulas. Estas glándulas son tan pequeñas que residen en millones en las paredes del estómago. Estas glándulas formadas por los pequeños trabajadores del estómago, se llaman glándulas gástricas, porque secretan el jugo gástrico, formado por ácido clorhídrico, pepsina y quimosina; esta última sustancia es abundante, especialmente en el estómago de los bebés. Varios litros de jugo gástrico se producen durante un día.
Debajo de la túnica mucosa hay millones de capilares que suministran a las pequeñas glándulas todo lo que necesitan para el desempeño de su trabajo. Cabe señalar que el canal digestivo no tiene muchas oficinas de telecomunicaciones que lo conecten con el cerebro: su trabajo está controlado principalmente por los trabajadores del sistema nervioso autónomo (simpático y parasimpático). Ésta es la razón por la que el estómago puede sufrir daños graves antes de que el propietario lo advierta. 
Hace un siglo, poco se sabía sobre los procesos digestivos, mientras que hoyix, gracias a muchos investigadores pacientes, se ha avanzado mucho en el campo de la ciencia médica, aunque muchos misterios aún no se han dado a conocer. En 1822, un hombre llamado Alesi St. Martin, durante una partida de caza en el norte de Michigan, fue accidentalmente herido en el estómago. Esta herida no se cerró por completo, pero quedó una pequeña abertura, una especie de ventana cubierta por una cortina de membrana mucosa que se comunicaba con el exterior. Este hecho permitió al médico, el Dr. Beaumont, seguir por primera vez en la historia de la humanidad, el progreso del proceso digestivo: movió la membrana mucosa con cuidado y observó cómo se digería la comida. 
Debido a esta lesión accidental, y a la cuidadosa investigación del Dr. Beaumont, pudo saberse lo que sucede mientras la comida está estacionada en este órgano del Templo viviente. Cuando la parte del esófago que fluye hacia el estómago se abre para permitir el paso de un bocado de comida, la mucosa interna se vuelve de color rojo brillante. Inmediatamente, se emiten pequeñas gotas de jugo gástrico y al mismo tiempo las paredes del estómago comienzan a moverse. En este punto, todos los pequeños trabajadores se organizan para la digestión de los alimentos: las glándulas gástricas secretan su jugo, mientras que las paredes móviles posibilitan mezclar los alimentos y dividirlos en trozos cada vez más pequeños. El movimiento del estómago se llama perístasis y continúa mientras existen restos de comida no digerida. Este movimiento también empuja la comida hacia el final del estómago, desde donde pasa al intestino delgado después de la digestión. 
Con esto finaliza el proceso de trituración de alimentos (iniciados en la boca) que ahora se digieren por medio de jugos gástricos. Los dientes, sin embargo, son los más adecuados para triturar la comida y, si no se mastica bien, los pequeños trabajadores del estómago se verán sobrecargados con una carga de trabajo adicional. De hecho, los jugos gástricos no son tan capaces como la saliva, para digerir los almidones (papas, pan, pastas), los carbohidratos (manzanas, peras, verduras verdes) y las grasas. Así por ejemplo, si los almidones llegan al estómago bien masticados y ensalivados, la finalización de su digestión durará aproximadamente media hora; de lo contrario, su digestión no será tan completa ni rápida. 
Los movimientos peristálticos se utilizan para presionar las moléculas de los alimentos contra las paredes del estómago con el fin de impregnarlos de jugos gástricos y facilitar su digestión. Los jugos gástricos están especializados en la digestión de alimentos que se usan para construir o reconstruir células del cuerpo, como cereales, pan, pasta, frijoles, lentejas, guisantes y demás legumbres, productos lácteos y huevos. También se debe recordar que el estómago no completa la digestión de estos alimentos, sino que los prepara para la siguiente sección del conducto intestinal.

Cuando termina la digestión de los diversos alimentos en el estómago, sólo queda una masa fluida llamada quimo. Éste es el objetivo final del trabajo de las células vivas del estómago: convertir los diversos alimentos en quimo. Los pequeños trabajadores que trabajan en el píloro (válvula de salida) deben permitir el paso del quimo; si llegara una bocanada de comida no digerida, la rechazarían sin dudarlo. Esta negativa puede causar arcadas: las células del píloro y las de las paredes del estómago definitivamente rechazarían los alimentos no digeridos. 
También puede suceder que los pequeños trabajadores del píloro se enfrenten a un fenómeno inesperado. Esto puede suceder, por ejemplo, al beber un vaso de agua congelada. Los trabajadores, atrapados por sorpresa, abrirán inmediatamente el paso, para eliminar rápidamente el líquido del estómago; por lo tanto, es necesario abstenerse de consumir bebidas heladas, ya que la salida del quimo debe regularse a lo largo del tiempo, para no perjudicar a los pequeños trabajadores del duodeno que deben continuar los procesos digestivos y asimilativos. 
Tanto dichos pequeños trabajadores de las glándulas gástricas, como los de los músculos del estómago, trabajan de cuatro a cinco horas después de cada comida. Ellos, sin embargo, no trabajan de forma continua, pues cuando el quimo está completamente liberado del estómago, las mismas paredes se relajan, las membranas mucosas están plegadas sobre sí mismas y los trabajadores de las glándulas gástricas dejan de producir sus jugos. 
Si come más de tres comidas al día o si está acostumbrado a tomar un refrigerio entre comidas, estos pequeños trabajadores no tendrán suficiente tiempo para descansar y no podrán manejar las habilidades necesarias durante el proceso digestivo completo. Al igual que cualquier otro trabajador en el Templo viviente, aquéllos involucrados en la digestión se acostumbran a trabajar a un ritmo constante, por lo que si los alimentos se introducen cuando no se espera, es posible que los jugos gástricos no estén listos. En este caso, la comida no puede ser digerida hasta que se segreguen tales jugos. Para mantener limpia esta parte del tracto digestivo, es recomendable seguir una dieta simple y correcta, alimentándose de forma natural y en los horarios adecuados.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
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La absorción de principios nutritivos - Capítulo 27 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 27 
LA ABSORCIÓN DE PRINCIPIOS NUTRITIVOS 

Has visto cómo los alimentos ingeridos han pasado por cuatro estados del sistema digestivo: la boca, la laringe, el esófago y el estómago, estando sometidos a cuatro procesos de transformación: masticación, deglución, mezclado con jugos gástricos y la digestión. Todo esto los ha transformado en alimentos de diversos tipos en una pasta homogénea llamada quimo, que iba dirigido desde el estómago para entrar en la parte más larga del canal viviente: los intestinos. El quimo ahora enfrenta la parte más larga del sistema digestivo: el intestino delgado, que mide casi seis metros pero, envuelto en sí mismo, ocupa muy poco espacio en el tronco humano. Esta parte del intestino se compone de un músculo tubular y a los primeros treinta centímetros se les llama duodeno. 
El trabajo de transformación de alimentos en materiales de construcción para el Templo viviente, comienza en la boca, continúa en el duodeno y luego se completa en el intestino. Dos fluidos digestivos muy importantes se colocan en el intestino delgado a través de tubos muy finos. Uno es el jugo pancreático (viene del páncreas) que ayuda a la digestión de los almidones (pan, pasta, arroz, papas…), proteicos (carne, pescado, queso, huevos…) y grasas saturadas (mantequilla, aceite…) dividiéndolos en glicerina y ácidos grasos. El otro fluido es la bilis (del hígado) que proporciona la emulsión de las grasas y las convierte en pequeñas gotas, regula la fermentación intestinal, promueve la absorción de nutrientes, destruye las células o glóbulos rojos sanguíneos, ya demasiado viejos para ser usados, y favorece la peristalsis (el movimiento) de las paredes intestinales. 
En el intestino hay muchos pequeños trabajadores que secretan dicho jugo, que es capaz de digerir todo tipo de alimentos. Por lo tanto, se puede afirmar que estos trabajadores son menos selectivos que las glándulas salivales que actúan sólo en almidones, y que los trabajadores estomacales que no tienen interés en procesar almidones, azúcares ni grasas. Incluso si la comida ha sido ingerida sin ser masticada suficientemente o ha sido expulsada del estómago por ingerir agua potable helada, los pequeños trabajadores del duodeno se movilizarán para completar la digestión de azúcar y dulces en general, que han pasado de tu boca y estómago sin recibir ninguna atención, y así comienzan la transformación en esta primera sección del intestino. 
Los postres al final de la comida son perjudiciales para la digestión debido al hecho de que los azúcares deben permanecer en el estómago esperando que salgan los demás alimentos, creando así desordenes de varios tiposx.
La membrana del duodeno y de la parte restante del intestino delgado es resbaladiza y forma una serie de pequeños pliegues que, a diferencia de los del estómago, no desaparecen incluso cuando la membrana se estira para empujar hacia adelante el material elaborado que toma el nombre de quilo. Ésta es la razón por la cual el quilo se mueve muy lentamente haciendo que la asimilación sea posible por los principios nutritivos contenidos en ella.
Si miras la membrana intestinal, descubres que está cubierta por una gran cantidad de vellosidades (o vellos) intestinales, pequeñas protuberancias de aproximadamente un milímetro de alto, que dan a la mucosa la apariencia de un terciopelo. En cada una de estas vellosidades hay una pequeña arteria (arteria de las vellosidades) que se ramifica en una red de capilares sanguíneos que traen al Templo viviente las sustancias necesarias para su nutrición. 
Después de haber entregado las sustancias necesarias para su vida y su trabajo, los capilares recolectan dióxido de carbono y otras sustancias de desecho, preparándose para recibir los nutrientes contenidos en el quilo. Hay más de diez millones de vellos intestinales en el intestino: en cada uno de ellos hay una bomba pequeña que, cuando las vellosidades se contraen, absorben los nutrientes presentes en el quilo y los fuerzan a entrar en los capilares sanguíneos y a dirigirse al hígado para el procesamiento final. 
Por lo tanto, después de cada comida, cuando ésta sale del estómago, hay más de diez millones de pequeñas bombas que van a trabajar para recoger los elementos nutritivos de la comida ingerida: trabajan tan silenciosamente que no hay posibilidad de que lo notes. En esta quinta fase del proceso digestivo, los nutrientes presentes en los alimentos ahora digeridos, finalmente son absorbidos para ser utilizados más tarde. 
La palabra absorber proviene de la latina succión. Además de absorber el agua vertida, las pequeñas vellosidades absorben las sustancias necesarias para el mantenimiento del Templo viviente. Es cierto que hubo algún tipo de absorción también en la boca y el estómago, pero la fase más importante de este proceso se realiza en realidad en el intestino. El viaje de los alimentos ingeridos, que pasaron por la boca o se estacionaron en el estómago, era bastante incómodo, pero ahora en el intestino el viaje se vuelve mucho más cómodo y pacífico. 
Mientras estuvieron en el estómago, todos los diferentes tipos de alimentos ingeridos permanecieron juntos: pan, mantequilla y mermelada se unieron, así como eran al haber sido ingeridos. Después de entrar en el intestino llegó la hora de separarse; las grasas (aceite, mantequilla...) toman la ruta grasa mientras que los almidones (pan, pasta, arroz, papas...) y carbohidratos (frutas, verduras, dulces...) se dirigen en otra dirección. Si la comida se detuviera en el duodeno, no les proporcionaría ningún alimento a los pequeños trabajadores del Templo viviente, del mismo modo que no los alimentaría si, en lugar de estar en tu boca, la pusieras en un bolsillo. 
Por lo tanto, se entiende cuán importante es que el estómago prepare los alimentos para que una vez que entren en el intestino puedan continuar por una de las dos rutas descritas. Todos los alimentos que no están destinados a continuar en uno de estos caminos, se dirigen hacia el final del canal viviente y se vuelven parte de los excrementos. Cuando la comida digerida (quimo) sale del estómago y entra al intestino, produce una contracción de las paredes intestinales. Estas paredes están formadas por músculos largos y redondos capaces de producir un movimiento que recuerda a los gusanos y eso se llama peristaltismo o peristalsis intestinal. 
Este movimiento es similar al del esófago porque fuerza al quimo a avanzar, pero es más lento porque se detiene por los pliegues intestinales, que son alrededor de novecientos. Esta lenta progresión del quimo permite que todas las sustancias nutritivas puedan ser absorbidas por las vellosidades intestinales, en las cuáles la mantequilla y la mermelada se ven obligadas a despedirse definitivamente, moviéndose por diferentes caminos, para ser utilizadas en el mantenimiento del Templo viviente. 
Cada vello intestinal puede considerarse como una bomba de succión; una bomba viviente cubierta por muchas células con diferentes funciones. Siempre que el pequeño vello se contrae, las diversas células absorben lo que está dentro de su competencia: están aquéllas capaces de absorber una gotita de grasa emulsionada y aquéllas que toman una migaja del pan digerido. Los pequeños trabajadores que producen la contracción del vello y los que producen la absorción, trabajan en perfecta armonía. 
Lo que queda de los almidones e hidratos de carbono y parte de las grasas se toma de la sangre que lo envía al hígado, la parte restante de la grasa es absorbida por los capilares linfáticos. ¿Cómo es posible que estos pequeños trabajadores conozcan tan bien su trabajo, que algunos saben cómo rechazar todo lo que no es una partícula de grasa y otros aceptan sólo las partículas de cereales? Es un gran misterio que solo la Mente que los creó y los educó podría explicar. Si fuéramos tan cuidadosos para hacer el trabajo y para dejarnos guiar por el Poder Divino presente dentro de nosotros, tal como lo hacen estos pequeños trabajadores, en el mundo no habría pecado ni enfermedades. 
Las partículas de grasa recogidas por los diversos capilares linfáticos, presentes en cada vellosidad, se reúnen en una especie de depósito que toma el nombre de vaso quilífero. Todos estos vasos convergen en la cisterna de Pecquet, desde donde alcanzan la vena subclavia izquierda. Desde aquí pasan a la vena cava descendiendo al corazón que los bombea hacia los pulmones junto con la sangre para ser oxigenada. El regreso a los pulmones se distribuirá por todo el cuerpo a través de la circulación de la sangre. 
Las partículas de almidón recogidas por las vellosidades, en cambio atraviesan venas cada vez más grandes, para llegar al hígado que transforma la glucosa en glucógeno y usan las proteínas digeridas para crear las piezas de repuesto para el Templo viviente. El glucógeno se distribuirá a través de la sangre para proporcionar combustible a los pequeños trabajadores del Templo viviente cada vez que surja la necesidad. Cómo es que la comida ingerida llega a transformarse a lo largo de su trayecto en el intestino, es otro gran misterio que sólo el Creador conoce.
Esta última fase del proceso digestivo se llama asimilación. Esta palabra simplemente significa hacer de la comida ingerida, parte de uno mismo. Cómo puede suceder esto sigue siendo un secreto. Incluso la persona humana más sabia que haya vivido en esta Tierra no podría resolver este misterio: ¿Cuáles son las motivaciones que impulsan a las células a cumplir su trabajo específico? Todos estamos obligados a meditar serenamente ante este fascinante misterio de la vidaxi. 
Durante las bodas de Canaán, Jesús transformó el agua en vino y la historia de este milagro es conocido por todo el mundo; pero pocos saben y hablan sobre la maravillosa transformación que tiene lugar dentro del Templo viviente, donde el trigo, la mantequilla y la leche se convierten en sangre y tejidos. Ésta es la constante revelación de la Vida y el Poder de Dios en cada uno de vosotros. 
Éste es el hecho que hace que incluso la más simple de tus acciones sea importante: la elección de alimentos y bebidas que luego se transformarán en partes vivientes de tu propio organismo. Además, después de hacer una elección oportuna, también debes evitar ingerir una cantidad de comida mayor de la que realmente se necesita. Demasiada comida cargaría el canal de vida con trabajo excesivo, tanto que la actividad de las vellosidades se vería muy obstaculizada, lo que haría que los procesos digestivos y de asimilación fueran mucho más lentos. Esto no es sólo un desperdicio de comida, sino un desperdicio inútil de energía: los pequeños trabajadores del intestino están de hecho, obligados a trabajar más duro, sin obtener resultados útiles. 
Un arquitecto que comprara materiales valiosos para que luego no fueran usados por los trabajadores, sería considerado un tonto. Pero esa forma de actuar sería mucho menos dañina que el desperdicio inútil de materiales maravillosos (los alimentos) que Dios mismo ha creado para tu sustento.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D.Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.

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LA PUERTA INTERNA - CAPÍTULO 28 - vídeo en facebook -


CAPÍTULO 28 
LA PUERTA INTERNA 

Todos habrán visto una hermosa casa, o una iglesia con una gran puerta de entrada. Desde esta puerta se puede acceder a la sala o atrio principal, desde el cual, las puertas interiores nos permitirán entrar a la casa o a la iglesia. Puedes considerar la boca como la entrada del Templo viviente, mientras que el hígado representa la puerta interior a través de la cual la mayoría de los nutrientes deben pasar. 
No todo lo que entra por la boca llegará al hígado, porque hay otras cinco maravillosas entradas, que quizá no hayas olvidado. El grueso de los materiales de construcción presentes en las comidas y bebidas no solo pasa por la boca y por el canal hacia abajo, sino también por la puerta pequeña, el hígado, donde esperan los inspectores de alimentos y de la construcción. Un 60% de las grasas no pasan por este camino sino que son recogidos por los fluidos lácteos y llevadas al corazón por la linfa. El resto de alimentos deben pasar por el hígado. La puerta interior está ubicada en el lado derecho del tórax, debajo de las costillas y del diafragma. Es una puerta bastante extraña porque consta de dos grandes lóbulos a la derecha y tres lóbulos pequeños que se extienden a la izquierda, hasta cubrir el extremo derecho del estómago. Su color es rojo pardusco, la superficie es lisa y en un hombre adulto su peso alcanza aproximadamente 1500 gramos, mientras que en un bebé ocupa la mitad de la cavidad abdominal. 
Una función del hígado es eliminar sustancias nocivas (toxinas). La parte lisa y grasa de una ostra tiene la misma función que el hígado, porque este animal maneja muchas toxinas. Es por esta razón que cuando se come una ostra o similares, se está comiendo un organismo lleno de toxinas. El hígado no es una puerta como las de una casa, tal como lo es el píloro y la epiglotis; de hecho, no se abre ni se cierra, ni da acceso a una habitación. Se considera una puerta en función de que la comida debe atravesarla para entrar al organismo. 
Además de una puerta de entrada, el hígado también podría considerarse como la glándula más grande del cuerpo. Ciertamente recordarás que una glándula está formada por un grupo de células ensambladas para realizar un determinado trabajo. La tarea del hígado es descubrir y luego destruir los materiales dañinos y procesar definitivamente los alimentos digeridos para que puedan ser utilizados en el Templo viviente. Por estas razones, debe considerarse al hígado como una puerta viva e inteligente, capaz de dejar pasar algunas sustancias y bloquear el acceso a otras. 
Las células del hígado realizan su trabajo en pequeños grupos llamados lóbulos y son, sin duda, los más activos del organismo. Ellos saben exactamente lo que tienen que hacer y cómo hacerlo, siendo una tarea muy importante que los mantiene ocupados día y noche. En los capítulos anteriores se podía seguir el camino de los alimentos que -después de entrar en la boca- se digirieron y pasaron luego al intestino. Allí fueron absorbidos por las venas pequeñas y de éstos pasaron a la vena porta grande que se vierte en el hígado. 
Las pequeñas células que forman los glóbulos sanguíneos, están muy atentas al material entrante para descartar lo que no se necesita o es dañino. Las sustancias útiles son recolectadas por pequeñas venas ubicadas en el centro de los lóbulos y luego enviadas al cuerpo a través de venas más grandes, para luego ingresar a la gran vena cava que ingresará por el lado derecho del corazón. Desde el corazón, entonces, mezcladas con sangre, entrarán en los pulmones para el proceso de oxigenación. 
Los venenos y otras sustancias nocivas se recogen en pequeños espacios del hígado y luego se expulsan a través de tubos delgados, llamados ductos o conductos biliares. Estas sustancias constituyen la bilis, un líquido amarillento que, a través del conducto biliar común, llega al duodeno al mismo tiempo que el alimento termina su permanencia en el estómago. La bilis es procesada por los pequeños trabajadores para ayudar en los procesos digestivos. Lo que se produce entre una comida y otra se almacena en una pequeña bolsa colocada debajo del hígado, que toma el nombre de vejiga biliar o vesícula biliar. Una vez que la bilis se ha vertido en el duodeno, ayuda a la digestión de las grasas y luego fluye a lo largo del tracto digestivo hasta ser eliminada con las heces, a las que da el color marrón característico. 
Los pequeños trabajadores del hígado realizan muchas tareas: producen energía, crean una reserva de glucógeno (combustible para las células), vitaminas y otros nutrientes, proveen la distribución de los nutrientes y la eliminación de desechos. Están constantemente trabajando para crear reservas de alimento, no solo para el hígado, sino también para los músculos y otras partes del cuerpo. Estas reservas son suficientes para mantenernos vivos, incluso si no tomamos alimentos durante una o dos semanas. 
El glucógeno sirve principalmente como alimento de los músculos, los que siempre mantienen un pequeño stock. Actúa como pólvora: se enciende cuando le llega la orden desde el cerebro para hacer un movimiento, al que provoca con una serie de explosiones microscópicas de energía. 
El hígado también podría considerarse una copa o taza de adivinación, así como las que en la antigüedad se creía que eran capaces de detectar la presencia de un veneno. Muchos reyes han pensado en tener una, pero las copas hechas por el hombre no pueden tener ese poder y, por lo tanto, no pocos reyes han muerto envenenados. El hígado, por otro lado, tiene esta capacidad milagrosa: sus pequeños trabajadores no pueden ser engañados y tienen mucho cuidado de identificar todas las sustancias que podrían dañar el Templo viviente. 
A veces habrás pensado que estabas engañando a tu hígado al ingerir alimentos que sabías que eran dañinos. Pero cuando estas sustancias llegaron a la puerta interior, los pequeños trabajadores las reconocieron y trabajaron para eliminarlas o convertirlas en algo inofensivo. Desafortunadamente, sin embargo, los trabajadores pequeños no siempre pueden eliminar todas las sustancias dañinas que llegan porque siempre están muy ocupados. Esta carga de trabajo adicional se debe a que a menudo se ingiere ‘material de construcción’ de muy mala calidad, incluso sin darse cuenta.
Esta es la primera razón por la cual algunas sustancias dañinas pueden penetrar el Templo viviente. La segunda razón radica en que los inspectores de las puertas interiores a veces están tan cansados y desanimados que no pueden hacer su trabajo de la mejor manera. Si continuamos comiendo demasiado, consumiendo bebidas nocivas (bebidas alcohólicas, congeladas, etc.) o abusando de los medicamentos, los pequeños trabajadores del hígado no sólo se cansan más y más, sino que se desmoralizan hasta el punto de interrumpir sus tareas, abriéndose el camino a enfermedades y trastornos. 
Si ingieres muchos productos que contienen azúcar refinado o industrial (galletas, dulces, caramelos) sobrecargará a los trabajadores pequeños que se fatigarán y no podrán hacer su trabajo correctamente, lo cual favorecerá la aparición de migrañas. Esos dulces te roban la fuerza y la salud de tu templo: incluso este tipo de robo se considera un pecado. Por ello, es tu tarea, como asistente del trabajo del Templo, evitar ingerir alimentos dañinos, prefiriendo, en su lugar, los alimentos sanos y buenosxii. 
El alcohol es uno de los peores venenos que las células pequeñas del hígado deben administrar, pues él las recubre con sangre y las priva de oxígeno, lo que hace que sea muy difícil su trabajo. Por esta razón, el alcohol causa numerosas e incurables enfermedades del hígado. Puedes ayudar a los pequeños trabajadores del hígado comiendo fruta fresca y agua potable o jugos de frutas. 
Debe notarse que las células del hígado no son alimentadas por la sangre que entra por la vena porta, así como el cajero de un banco no cobra su salario con el dinero que pasa por sus manos, sino que toma su pago de la oficina de personal. Por lo tanto, los trabajadores del hígado no reciben alimento de la sangre que proviene del intestino, sino de una arteria grande, llamada arteria hepática. A estos trabajadores también les ayuda en su tarea, un misterioso grupo de células llamado bazo, que es una glándula que vierte sus secreciones directamente en la sangre, ubicada debajo de la caja torácica, a la izquierda del estómago. 
Al destruir varios venenos, el hígado genera toxinas al igual que cualquier otro trabajador en el Templo que produce desechos con su trabajo. Estos residuos son expulsados del cuerpo por los recolectores de basura especializados que se encuentran en la piel, los pulmones y los intestinos. Es muy importante que estos residuos se eliminen por completo, ya que de lo contrario -al igual que ocurre con las cenizas del fuego- es probable que pudieran ahogar la llama de la vida dentro de nuestro magnífico Templo viviente.

del libro

La Historia de Un Templo Viviente 
UN ESTUDIO DEL CUERPO HUMANO 
FREDERICK M. ROSSITER, B S., M.D. Y MARY HENRY ROSSITER, A.M.
 

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